49 Contienda
El jazz que tocaba la banda sonaba con fuerza y energía. Bau y Arjen bailaban en el medio de la pista mientras la gente acompañaba. Algunos cuchicheaban cerca, otros reían, pero la mayor parte estaban atentos a la pareja que estaba cambiando la industria de la construcción en Estados Unidos.
—Feliz cumpleaños, viejo decrépito.
—No deberías decirme eso.—Arjen le besó la frente—. Tú llegarás a mi edad algún día.
—Sí—Bau suspiró de resignación—, solo que no hay chance de que me vea tan bien como tu ni en mil años luz.
Arjen rio, con la energía de la alegría y los nuevos comienzos.
Con la frescura que Bautista Price impregnó en su vida.Los camareros paseaban entre la multitud que recibía el champagne y los bocadillos.
Tanner tenía a su bebé en brazos y conversaba con una de las amigas de Arjen, una empresaria del rubro gastronómico.
—Hacen linda pareja.—Arjen señaló al notar el interés de la mujer por la bebé de Tanner.
Bau se mordió el labio inferior.
—¿Puedo contarte un secreto?
—¿Por qué preguntas cuando sabes la respuesta?
—Tanner está enamorado de alguien.
—¿Sí?—Arjen sonrió—. Eso es bueno, ¿es alguien de la oficina?
Bau miró alrededor y se acercó a su oído.
—Es tu hermana.
—¡Qué!
—¡Baja la voz!—Bau rio bajito—. No quiero que sepa que te conté. Va a matarme.—Arjen estaba serio—¿Te molesta?
—No—replicó—, me preocupa Tanner. Bárbara no se acerca a la gente si no es con segundas intenciones.
—Yo también lo he pensado, pero hasta ahora, ella se ha portado bien, es decir, sigue resentida, pero Tanner no se dejaría influenciar por ella.
Arjen lo apretó con fuerza, y lo adhirió a su cuerpo.
—Sé que significa mucho para ti.—La planificadora de eventos, que estaba a metros de ellos, levantó la mano y Bau entendió—¿Sucede algo?
—Ya vengo.
Bautista se dirigió al sector donde habían armado un pequeño escenario. La banda de jazz dejó de tocar y el muchacho asió el micrófono.
—Hola a todos—dijo con una sonrisa que no le cabía en la cara—, gracias a todos por estar aquí, hoy es un día muy importante porque celebramos el cumpleaños del hombre que hace todo posible, y sí, pueden envidiarme, porque es también el amor de mi vida.
Todos rieron. Arjen estaba a metros de él, cruzado de brazos, escuchando las palabras del hombre que lo hacía estremecer solo con una mirada, y lo peor es que, a veces, ni siquiera se percataba de ello.
—La gente pregunta, a veces, si de verdad lo conocí en un bar y bueno, la respuesta es sí. Mi amigo Tanner—señaló al hombre—, fue quien logró que este dios absoluto me diera una oportunidad, incluso cuando era una cosa patética y desinflada.
Las risas se tornaron carcajadas, varios filmaban el discurso porque era imperdible.
—La cosa es—hizo una pausa—, todavía sigo sin creer que duermo a su lado, todavía sigo sin creer que me pertenece, pero bueno, hay gente que, después de pincharse con las espinas, encuentra las rosas ¡Ese fui yo!
Las personas aplaudieron, Arjen sentía un nudo en la garganta que se apretaba cada vez más. La emoción se agolpaba y no quería lagrimear. Nunca fue su estilo hasta que conoció a este muchacho.
—Mi querido Arjen te deseo felicidad en toda la extensión de la palabra, te deseo más años, muchos más para compartir conmigo porque eres lo mejor que me ha pasado, te deseo paz porque la mereces, porque…
—No merece paz, merece justicia. Cosa que nunca le llegó.
Los ojos de todos fueron hacia la entrada, a las dos mujeres que acababan de hacer su ingreso triunfal. La planificadora llamó a seguridad, pero Arjen la detuvo. Bautista apretó el micrófono en su pecho. Todavía no se explicaba cómo fue capaz de ingresar al predio.
—Bárbara—dijo el muchacho mientras la gente se abría paso y la dejaba penetrar en el círculo que rodeaba a Arjen. El hombre la miró, estoico.
—Feliz cumpleaños, hermanita.
La mujer le dio una sonrisa de desprecio.
