Capítulo 21
M ichelle y Wallace llevaban unos días sin hablar. Ella tenía problemas para concentrarse en el trabajo. Dormir era imposible. Nunca habían tenido una discusión tan fuerte y temía que esta vez se hubiera acabado de verdad.
Estaba a punto de cerrar la consulta cuando sonó el teléfono. Era Angus. Otra vez la decepción, esperaba que Wallace se hubiera puesto en contacto con ella. Cada segundo. Cada vez que respiraba. Pero no lo había hecho. Aunque ella tampoco.
Después de una breve charla en la que Michelle le puso al día sobre cómo iban las cosas en la consulta, Angus abordó el motivo de su llamada.
—Le he cogido el gusto a tener tanto tiempo libre. Es agradable vivir al día. Ya te he dicho que me gustaría contratarte permanentemente, durante más de seis meses. Me gustaría confirmarlo ahora, antes de que busques trabajo en otro sitio. ¿Lo has pensado ya?
—Yo... sí, no… Todavía lo estoy pensando.
—¿No te he convencido?
¿Qué podía contestar? Por supuesto que quería quedarse, pero no si su relación con Wallace se había roto. No sabía qué hacer, qué debería. Había esperado a que él diera el siguiente paso, quiso darle tiempo, pero quizás él pensaba lo mismo y estaba esperando a que ella acudiera a él.
La firme propuesta de Angus podría ser una buena oportunidad para averiguar si Wallace seguía interesado en ella... o no. Estaba aterrorizada, pero necesitaba tomar una decisión, tanto a nivel personal como para su futuro profesional.
—Te lo daré una respuesta la semana que viene —prometió finalmente a Angus.
—Maravilloso. Esperaré encantado.
Tras despedirse, cerró la consulta y fue en busca de Wallace.
Lo encontró en el embarcadero de las excursiones, a punto de cerrar. Parecía sorprendido de verla, pero también percibió alegría en sus ojos, lo que le dio esperanzas.
—Pensé que podríamos hablar —empezó.
Wallace salió del barco de un salto.
—Por supuesto.
—No te robaré mucho tiempo —continuó. Su postura rígida, casi desdeñosa, la inquietó.
—No pasa nada. ¿Qué sucede? —preguntó en tono serio.
Oh, vaya. Eso no sonaba muy halagüeño. Quizá se había equivocado y no le apetecía hablar con ella. Bien, se dijo, entonces será mejor que lo haga de una vez.
—Sé que las cosas ahora mismo no están bien entre nosotros. Pero necesito saber a qué atenerme. ¿Debería prolongar mi contrato aquí o cancelarlo? Angus quiere saber qué va a pasar con la consulta.
Cuando Wallace reaccionó con pánico en lugar de alegría, se dio cuenta de que no estaba preparado para darle una respuesta y que quizá nunca lo estuviera.
—Eso lo tienes que decidir tú —refunfuñó Wallace, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón.
—Entonces será mejor que diga que no —dijo, sin voz.
Él permaneció en silencio y luego asintió.
—Tal vez sea mejor así. Sí.
Ella nunca habría esperado esa reacción, aunque de alguna manera, en el fondo, lo había intuido.
Sentía que le gustaba, que estaba colado por ella, pero también que no era suficiente.
Ella le quería, pero no podía quedarse con alguien que disfrutaba de su compañía y del sexo, pero que no estaba dispuesto a comprometerse con nada más.
Era chocar contra un muro. Si él no me ama, tengo que dejarlo ir.
O no. Sería ella la que se iría, volvería a su antigua vida.
No le gustaba la idea de volver a Londres: el ajetreo, el estrés, el ritmo frenético, pero no tenía otra opción.
No podía quedarse en un lugar donde se toparía continuamente con Wallace.
La idea de dejarle y abandonar el trabajo era tan devastadora que rompió a llorar de camino a su hogar. Hogar, no, no era eso, nunca lo sería. Ya nunca lo sería. Ahora se daba cuenta de que, por primera vez en su vida, se había sentido aceptada en un lugar, como en casa, y había sido en Kiltarff.
