Epílogo
La terraza bullía de gente y música. Todo había quedado inmerso en una agradable paz, como si los planetas, después de mucho tiempo, se hubieran alineado.
—¿Puedo hablar contigo?
Tanner estaba frente a la mujer que le quitaba el sueño, a la productora de todas sus fantasías, la misma que le rompió el corazón. Le dio una sonrisa de labios cerrados.
—Fue una sorpresa encontrarte aquí.
Bárbara asintió.
—Arjen me invitó. Yo…simplemente no pude negarme.
—Esto es tuyo también. Te mereces estar aquí.
—¿Lo hago?—Bárbara dudó.
—Querías concretar este sueño más que él incluso.
—Es cierto—Bárbara se cruzó de brazos—, gracias por recordármelo.
—No hay problema.—Tanner tenía en una mano una copa y la otra en su bolsillo.
Se quedaron callados un momento, el viento movía sus ropas. A esa altura golpeaba con fiereza.
—¿Cómo está Gina?
—Ha empezado a hablar.—La cara de Tanner se iluminó—. Ha avanzado tanto, Bárbara. Jamás te agradeceré lo suficiente.
—No—Bárbara estrechó su mano, Tanner sacó la mano de su bolsillo y se la entregó—, soy yo quien debo dar las gracias, porque ustedes me hicieron sentir viva. Me mostraron que había más allá afuera, incluso cuando no estaba preparada para verlo.
El corazón de Tanner tembló.
—Te extrañé tanto—confesó—. Bárbara yo…
—Shhh—La mujer puso la mano en sus labios—, no digas nada, no ahora porque estoy aquí. No pienso alejarme de nuevo, Tanner. Si me aceptas en tu vida, yo…
—No—Tanner replicó—, no me digas esas cosas si no vas a cumplir. Yo no soy tu juguete, Bárbara, quizás sea más joven que tú, pero no soy un niño.
Bárbara negó.
—Sé que no eres un niño—se defendió—, eres un hombre que me hace muy feliz solo con verlo cada mañana, pero ya no quiero solo eso.
—¿Entonces? ¿Qué quieres de mí y de mi hija?
—Ser una familia—esgrimió sin dudar—, estar contigo no solo en el trabajo o en algunos momentos en tu cama. Quiero formar parte, por completo. Si me permites, si me das este honor, no voy a fallarte. Lo juro.
—Hay edificios que están mal cimentados, creo que lo nuestro empezó de ese modo.
Bárbara tragó saliva.
—Puedo reconstruir si me lo permites, estoy comprometida, como nunca.
Tanner miró hacia un costado y se detuvo en el horizonte de Portland, en la amalgama de naturaleza, acero y concreto. Había esperado este momento tanto tiempo.
—¿Sabes?—Sus ojos ámbar se encendieron con picardía—. Mi querido jefe me reservó una suite en el Sentinel, no lo sé, pero quizás ¿te gustaría seguir esta conversación allí más tarde?
Las mejillas de Bárbara se pusieron de un agradable tono rosa.
—Depende, ¿será una conversación larga?
—Larga, extensa, salvaje, y algo subida de tono—Tanner redobló la apuesta—, puede que termines un poco agotada.
—¿Solo un poco?
Tanner arqueó una ceja.
—No me provoque, señora Cross. No tiene idea de lo que está haciendo.
La mano derecha de Bárbara se deslizó por el brazo, por encima de la camisa blanca. Los músculos de acero seguían allí.
—Tú no me provoques, niño—replicó—, porque puede que el que termine al borde del colapso no sea yo.
Tanner bebió un trago más de champagne para aplacar la sed y el hambre que de repente lo invadió.
—Es un desafío, Bárbara. No lo olvides.
***
—¿Cómo sabías que ella vendría?—preguntó Bau, entretanto contemplaban la escena de Tanner y Bárbara.
—No lo sabía.—Arjen se encogió de hombros—. Esperaba que lo hiciera.
Bau hizo una mueca.
—Ella te hizo tanto daño.
—Lo sé, pero la perdoné de todos modos hace mucho tiempo—explicó—. Si yo he pasado página, ¿no debería darle la oportunidad de hacer lo mismo?
—Nunca te buscó para pedirte perdón,
Arjen dio un suspiro.
—Porque se parece demasiado a mi padre, y está luchando por cambiar eso.
Bau acarició el anillo en su dedo anular y sonrió.
—¿Recuerdas aquella noche? ¿Cuándo salimos del bar?
Arjen sonrió sin mirarlo.
—Cada detalle, es increíble todo lo que viene a mi mente.
El muchacho le sonrió.
—¿Cambiarías algo? Es decir…
—Sí—Arjen replicó—, te ataría a la cama para que no huyeras al otro día, y así poder follarte en el baño.
Bau se mordió el lateral de su labio inferior.
—Me has follado decenas de veces en el baño.
—Sí, pero no esa mañana, así que ahora debo compensar porque ese día no regresará.
—Eres un tonto.—Le dio un golpecito en el brazo. Arjen le arregló los mechones rebeldes de su cabello.
—¿Y tú? ¿Qué cambiarías?
El muchacho lo miró hacia arriba, como siempre. Se perdió en sus ojos verdes intensos y lascivos, en su traje de tres piezas, y su sonrisa encantadora ¿Dónde había estado este hombre toda su vida?
—Cambiaría a mi imbécil primer amor, solo para que tú fueras el único hombre que hubiera tocado mi piel.
Arjen le acarició el mentón.
—No necesitas hacer eso, porque sé que, en tu corazón, siempre me esperaste a mí.
—Te amo, Arjen Cross, y te seguiré amando hasta que el mundo se apague ante mis ojos.
—Yo también te amo, mi niño bonito, porque fuiste el único que no salió corriendo cuando las cosas se pusieron difíciles, y porque viste más allá de lo que el mundo ve, porque me miraste con los ojos del alma, y solo por eso, estaré eternamente agradecido.
Arjen le besó la mano donde llevaba el anillo. Bau lo contempló embelesado. El viento movió su cabello con sus mechones libres y salvajes. Rio con ganas y abrazó a su hombre, a su amante, a su todo.
Desconocía si había otras vidas, y tampoco le importaba, porque solo con esta existencia, su alma se encontraba plena.
«¿Te conformarías con una noche después de probar el cielo?».
La respuesta fue clara en su mente desde aquel momento. Nuna se conformaría. Nadie merece menos, después de probar el cielo.