—Igual para ti, querido Arjen.—Ladeó la cabeza—¿Qué pasa? ¿Arruiné tu momento?
—No—Arjen replicó en calma—, he esperado esto por mucho tiempo, igual que tú.
—No lo creo—Bárbara le sonrió—, de hecho, vas a odiarme un poco más.
—Nunca te odié, te lo dije una y mil veces, pero, al parecer, a ti lo que te digo te entra por un oído y te sale por el otro.
Bau bajó del escenario y caminó hacia donde los hermanos estaban.
—No estás invitada, vete de aquí.—Arremetió—¿Quién carajo te crees para arruinarle la vida?
—Él empezó.—Se dirigió hacia Norma quien le entregó la carpeta—. Yo lo voy a terminar.
Abrió la carpeta y dejó caer por lo menos una decena de correos electrónicos a los pies de Arjen. Bautista se agachó y tomó uno de los papeles.
—¿Qué es esto?—Miró a Arjen, pero el hombre solo tenía la mirada clavada en su hermana quien estaba segura de su derrota. Dio un suspiro, Bau leía el correo y negaba—. Arjen, tú…
Arjen se detuvo en Norma, y le dio una mirada de desprecio.
—Siempre fuiste una víbora ponzoñosa, y esta idiota te dio lugar en su vida—señaló a Bárbara quien tensó la mandíbula—¿Quieres la verdad? ¿Pues te daré la verdad?
El hombre sacó su celular y buscó en él.
Bau estaba estático, pero no se apartó de su lado.
Los ojos verdes de Bárbara fueron a la gente que los rodeaba en silencio, se detuvo en el hombre con la niña en brazos, ambos la escrutaban.
Los orbes ambarinos de Tanner estaban cargados de una decepción infinita.
No importaba, esto era más importante que la culpa que le retorcía las tripas.
—«Es tu deber protegerla».—Arjen repitió la frase—. Mamá siempre me lo decía, incluso cuando teníamos la misma edad, y yo le creí. Intenté volverme eso, tu protector y tu amigo, no solo tu hermano.
»La verdad no siempre es bonita ni maniquea, Bárbara. La verdad tiene infinitos matices, los cuales decidiste ignorar porque era más fácil culpar a tu hermano que ver las señales que estaban delante de ti.
Arjen presionó reproducir en una grabación que tenía en su poder desde hacía dos años atrás.
—Papá, ¿qué haces?
—Tomando recaudos.
—¿De qué estás hablando?
—De tu hermana y el bastardo de Peter. No finjas que no sabes.
—Pues no sé de lo que hablas.
—¡Hijo de puta mentiroso! ¡Los dos lo son! ¡Ocultándome la mierda que se instalaba en mi propia casa!
—Está bien, yo lo sabía ¿Qué hay con eso? Bárbara se enamoró de tu socio. No es la primera historia de amor con diferencia de edad de la historia.
—¿Es que no lo entiendes, imbécil? ¿Pagué tus estudios en Oxford para que ni siquiera razones? ¿Entiendes cómo cambia nuestra posición en la empresa?
—Sigues teniendo la mitad de la compañía. Un nieto no cambiará eso.
—¡Es el hijo de Peter Wallace! No es cualquier bastardo, es mi socio, y ahora tendrá más poder, incluso de manera implícita.
—Papá, Peter no va a quitarte nada, ni Bárbara tampoco. Estás imaginando cosas.
—No, pedazo de imbécil. Estás ciego y por eso vas a perder todo. Tengo que resolver esto antes de que escale.
—¿Resolver? ¿Resolver qué exactamente?
—No te incumbe, ahora fuera de mi vista. Ve a follar con algún marica igual que tú.
La sala había enmudecido. El rostro de Bárbara perdió todo el color, su cuerpo completo se sacudía con temblores desordenados.
—¿Qué significa eso? ¿Qué tramas?
Arjen tensó la mandíbula.
—Eso es nuestro querido padre planeando la manera de deshacerse de tu embarazo y de Peter—explicó—. No sabía hasta dónde llegaría en ese momento. Desconocía que el hombre que nos crio, que me llevó sobre sus hombros, se despojaría de toda humanidad solo por poder.
—No es posible.—Norma Haas dio un paso al frente—. Esas comunicaciones salieron de tu bandeja de correo. Aquí dices que te harás cargo de Peter, ¡lo corroboré!
Arjen rio con amargura.