* * *
W allace repasó los dibujos con Caitlin. Su hermana le estaba ayudando a elegir cuáles poner a la venta en la librería de Maisie. Él no estaba concentrado, tenía demasiadas cosas en la cabeza.
Habían pasado dos semanas desde la última vez que vio a Michelle.
Llevaba quince días siendo una sombra de sí mismo.
No creía que lo fuera a pasar tan mal. Por el bien de su hermana, intentó recomponerse.
Por fin se había separado de Finley y le había aconsejado que, de momento, viviera en otro lugar.
Los niños aún no lo sabían, Caitlin les había dicho que su padre estaba en un viaje de negocios que duraría más tiempo.
—¿Por qué estás deprimido? ¿Dónde está Michelle? —quiso saber Caitlin después de que hablaran de su situación.
—No funcionó —fue todo lo que dijo Wallace.
—Oh, no. Siento mucho haber sido el detonante —respondió Caitlin, apretándole la mano.
—Tú no tienes la culpa. Tendría que enterarse en algún momento. Estaba enfadada y probablemente lo siga estando, por supuesto, pero... no puedo. —Bajó los ojos e intentó deshacer el nudo que tenía en la garganta.
—¿Te rindes tan fácilmente?
—Se acabó —Se encogió de hombros.
—¡Estás loco si dejas ir a una mujer como ella! —Caitlin lo sacudió.
—Nunca podría hacerla feliz.
—Ella no es Katee —le recordó. Lo sabía, pero no podía superarlo.
—¿Crees que no lo sé? Pero no es tan fácil superar el pasado.
—Escúchame con atención. No haces más que repetirme qué es bueno para mí y no eres capaz de ver lo que tú necesitas. El pasado pasó. ¡Entérate de una vez! Ya está bien de permitir que la pérdida te defina.
—¿Y si tiene que ser así?
Caitlin parecía furiosa.
—Te daría una paliza, Wallace. ¡Despierta! Desde que conociste a Michelle has cambiado, has resurgido, ella te hace feliz.
—Sí, lo sé. Pero tiene que ser mutuo.
—¿Crees que no era feliz contigo?
Se lo pensó.
—No lo sé.
—Eres un mentiroso, aunque entiendo que tengas miedo.
—Estoy cagado de miedo —respiró entrecortadamente.
—Lo entiendo, pero no puedo aceptar que se arruinen dos vidas.
—¿Dos? —ensanchó los ojos.
—¡La tuya y la de ella! Le rompiste el corazón a Michelle, Wallace. La vi ayer, está muy mal. Además... ha rechazado la oferta de Angus. Se va a ir pronto. ¡Pensé que lo sabías! Pero veo que no y como no hagas algo, puede que no la vuelvas a ver.
—Dios mío —calló y bajó los ojos—. No puedo perderla.
—Por ahí vas bien…
—¿Qué hago? —Estaba tan desesperado, tan indefenso. Quería gritar, huir... y al mismo tiempo añoraba a Michelle.
—Deja el pasado atrás. Tienes que atreverte a mirar de una vez al futuro.
—¿Y si no funciona?
—Entonces al menos puedes decir que lo intentaste. No hay garantías en la vida. Mírame a mí, recién separada y destrozada.
—Yo creo que te va mucho mejor desde que ese imbécil se mudó.
—Hay días mejores que otros. Pero, ¿sabes qué? No me arrepiento de ninguna de mis decisiones. Lennox y Tipp son mi vida. Quizá no todo con Finley fue bueno, pero le debo a mis hijos y ellos lo son todo para mí. No cambiaría nada.
—No quiero perder a Michelle. Soy un desastre. Y tengo miedo —admitió.
—Entonces solo te queda una cosa por hacer.
—¿Y eso sería? —levantó una ceja, con el corazón latiéndole más deprisa.
—¡Hacer que vuelva! El amor no es para cobardes.