Capítulo 5 #2
Angus frunció el ceño.
—Sí, eso se podría pensar, ¿verdad? Pero no vino.
Probablemente no lo ha olvidado, no suele fallarle la memoria.
Seguramente tengas razón, si no ha venido, tendrá sus razones.
Debería dejar de preocuparme por todo y todos, no es mi tarea.
¡Mi esposa me felicitaría si hubiera oído esto!
En realidad, soy más bien el tipo de persona que no se da por vencida y con este colega en particular tengo una extraña sensación.
—Hmm, vale. —Michelle esperó a que Angus explicara algo más.
—No lo sé, tal vez solo estoy nervioso por el viaje —murmuró distraido.
—¿Quieres que me ponga en contacto con tu colega y averigüe qué pasa?
—¿Lo harías eso?
—Claro, ¿de quién se trata?
—Se trata de Wallace, quizás ya lo conozcas.
—¿Wallace? —Se sorprendió ella.
Escuchar su nombre en este contexto la desconcertó. Cuando le preguntó el sábado si era bombero, no había respondido. Porque no fuiste especialmente amable con él e hiciste comentarios sarcásticos, pensó incómoda y reprimió un suspiro.
Angus inclinó la cabeza y observó la expresión de Michelle, en la que probablemente se podían leer sus emociones contradictorias.
—Así que ya lo conoces —constató Angus.
—Sí, nos encontramos en la fiesta del otro día. ¿De verdad Wallace es bombero?
—Oh. Me temo que no estaba precisamente en su mejor momento. ¿Tan descabellado te parece que pueda ser un compañero de la brigada de bomberos?
Ups. Una vez más no había controlado su expresión. Aparentemente había notado su sorpresa. Michelle decidió que Angus no necesitaba saberlo todo.
—Para nada. Bien, hablaré con él. ¿Qué le pasa? ¿Por qué no está de servicio?
—En otoño hubo un incendio en un pueblo vecino. El edificio ya había sido evacuado y asegurado, pero el idiota, en contra del sentido común, tuvo que entrar otra vez porque la propietaria echaba de menos a su gato. Fue una imprudencia.
La boca de Michelle se abrió sola. Aunque no estuvo allí, solo escuchar el relato de Angus la hizo estremecerse.
—¿En serio? —exclamó horrorizada.
—Sí, así es él. Tiene un gran corazón y esas cosas. —Angus hizo un gesto con la mano.
Ella no comentó nada al respecto.
—Salvó al gato —continuó Angus con expresión preocupada.
—¿Y después? —preguntó ella, que intuía que eso no era todo.
—Entonces el techo se derrumbó sobre él.
Tuvimos que emplear a todo el equipo para rescatarlo.
Por suerte solo se hizo algunos rasguños.
.., pero desde entonces no ha pedido el certificado médico que es obligatorio después de un suceso de ese tipo.
Creo que es una formalidad o bien es que hay algo le impide hacerlo.
Quizás se avergüence de haber puesto a sus compañeros en peligro.
—¿Crees que necesita atención psicológica?
—Wallace parece estar bien, pero ¿quién puede saber lo que pasa por la mente de otro?
Aunque en este momento me preocupa más el chequeo físico.
¡Ah!, debería dejar de preocuparme por todos y todo.
Quizás tengas razón. Si quisiera, habría venido.
Y puede pedir cita en cualquier momento.
Wallace sabe que conmigo puede hacerlo con poco tiempo de antelación.
Ella quería tranquilizar a Angus, aunque no tuviera muchas ganas de volver a encontrarse con Wallace.
—Hablaré con él ya que veo que te preocupa. No te inquietes, me ocuparé de ello.
—Eres muy amable, gracias.
—Puedes irte de vacaciones y relajarte.
Angus pareció visiblemente aliviado.
—Lo sé, muchas gracias, Michelle. ¿Puedo darte un abrazo?
—¡Por supuesto!
Michelle se rio cuando Angus la apretó algo torpemente contra su ancho pecho.
—En caso de gran emergencia tienes mi número de móvil, ¿verdad? —dijo él después de soltarla.
—Vaya, ¿quién va a romper sus propias reglas antes de irse? —bromeó Michelle con su jefe.
Él hizo un gesto con la mano y sonrió.
—Por supuesto, tienes razón. Pero me resulta un poco difícil desapegarme de todo esto. Y encima durante tanto tiempo.
—Sí, se nota. —No sabía qué más decir para tranquilizarlo, pero algo que tenía que resolver consigo mismo.
—En los últimos años no hemos hecho ningún viaje a solas.
Siempre le decía a mi esposa que esperáramos a la jubilación.
Y ahora que ya soy un abuelo viejo, todavía no tengo ganas de dejar el trabajo.
Tenía que compensar de alguna forma a mi mujer, se lo debo.
Seguro que será más fácil cuando ya esté de viaje.
Bueno, y por fin termina tu jornada, Michelle, ya has acumulado suficientes horas extra para ser la primera semana.
—Esto no ha sido nada comparado con mi antiguo trabajo. Y me gusta, así que no es ningún problema.
D espués de despedirse, Michelle se dirigió a la encantadora librería. La campanilla de la puerta anunció su llegada. Maisie estaba frente a una mesa de libros reorganizando algunos clásicos. Cuando vio a Michelle, dejó su trabajo y se acercó a ella.
