Latidos en escocés (Pasión en el Lago Ness 5) Capítulo 20
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Capítulo 20

M ichelle estaba en la peluquería, sentada con la cabeza colgando sobre el lavabo mientras le aclaraban el pelo.

Después del golpe emocional de hacía unos días, cuando le había contado a Wallace la oferta de Angus, seguía introvertida y pensativa.

Había ido a la peluquería para distraerse.

No iba a cambiar la situación, pero un poco de autocuidado siempre venía bien.

Cuando volvió a su asiento, Vika estaba sentada en la silla de al lado.

—Oh, Michelle, qué sorpresa —dijo Vika, levantándose para abrazarla.

—Me alegro de verte —respondió ella.

A Michelle le pilló un poco por sorpresa; no esperaba ver a la madre de Wallace, y estaba claro que ella tampoco esperaba verla.

Aunque tampoco era extraño encontrarse con alguien en Kiltarff, al fin y al cabo era un pueblo pequeño.

Vika le caía bien, ella no tenía la culpa de que su hijo no sintiera lo mismo que ella por él.

Después de charlar brevemente, con la participación de Fiona, la peluquera, un empleado le cortó las puntas a Michelle mientras que Fiona se ocupaba del color del pelo de Vika.

Michelle estaba cansada, el calor del salón y los sonidos de la peluquería la envolvieron, cerró los ojos y se relajó. Estaba a punto de dormirse.

—Así que se acabó lo del programa de las nueras, ¿no?

—oyó que le preguntaba Fiona a Vika. Michelle prestó atención.

Al principio no entendió a qué se referían, pero luego empezó a sospechar.

Solo podían estar hablando de Wallace. Conocía ese vergonzoso programa en el que los hijos solteros eran engañados por sus madres.

Estaba claro que Vika había inscrito a Wallace.

Él no le había contado nada, ¿o es que no lo sabía?

No, no puede ser, ¡no se hacen cosas así a espaldas de alguien!

Cuanto más pensaba en ello, más interrogantes aparecían en su mente.

Había cerrado los párpados y no quería abrirlos.

No tenía nada que aportar a la conversación.

Tampoco entendía por qué Fiona sacaba el tema estando Michelle sentada a su lado.

—Así es —respondió finalmente Vika—. Al principio temí que solo saliera con Michelle para no tener que participar.

Fingió no saber nada de mi candidatura al programa, pero me di cuenta de que una vez nos pilló a Caitlin y a mí hablando de ello.

Sin embargo, mi preocupación se desvaneció en cuanto los vi juntos.

Hacen una pareja preciosa. Por supuesto, yo no lo había inscrito en el programa.

En el fondo era una malísima idea, aunque tenía que hacer algo para que encontrara a alguien.

Había tanto amor y tanta calidez en la voz de Vika, que Michelle tuvo que tragar saliva. Se le había hecho un nudo en la garganta. No oyó el resto de la conversación porque habían empezado a secarle el pelo. Cuando Michelle se despidió y salió de la peluquería se quedó pensativa.

Así que, Se busca nuera , pensó.

Se le habían quedado también grabadas las palabras de Vika sobre que Wallace podría haber salido con ella por ese motivo. Tenía un mal presentimiento. Así que se dirigió directamente a buscarlo.

Él estaba pintando los marcos de las ventanas de su casa. Solo llevaba una camiseta que dejaba ver sus fuertes brazos. En cualquier otra ocasión, esa visión la habría hecho sonreír, pero en ese momento no se sentía capaz. No se encontraba bien.

Cuando él la vio, soltó la brocha y le dio un beso. Ella se lo devolvió a medias.

—¿Interrumpo? —quiso saber.

Él alzó una ceja.

—No seas tonta, nunca me molestas.

—Vale, de acuerdo —inspiró hondo y exhaló. A la carga… se lo diría, aun a riesgo de hacer el ridículo—. ¿Quedaste conmigo porque no querías participar en un programa de televisión?

Wallace empalideció.

—¿En serio crees que esa es la razón por la que estamos juntos? —gruñó.

Pillado. Un ataque siempre era la mejor defensa, si bien no esperaba una reacción tan brusca ya que él podía ser cualquier cosa menos impulsivo.

—Así que ¿aún estamos juntos? Porque no lo sé —respondió ella.

—¿Y cómo lo llamarías tú? Duermo contigo y a tu lado todas las noches.

—En su frente aparecieron arrugas de preocupación, pero ella no prestó atención a sus expresiones faciales.

No podía pensar. Estaba demasiado enfadada y demasiado decepcionada.

Wallace se acercó. —Entiendo que estés enfadada, pero seamos sinceros, al principio ni siquiera nos conocíamos.

Estábamos flirteando. Te hice un favor cuando te salvé de ese idiota en el pub , ¿no?

Y después ya no importó, esa justificación desapareció enseguida.

No puedes pensar en serio que esa es la única razón por la que estamos juntos.

Ella resopló.

—De todas formas, no tenías derecho a fingir que te interesa para engañar a tu madre... y a mí también.

Él se pasó las manos por las sienes como si le doliera la cabeza. Aunque podía ver que estaba incómodo y que se arrepentía, no podía deshacerse de la duda. Si bien sabía que hoy por hoy le gustaba, que la hubiera mentido le parecía horrible. No podía olvidar algo así tan fácilmente.