—Mi padre inventó todo eso una vez que lo confronté por el accidente—confesó—, me fui sobre él y le dije que iría a la justicia ¿Sabes lo que me dijo? Que nadie me creería, que se aseguraría de eso. Fue cuando le mostré la grabación, y le di un ultimátum.
La voz de Arjen se entrecortó, levantó la mirada y se enfocó en los presentes, en sus miradas de espanto.
—Mi padre me amenazó con suicidarse si contaba lo ocurrido, si caía en desgracia. Yo no le creí—Bau lo asió de la mano en ese instante, sus ojos estaban húmedos—, se suicidó apenas salí de la oficina. Escuché el disparo mientras las puertas del ascensor se cerraban.
—No—Bárbara se cubrió la boca—, por Dios, no, mi padre no puede…—Las lágrimas caían sin control—. No puede ¡No!—gritó con dolor y desesperación. Norma quiso contenerla, pero ella la apartó—¿Por qué callaste todo esto? ¿Por qué dejaste que te odiara?
—Porque te amo—la voz de Arjen falló—, porque le prometí a mamá que siempre te protegería.
Habías perdido a tu amor, tu embarazo, no quería que le sumaras el dolor de saber que nuestro padre era un monstruo.
Callé tanto que cuando busqué decirte la verdad ya no me creías.
Yo no maté a papá, fueron sus propios actos lo que lo llevaron a la muerte, y no voy a hacerme cargo de eso, no me corresponde.
—Dios mío.—Norma se cubrió la boca.
—Ordené tu internación porque no podía acercarme a ti—explicó—, porque me aborrecías y habías decidido dejarte morir ¿Cómo iba a permitir que lo único que me quedaba en el mundo muriera?
Incluso cuando me deseaba todo el mal del universo.
Fue así como decidí desaparecer, como pensé que la distancia apaciguaría tu dolor y el mío, pero, como siempre, me equivoqué.
Bárbara cayó de rodillas. Su impecable figura se desvanecía entre las lágrimas, los sollozos y la desesperación de la derrota y la culpa.
—Arjen—masculló en medio de sollozos incontenibles—. Arjen.
El hombre cerró los ojos y fue una tarea titánica no correr hacia ella y abrazarla hasta que el dolor se desvaneciera. Bautista no soltaba su mano.
—Lamento que hayan tenido que presenciar esto—dijo el hombre a la gente a su alrededor—. Aprecio que estén aquí hoy, pero creo que la fiesta terminó. Les pido disculpas.
Las personas se retiraron en medio de murmullos y consternación. Bárbara seguía en el piso mientras la gente pasaba a su lado. Norma la ayudó a ponerse de pie. Arjen observó a la exasistente de su padre y de Peter Wallace.
—Vete de aquí y no vuelvas a acercarte a mi familia nunca más, ¿oíste?
Norma tragó saliva. Bárbara tiró de su vestido, y se irguió. Se limpió las lágrimas que surcaban su cara. Bau estaba abrazado a su hombre, Arjen le dio un beso en la frente.
—Arjen…
—Vete de aquí, Bárbara—su hermano ordenó—. Toma la poca dignidad que te queda y deja de joderme la vida.
Bárbara controló las lágrimas que amenazan con caer de nuevo.
Miró a metros de ella a Tanner y a su hija, ya que permanecían en el mismo lugar.
El hombre negó con decepción y ella bajó la mirada.
Salió del lugar con Norma sosteniéndola.
Arjen la contempló en su salida, dio un suspiro lleno de dolor.
—Amor—Bau expresó y el hombre se enfocó en él—, ya eres libre.
Arjen asintió con su cabeza.
—Perdóname por no contarte toda la historia.
—No—Bau lo interrumpió—, lo entiendo. Lo entiendo y te admiro profundamente. Cargamos los problemas de los demás como propios y eso nos termina rompiendo, en el fondo siempre fuimos parecidos.
El hombre lo abrazó y respiró sobre su cabello.
—No sé si alguna vez podremos unir nuestros pedazos, Bau. No me creo capaz a esta altura.
—Pues que así sea—Bau le besó la mejilla, su pies en puntitas como siempre—, compartamos nuestros pedazos de dolor y llenemos los espacios que hay entre ellos con alegría, con nuestro amor.
Arjen percibió que su corazón se calentaba de nuevo.
—Te amo—dijo sobre el cabello rubio rojizo—, te amo con todos mis pedazos y mi dolor.