—Hola, cielo, qué alegría verte.
Maisie no vaciló como Angus y abrazó a Michelle como si fueran viejas amigas.
—¿Puedo ofrecerte un café?
—Sería estupendo, pero por supuesto pago yo.
Maisie no respondió, solo sonrió, se dirigió detrás del mostrador y comenzó a manipular la máquina de café expreso.
—¿Qué te apetece: latte , cappuccino o americano?
—Mientras tenga cafeína, me vale cualquier cosa —bromeó Michelle, recordando la conversación en la fiesta donde Maisie le había contado cómo al principio había castigado a su novio por su comportamiento arrogante con café descafeinado.
Maisie soltó una risita.
—Eso es lo que Matt siempre me dice.
Fueron juntas a la parte trasera de la tienda, donde había dos pequeñas mesas redondas con sillas y el mostrador con la máquina de café expreso, la vitrina refrigerada de los pasteles y la caja registradora.
Mientras la librera calentaba la leche en una jarrita plateada, Ava entró en el establecimiento. Después de saludarlas, pidió un chocolate caliente con cobertura de malvaviscos.
—Uf, estoy agotada. El proyecto está en sus últimas etapas, pero sinceramente, tantas sorpresas como las que hemos tenido durante la remodelación del castillo Kiltarff no se las deseo a nadie.
—Se dejó caer suspirando en una silla y se quitó la chaqueta.
—¿Qué tal te fue tu primera semana, Michelle? —quiso saber Ava.
—Maravillosa, me ha encantado, creo que me irá muy bien aquí.
—Estoy convencida de ello —confirmó Ava.
Maisie puso los pedidos frente a ambas.
—¿Qué planes tienes para hoy, Michelle?
—No estoy segura, probablemente cortar leña. O registrarme en Tinder —soltó despreocupada.
—¿Tinder? —repitieron Ava y Maisie al unísono.
—No sé, ¿qué se puede hacer aquí los fines de semana? —preguntó Michelle. —No es que necesite urgentemente un hombre, pero las noches de invierno pueden ser bastante largas y frías.
Esperaba no sonar demasiado desesperada. Por suerte, Maisie y Ava parecieron entenderla. No necesitaba un hombre, pero echar un vistazo tampoco haría daño...
—Estoy de acuerdo contigo, los inviernos aquí pueden ser realmente duros —dijo Maisie. —Venga, ponte a ello, te ayudaremos con la creación de tu perfil.
Ava se rio y removió su chocolate caliente.
—Deberías haber visto a Maisie cuando estaba soltera, nunca le habrías escuchado un comentario asía. Me sorprende lo entusiasta que está con el tema.
—Porque tener citas es muy molesto —se defendió Maisie. —No tuve suerte, por eso estuve soltera una eternidad.
—No puedo estar más de acuerdo —admitió Michelle. —Pero quizás los hombres en Escocia sean más agradables que los de Londres.
Ava y Maisie intercambiaron una mirada divertida.
—¡Vamos a averiguarlo! —sugirió Ava en tono conspirador.
Media hora después, el perfil de Michelle estaba configurado con una foto que no la mostraba completamente, sino solo desde atrás con el pelo suelto. Enseguida empezaron a mirar juntas algunas páginas de chicos registrados.
—Este no vale —declaró Michelle y siguió deslizando.
—Este es demasiado mayor para ti —decidió Maisie haciendo desaparecer el perfil.
Así siguieron un rato, hasta que finalmente encontraron uno cuya información sonaba razonable e incluso la foto estaba bien.
—Venga, este está bien —la animó Ava y Michelle se armó de valor.
—Como dije, no busco el amor de mi vida, solo un poco de diversión...
Dos minutos después, Michelle tenía un match y un mensaje en su bandeja de entrada.
—Quiere conocerme. Esta noche —anunció y notó que se ponía un poco nerviosa. Había pasado algún tiempo desde su última cita.
—¡Vaya, este va directo al grano! — exclamó Maisie. —¡Qué emocionante! Pero os encontraréis en un lugar público, ¡no vaya a ser que sea un asesino en serie!
Michelle se rio.
—Yo sé manejar bastante bien un bisturí.
Ava soltó una risita.
—¡Qué graciosa! Bueno, te deseo suerte. ¡Con la cita, no con el cuchillo!
Michelle tuvo que reírse.
—Después de años de experiencia solo te puedo decir que no creo que salga nada de la primera cita, pero podría ser divertido. Siempre es mejor que quedarse viendo pelis en el sofá. Os cuento el domingo cómo fue. Os veré en el brunch , ¿verdad?
—¡Claro!
Michelle sacó un billete de cinco libras del bolsillo y se lo tendió a Maisie. Esta lo rechazó.
—¡Ni hablar! El primero va por cuenta de la casa.
—Está bien, entonces te lo devolveré pronto. — Michelle se levantó. —Si no aparezco el domingo, es que al final he sido víctima de un asesino en serie.
Los ojos de Maisie se abrieron como platos.
—¡Ni se te ocurra decir eso!
Con una risita, Michelle se despidió y se fue a casa para arreglarse para su cita.
* * *