Lealtad de la manada Tammy #2
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Tammy #2

Pensé en todos los cuidadosos planes que había hecho, la vida que había trazado para mí en su ausencia.

Imaginé el bosque, que se extendía en mi imaginación. Misterioso, interminable, lleno de promesas y aventuras.

Hogar.

—¿Y qué pasa con la manada? —pregunté.

Parte de mí todavía quería ponerlo a prueba. Habíamos estado separados tanto tiempo. Sintiera lo que sintiese por mí, sabía que sus lealtades siempre estarían con ellos.

Su expresión se ensombreció.

—Será... difícil —concedió—. Quiero que vuelvas conmigo, Tammy. Pero sé que eso no es lo que quieres.

Tragué saliva mientras lo veía levantarse del sofá y acortar la distancia entre nosotros. Sus manos se deslizaron a cada lado de mí y se apoyaron en la mesa. Lo miré; su proximidad me mareaba.

—Yo... —me interrumpí—. No sé qué decir.

—Sé que no pediste esto.

Extendió una mano y señaló el espacio entre nosotros.

—Que yo entrara en tu vida, nuestro vínculo. Nada de eso. Pero no puedo seguir fingiendo. Se acabó. No puedo ocultar lo que siento.

Me incliné hacia él, hacia su calor, sin querer. Solo habían pasado unas seis semanas, pero parecía una eternidad. Era embriagador. De repente, ya no podía luchar contra aquello. Estaba cansada de fingir que no me importaba.

—Entonces no lo hagas —susurré—. Estoy aquí, Jason.

Levantó las manos para apartarme el pelo de la cara. Uno de sus pulgares recorrió la línea suave de mi mandíbula, rozando apenas las comisuras de mis labios.

—Tammy.

Su mirada era seria, sus ojos abrasadores.

—Te quiero.

Su boca encontró la mía, tanteando al principio. No era suficiente. Agarré el cuello de su camisa y tiré de él hacia mí, y el beso se volvió rápidamente ardiente y desesperado.

Me aparté jadeando y apoyé la frente contra la suya.

—Yo también te quiero —solté con una risita, aturdida y eufórica.

Estaba flotando.

—Volveré, Jason. No tienes que elegir.

Jason me quería.

Me quería tanto que estaba dispuesto a renunciar a todo lo que conocía para que pudiéramos estar juntos. A lanzarse a lo desconocido, a construir una nueva vida para sí mismo. Para nosotros.

De repente, todas las razones que había tenido para dejar la manada parecían diminutas e insignificantes. Todas las palabras de Naomi, tan maliciosas y crueles en mi memoria, se desvanecieron. Ya no podían hacerme daño. No importaban.

Porque para Jason yo no era un simple entretenimiento. No era una aventura que había tenido y abandonado cuando se cansó de mí.

Resultó que él no podía vivir sin mí. Y yo sentía exactamente lo mismo.

—¿Volverás? —preguntó.

Su voz rebosaba asombro. Me rodeó con los brazos, levantándome del escritorio para estrecharme con fuerza. Me alzó un poco del suelo y solté un gritito.

—¿Volverás a casa?

—¡Sí!

Lo besé de nuevo, saboreando el lujo de poder hacerlo. Podía besarlo otra vez, tocarlo. Podía hacer lo que quisiera.

Nosotros podíamos hacer lo que quisiéramos.

—¿Y qué pasa con todo esto? —preguntó.

Sus ojos recorrieron mi oficina, absorbiéndolo todo.

—Pensaba que esto era tu sueño.

—Yo también lo pensaba —me encogí de hombros—. Pero la verdad es que creo que he estado fingiendo. Fingiendo que todos mis planes saldrían exactamente como esperaba. Fingiendo que estaría mejor sin ti en mi vida.

Lo atraje hacia mí. Nos quedamos allí abrazados durante un largo momento.

—No estoy bien sin ti —admití con voz ronca.

Jason se detuvo un momento y luego soltó una risa.

—Supongo que no te vi venir. Me pillaste desprevenido.

—Tú también me desbarataste los planes —sonreí—. Supongo que no se puede discutir con el destino.

Se apartó lo justo para mirarme a los ojos. Su mirada se había vuelto seria de nuevo y recorría cada centímetro de mi rostro.

—No es por el destino ni por la profecía. Te estoy eligiendo a ti, Tammy. Te elijo por ser tú.

En toda mi vida nadie me había dicho esas palabras. Sentí cómo me abandonaba, cómo me rendía a la realidad de quererlo, y por una vez no me aterró.

Era el momento de confiar en él por completo.

Fue sorprendentemente rápido hacer las maletas con la vida que había construido en la ciudad durante las últimas seis semanas.

Jason y yo acabamos quedándonos esa semana con Leah. Tenía que atar cabos sueltos en el trabajo y organizar el aplazamiento de mis estudios durante un año.

Lo otro, las personas que dejaría atrás, eso fue mucho más difícil.

Me despedí de Leah y Penny, que me abrazaron con fuerza y me hicieron prometer que seguiríamos en contacto.

Por cómo se comportaban, cualquiera habría pensado que iba a desaparecer en el bosque para no volver jamás.

Les aseguré que no me perdería de vista, mientras intentaba hacerme entender con la pila de cajas que llevaba en brazos.

Penny colocó mi tarta de cereza favorita encima de la pila, lo que volvió todo el conjunto peligrosamente inestable.

Por suerte, Jason apareció antes de que se me cayera todo y me lo quitó de las manos.

Mostró especial interés por la tarta de camino a la camioneta, y por el rabillo del ojo vi cómo Penny le apartaba las manos antes de que pudiera hincarle el diente él mismo.

La escena me hizo reír. Yo misma tenía buen apetito, pero los cambiaformas lobo estaban en un nivel completamente diferente.

Leah me apartó en medio del caos. Sus ojos amables dejaban entrever una preocupación silenciosa. Sabía que estaba contenta por mí, pero no podía evitar sentirme desconsolada al dejarla así.