Lascivo (Prohibidos 2) 52 The CT
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52 The CT

Portland, Oregon.

Seis meses después.

La vida puede sorprenderte, solo tienes que dejar que lo haga.

A.C

Los ojos verdes con el toque celestial subieron a través del monumento de acero y cristal que cambiaba el paisaje de Portland.

El calor llenaba cada espacio, espeso y pesado.

Era pleno verano y el aire caliente acariciaba su piel, con esa sensación algo pegajosa que caracteriza los días soleados del Pacífico Noroeste.

La luz del sol rebotaba en los ventanales del edificio y generaba destellos que, a simple vista, parecían moverse con el viento.

Bautista sonrió ante la imagen, ante el paisaje que se abría frente a él. La primera parte estaba terminada.

A su alrededor, la ciudad vibraba con un murmullo constante: el tráfico urbano, el paso apresurado de peatones.

La torre, moderna y elegante, reflejaba tanto el azul del cielo como los edificios circundantes.

Era todo lo que Bau había imaginado, era el reflejo exacto de lo que estuvo en su cabeza todo este tiempo.

Los árboles alrededor ofrecían un refugio de sombra, y su verde contrastaba con la altura imponente. Más allá, la silueta de las montañas rodeando la ciudad recordaba que Portland seguía conectada con la naturaleza, y que no perdía su esencia.

Sin embargo, la imaginación de Bautista no se detuvo allí, sino que fue hacia la torre a su lado que apenas empezaba su ejecución. Faltaba tanto por hacer, tanto por aprender y disfrutar.

—¿Orgulloso, señor Cross?

Una sonrisa se dibujó en Bautista. Se dio media vuelta para encontrarse con su amigo inseparable.

—¿No es increíble?—preguntó—. Es decir, esto es nuestro, Tanner. Lo soñamos nosotros.

—Como cada cosa que hiciste y lograste.

—Logramos—agregó—, nunca lo hubiera hecho sin ti.

Tanner asintió con dudas.

—Ambos sabemos que no es verdad, pero gracias por siempre tenerme en cuenta.

Bau dio un suspiro.

—Arjen está con un montón de inversores adentro.

—Pues, ¿qué esperamos?—Tanner le dio un empujoncito—¡Vamos con él!

Los hombres subieron al ascensor, el evento se organizaba en la terraza. Inversores, curiosos, periodistas y todo aquel que quisiera saber más de Arjen Cross después de lo sucedido los últimos meses.

Bau miró a Tanner quien no había vuelto a ser el mismo desde que Bárbara dejó la empresa. La alegría en sus ojos se había apagado, aunque intentaba negarlo.

Llegaron a la terraza y caminaron entre los invitados. Algunos se acercaron a saludar y Bau les sonrió y agradeció. Arjen tenía una copa de champagne en la mano, como era su costumbre y hablaba con dos hombres de edad avanzada.

—Son los Lima.—Tanner los reconoció de inmediato—. Dos brasileños que han construido un paraíso en Hawaii, como si eso fuera posible.

—Los reconozco—susurró y sonrió cuando se acercó a ellos. Arjen lo sujetó de la cintura, posesivo como siempre.

—Y aquí el hombre de mi vida y mi ingeniero estrella—Arjen lo presentó—. Ellos son Paulo y Andrei Lima.

—Los conozco de nombre.—Bau estrechó sus manos—¡Qué honor tenerlos aquí!

—El honor es nuestro—aseguró Paulo—, pero dime muchacho, ¿en qué te inspiraste para lograr esta armonía?

Bau dio un suspiro. Rodeó a Arjen y se mantuvo a su lado.

—Me inspiré en él—confesó—, en Arjen y en Bárbara Cross.

Arjen parpadeó ante la confesión, su corazón lleno de amor ahora se impregnó de gratitud infinita. Paulo rio.

—Pues cuéntanos, ¿cómo es eso?

Bau se humedeció los labios, todavía era tímido en ocasiones, sobre todo a la hora de hablar de sus obras.

—Ellos lucen perfectos, bellos, altos, imponentes, pero hay más—Bau hizo una pausa—, está la esencia, aquella que nos hace únicos, y poca gente la conoce.

Quería que cada torre reflejara ese contraste.

La humanidad de Arjen y Bárbara. La vulnerabilidad más allá del traje de diseñador, aquello que te hace humano, pero al mismo tiempo distinguido, lo que te hace diferente, pero sin ponerte en el pedestal.

Sofisticado y elegante, pero con la necesidad de volver a sus raíces, a su naturaleza.

Cada material usado tiene que ver con ellos.

Autenticidad, cuidado, elegancia, naturalidad.

Quería que cada espacio los proyectara, que todos pudiéramos entender quiénes son, más allá de una portada de revista.

Andrei aplaudió.

—Muchacho, no solo hablas como un ingeniero que ama a su trabajo, sino que ama a su musa inspiradora.

Bautista rio.

—¿Qué puedo decir? Soy afortunado de poder congeniar ambas cosas.