—Me siento como si me hubieras tomado el pelo. Lo siento. ¿Habrías salido conmigo si no hubieras escuchado a tu madre hablar del programa?

Wallace volvió a dudar, y eso le dijo todo lo que necesitaba saber.

Le dolió. No importaba lo que pensara de ella ahora, de su relación.

No se veía capaz de aceptar que le hubiera mentido al principio y que no se lo hubiera contado.

Ya la habían estafado y engañado demasiadas veces en su vida y no esperaba que Wallace fuera una de esas personas que se aprovechaban de ella. Por eso la decepción fue aún mayor.

—Creo que es mejor que me vaya.

—¿En serio? ¿Por eso? —Parecía aturdido. Pero no arrepentido, aunque sí sorprendido. Estaba claro que no creía que su comportamiento fuera razón para molestarse. Lo cual enfadó aún más a Michelle.

—No quiero estar aquí ahora.

—Voy contigo.

Ella levantó la mano para detenerle.

—Hoy no. Necesito pensar.

Cuando se dio la vuelta, sintió su mirada en la espalda, pero respetó su decisión y la dejó marchar. Las lágrimas ardían en sus ojos. Esperó a llegar a casa para dejarlas libres.

A la mañana siguiente, tras una noche casi en vela, le contó todo a Deirdre por teléfono y llegó a la conclusión de que había exagerado.

—Vamos, si es el hombre de tus sueños, no puedes ponerte así. Nadie es perfecto. Hombre de ensueño con pequeños defectos, ¿no se dice así? —la animó Deirdre.

Michelle se rio a medias mientras empezaba a arrepentirse por su arrebato.

—Algo así, puede ser.

—Bueno, entonces, vete y ten sexo de reconciliación con tu escocés buenorro. Sabía que acabarías pescando a un hombre con kilt .

—Si el negocio de las redes sociales deja de funcionar, deberías mirar lo de convertirte en vidente —bromeó Michelle—. Y gracias por dejarme llorar contigo. Aprecio mucho tus consejos.

—Puedes recompensarme dejándome ser tu dama de honor. Me gustaría llevar un vestido como el que llevó Pippa Middleton... y también tener un trasero tan apretado como el suyo.

—¡No tienes remedio! —dijo Michelle sonriendo.

—¡Tú tampoco, nos vemos pronto! —respondió Deirdre.

Se despidieron y Michelle salió en busca de Wallace.

Era temprano y probablemente aún estuviera en casa.

Sentía el latir de su corazón en la garganta.

El sol de la mañana brillaba sobre los picos de las montañas, el rocío brillaba en la hierba, los pájaros piaban.

.. un entorno idílico. Pero no era capaz de disfrutar del paisaje como de costumbre. Tenía miedo.

Con un poco de suerte, Wallace querría hablar con ella.

Haciendo un repaso, reconoció que había reaccionado de forma exagerada.

Por supuesto que no creía que estuviera con ella solo porque quería aparentar ante su madre, pero descubrir esta pequeña mentira había desenterrado algo mucho más profundo.

Estaba nerviosa, tensa, se sentía enferma, su corazón latía con fuerza.

Wallace apenas tardó en abrir la puerta, parecía agotado.

—Michelle —susurró sorprendido, como si no la esperara. Vio cómo su nuez se movía.

—¿Puedo pasar?

Él se hizo a un lado y ella entró. Se detuvieron en el pasillo. El ambiente era tenso, ninguno se atrevía a hablar. Ella pudo ver en su mirada lo difícil que le resultaba no tocarla. A ella le pasaba lo mismo. Michelle le cogió la mano y se acercó.

—Lo siento —susurró contra sus labios—. Exageré. Soy consciente de que lo nuestro no se basa en una mentira.

Él exhaló aliviado. A Michelle algo se le liberó en el corazón, algo tan pesado que ahora sentía que flotaba unos centímetros sobre el suelo.

—Lo siento porque fui un idiota y no te lo dije enseguida.

Se echaron el uno en brazos del otro y se abrazaron con fuerza.

Ella sentía los latidos atronadores de su corazón en el oído.

Lo besó con todo lo que tenía, con todo lo que era.

Solo con él tenía la sensación de estar más despierta y viva que nunca.

Con él. Cerca de él. Esperaba que él sintiera lo mismo, quería creerlo.

Su amor. El anhelo que los unía. Era más que simple deseo, era algo que llenaba cada rincón de su corazón.

Estaba irremediablemente perdida, así que se aferró aún más a la idea de que él sentía lo mismo por ella.

* * *

U nos tímidos rayos de sol se abrieron paso a través de la densa capa de nubes y produjeron reflejos de luz sobre el lago Ness. Acababan de terminar la tercera excursión del día. Wallace estaba junto a la embarcación limpiando los lados con el chorro de vapor.

—Si sigues así, la pintura se va a desconchar —le regañó su padre.

—Lo siento, tengo la cabeza en otro sitio.

Habían pasado unos días desde la discusión con Michelle y había dejado secuelas, no solo en él, de eso estaba seguro. Y al mismo tiempo, le consternaba saber que aún había algo que debía discutir con ella y que no sabía cómo abordar.

—Sí, ya me he dado cuenta. ¿Qué pasa?