Lealtad de la manada Tammy #3
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Tammy #3

Me había acogido cuando no tenía nada ni a nadie. La estreché en un abrazo y murmuré mi agradecimiento contra su hombro. Me acarició el pelo, justo como recordaba que solía hacer mamá.

—¿Vas a decírselo? —susurró tan bajo que solo nosotras dos pudimos oírlo.

Asentí. Sí.

Tenía que hacerlo, y cuanto antes mejor. No tardaría mucho en ser imposible ocultar las pruebas físicas.

Leah me miró a los ojos y noté que quería decir algo más. ¿Un consejo, quizá? ¿O una advertencia sobre el nuevo y peligroso mundo en el que estaba a punto de adentrarme?

Pero antes de que pudiera hacerlo, Penny se lanzó sobre mí. Me reí y la atrapé antes de que nos tirara a las dos al suelo.

—Voy a ir a visitaros —sonrió de oreja a oreja—. En cuanto...

Se interrumpió y miró alrededor. Jason estaba ocupado asegurando mi equipaje en el techo de la camioneta, ajeno a todo.

—Ya sabes qué —terminó en un susurro teatral, señalando mi estómago.

—Antes, espero.

Mi sonrisa para Penny fue amplia y sincera. Se había convertido en una buena amiga y la echaría de menos.

—No te los quedes todos para ti —dijo Penny.

Extendió la mano y apretó el bíceps de un Jason alarmado antes de estallar en carcajadas.

—Tú y Allara más os vale no olvidaros de mí, eso es todo lo que digo.

Negué con la cabeza, sin poder evitar reírme. Su risa era contagiosa.

—Nunca podríamos olvidarnos de ti, Penny.

Después de eso, no quedaba nada más por hacer. No había más despedidas, ni más maletas que preparar. Nos dijeron adiós desde la acera, y en el espejo retrovisor vi cómo mis amigas se iban haciendo cada vez más pequeñas hasta desaparecer por completo.

—¿Estás bien? —Jason me echó un vistazo. Una de sus manos soltó el volante y la dejó en el espacio entre nosotros, con la palma hacia arriba.

Deslicé la mano en la suya y se la apreté como respuesta.

—Sí. Estoy más que bien.

Por fin era feliz de verdad.

Jason

Después de pasar una semana en la ciudad, mi ofrecimiento de mudarme allí de forma permanente empezó a parecerme cada vez más descabellado.

Una semana fue más que suficiente. El ruido del tráfico, los brillantes letreros de neón, los humanos y todo su caos...

No sabía cómo Allara había aguantado tanto tiempo.

No pude evitar sentirme aliviado de que Tammy regresara a la manada conmigo, al fin y al cabo. Que pareciera realmente emocionada me hacía más feliz de lo que tenía derecho a estar.

Nos despedimos de sus amigas humanas y nos pusimos en camino, cayendo en un silencio cómplice que había echado de menos. Las cosas simples eran las que me hacían sentir tan bien. Mi mano en la suya, la carretera abierta ante nosotros y su presencia a mi lado.

Claro, podríamos tener problemas en el camino, pero la voz de Cecily resonaba en mis oídos. Todo eso es pura fachada.

Mientras dejábamos la ciudad atrás, Tammy se volvió hacia mí. Su expresión era radiante, pero había un toque de nerviosismo en sus ojos. Parecía estar aferrándose al borde de algo y, de repente, no saber cómo soltarse.

—¿Qué pasa? —murmuré mientras le llevaba la mano a los labios y le besaba la piel.

El sol del atardecer resplandecía ante nosotros, bañando el paisaje con rayos dorados. El bosque estaba precioso, como si hubiera prendido fuego.

—Nada —dijo ella—. Esto... ¿puedes parar un momento? Tengo algo que decirte.

El corazón me dio un vuelco. No habría cambiado de opinión, ¿verdad? No podría soportarlo. Rápidamente, me detuve en el arcén y me volví hacia ella.

—Dime.

Me sonrió con esos ojos preciosos y brillantes.

—Todo está bien. Al menos, eso creo —su sonrisa se volvió tímida—. Estoy embarazada, Jason. Vamos a tener un bebé.

Me invadió una oleada de sorpresa, seguida de puro júbilo que me hizo aferrarme al volante con fuerza. Menos mal que me había hecho parar. Si no, habría estrellado la camioneta.

—Eso es... eso es...

No podía hablar, pero le dediqué una sonrisa enorme, esperando que transmitiera mi alegría.

—Lo sé, Jason —su mano subió y se curvó suavemente contra mi mejilla. Me concentré en la suavidad de su tacto, dejando que calmara mi corazón desbocado—. Te quiero.

—Yo te quiero más —murmuré. Quería besarla como es debido.

Enredar los dedos en su precioso pelo cobrizo y hacerla suspirar, pero aquel lugar al lado de la carretera no era el mejor sitio para expresar lo que sentía.

Me conformé con girar la cabeza y besarle la palma—.

Es la mejor noticia que he oído en mi vida, Tammy.

—¿Estás contento? —preguntó, arqueando las cejas como si aún no estuviera del todo segura.

Me reí.

—Ojalá pudiera demostrarte lo feliz que estoy... pero creo que eso tendrá que esperar a que lleguemos a casa y a nuestra cama.

Tammy se rio con alegría y volvió a acomodarse en el asiento, con una mano sobre su vientre aún plano.

Le cubrí la mano con la mía y la dejé allí varios segundos, imaginando qué aspecto tendría nuestro hijo cuando llegara. ¿Niño o niña? Me daba igual. Solo sabía que lo querría tanto como quería a Tammy.

Por fin aparté la mirada de mi preciosa compañera y puse el coche en marcha de nuevo. Al fin y al cabo, teníamos un largo viaje por delante.

Tammy. Yo. El bebé. Pero lo lograríamos. Juntos.

Íbamos a casa.

FIN