Tanner estaba a varios metros de ellos, escuchaba a Bautista hablar acerca de la magia de su diseño y entendió porque él también lo atesoraba. Tenía razón, se parecía a ella, se parecía a la mujer que lo marcó, que le cambió la vida a su hija y también a él.

Nada se había sabido de Bárbara Cross los últimos meses, Tanner había decidido seguir con su vida, al menos intentarlo, aunque cada día costara, aunque cada mejora de Gina le evocara a la mujer que dispuso un fondo millonario para su tratamiento antes de desvanecerse una tarde en Nueva York.

Bebió un trago de champagne y se preparó para el brindis que pronto llegaría. Bautista y Arjen brillaban juntos, era lo merecido. Bau estaba destinado a la gloria, incluso cuando su familia de origen intentó impedirlo.

Price Construcciones había despedido a más de cien empleados los últimos meses, Jacqueline seguía jugando a ser reina con una corona de plástico, pero Bau ya no les seguía el juego, solo visitaba a sus padres de vez en cuando por sus cuestiones de salud.

Hay vínculos que una vez que se rompen, es irreversible.

En el momento en que le entregaron el poder a su hija, los Price sellaron su sentencia.

La gente se acercó y rodeó las figuras de Arjen y Bautista.

El muchacho llamó a Tanner, pero este se negó, sin embargo, cuando el propio Cross lo llamó, ya no pudo negarse.

Fue hacia ellos, y se colocó del lado de Bau.

Sonrieron para las fotos, y para las personas que estaban acompañándolos en un nuevo hito de sus carreras.

Arjen asió un micrófono como ocurrió meses atrás en su cumpleaños. Tanner cerró los ojos, lo último que quería recordar y se imaginó que ellos también.

—La vida puede sorprenderte, solo tienes que dejar que lo haga—empezó—, no lo entendí hasta que regresé a Estados Unidos y me encontré a personas extraordinarias, dispuestas a dar lo mejor de sí en cada paso.

Observaba a cada persona allí reunida, sus ojos brillaban de emoción.

—No es el primer proyecto de Cross Construcciones, pero es quizás el más significativo, porque nos representa. Me representa a mí y a mi hermana, y la promesa de un padre antes de que olvidara cómo serlo.

Arjen se enfocó en el líquido burbujeante, los murmullos se hicieron evidente, y los tacones golpearon el suelo brillante. El hombre levantó la mirada y sonrió.

—¿Saben lo que más amo de este proyecto y del hombre que lo creó?—preguntó a la gente—. Que supo ver la esencia de mi hermana y la mía, incluso antes que nosotros mismos, y solo por eso lo amaré siempre.

Tanner sintió la presencia a su lado y se giró hacia ella. La mujer lucía un vestido blanco hasta la rodilla, con un hombro descubierto. Parecía un espejismo, debía serlo.

—Yo creo que la vida puede ser más que dolor si uno se arriesga después de estar en el piso, después de la humillación y la tristeza. Sí, considero que vale la pena arriesgarse, y solo así, el Universo puede sorprenderte.

»Esto fue lo que yo encontré cuando me lancé a lo desconocido, y de corazón, espero que ustedes también encuentren algo así de maravilloso.

Los aplausos resonaron en la sala. Bárbara aplaudió con lágrimas en los ojos. Bau estaba a punto de desmayarse cuando notó a la mujer que caminaba hacia ellos con paso firme.

—Dios mío—dijo con la sorpresa tiñendo cada gesto de su rostro.

Arjen la aplaudió, Bárbara estaba frente a él, y al cabo de un segundo lo abrazó. Lo abrazó con el alma, como si ya no tuviera que pedir permiso para entrar en la vida de alguien que siempre la esperó.

—Gracias por tu corazón—dijo mientras lloraba—, gracias por…

—Ya—Arjen le acarició la espalda como cuando era pequeña y tenía miedo a la oscuridad—, estoy aquí, siempre lo estuve.

—Perdóname, perdóname por todo, perdóname por no estar a la altura, por negar lo obvio frente a mis ojos.

—Si estás hoy aquí, es porque dejé el pasado atrás—Arjen la asió del rostro y le secó las lágrimas—, aprende a vivir en el presente, Bárbara, y quizás, algún día, puedas ser feliz.

—¿Cómo puedes perdonarme después de todo lo que hice?

—Porque con dolor la gente hace muchas cosas.—Arjen le tocó la mejilla—. Nunca me perdonaré no haber detenido a nuestra padre de suicidarse, nunca me perdonaré no haberte alertado para que tú y Peter se cuidaran.

—No fue tu culpa.

—Ya no lo sé—Arjen dio un suspiro—, pero no puedo cambiarlo, y solo por eso, decido dejarlo ir.

Bárbara se secó las lágrimas.

—Gracias por invitarme hoy, gracias por nunca dejar de ser mi hermano, incluso cuando yo olvidé que lo eras.

—Bienvenida a Cross, hermanita. Nunca perdí la esperanza de que, alguna vez, regresaras.