Lascivo (Prohibidos 2) 48 Héroe y villano
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48 Héroe y villano

Nueva York, Estados Unidos.

Una semana después.

—Hay periodistas en la puerta.

Bau entornó los ojos.

—Claro que sí, Tanner. Es Arjen Cross, de todos modos, no vamos a darles ingreso.—Tanner buscaba en su bolsillo, una y otra vez—¿Qué pasa?

—Mi invitación, no entiendo dónde quedó.

—¿No la dejaste con Gina?

—No—Tanner frunció el ceño—, estaba conmigo.

—Ya, de todos modos, estás conmigo. Nadie va a correrte de aquí—bromeó Bautista—. Vamos, hay que recibir a los invitados.

Tanner le sonrió.

—El lugar parece un sueño, Bau. La carpa en medio del bosque, los árboles dorados a su alrededor, es…

—Sí, así debía sentirse—señaló el muchacho, orgulloso de su trabajo—. La organizadora de eventos es una diosa multifuncional. Ha cumplido con cada locura que se me ocurrió.

—Es el cumpleaños de Arjen Cross—Tanner replicó—, si esto sale bien, ella tendrá tanto trabajo que deberá expandir su empresa.—Bau luchaba con el nudo de la corbata—¿Por qué carajo lo has apretado tanto?

—¡No lo hice!—refunfuñó—. Solo tiré un poco y…

—¿Un poco? ¡Casi te estrangulas!

—Oigan, ¿qué les pasa a los dos?

Arjen ingresó, y vio a los dos muchachos luchando.

—Nada—Tanner dijo, pero no soltaba el cuello de Bau—, solo se atoró.

—Ya veo—Arjen rio—, pero al paso que vas, me dejarás sin prometido en pocos minutos.

Tanner se giró y soltó a Bau.

—¡Mierda! ¡Lo siento!

—¡Idiota!—Bau lo empujó—.Espero que no haya quedado una marca.

Tanner arqueó una ceja.

—¿Habría diferencia? Estás lleno de chupetones.

Las mejillas de Bau se tornaron púrpura. Arjen se rascó la barbilla, avergonzado.

—Me gustaría saber cómo sabes que mi novio tiene moretones en todos lados.

—¡Ay por favor!—Tanner bufó—¿De verdad Arjen Cross se pondría celoso de mí? ¡Mírate! ¿Quién sería tan imbécil como para engañarte?

Arjen empezó a reír.

—Eres tremendo.

Bau logró ajustarse la corbata, y se acercó a Arjen.

—¿Quieres que hablemos de celos? No puedes, no con este traje—dijo mientras contemplaba al hombre frente a él en un traje negro con una camisa celeste y una corbata gris—¿Por qué eres un viejo tan sexy?

—¡Hey!—Tanner habló—. Nada de folladas aquí, ¿eh? No me van esos fetiches.

Los hombres rieron ante las ocurrencias de Tanner.

—Bien, hay que recibir a los invitados.—Arjen besó la linda boca de su novio—. Vamos.

—¿Estás feliz?

—Siempre lo estoy contigo—replicó el hombre y Bau lo abrazó.

—Te amo, te amo muchísimo.

—No más que yo.

Tanner dio un suspiro, se alegraba por ellos, y esperaba alguna vez encontrar a alguien así.

—¿Alguna vez dejarás de vivir en el pasado?

—Y si el pasado fuera lo único que te queda, ¿qué harías?

El último encuentro con Bárbara vino a su mente. Le había deseado un feliz cumpleaños, y ella no respondió el mensaje.

Tanner rogó que estuviera bien.

***

La limusina se detuvo frente a la imponente casa cuyos portones estaban abiertos. Los autos ingresaban, mientras el personal de seguridad custodiaba. Había algunos medios de comunicación alrededor.

—¿Estás bien, querida?

Bárbara se giró y observó a Norma Haas a su lado.

—Lo estoy—replicó—, es el lugar y momento correcto. Es hora de desenmascarar a ese bastardo.

—Estoy orgullosa de ti—Norma le acarició la mejilla—. Peter y tu padre también lo estarían.

La mujer asintió, su rostro estoico. La máscara gélida estaba en su lugar. Observó la invitación en sus manos, la misma que le había robado a Tanner Levinson. Una punzada de culpa le golpeó el pecho.

¿Acaso ella no había traicionado su confianza? ¿Era más fácil ver los errores de los demás que los propios?

«Cállate».

Le dijo a la vocecita rumiante que buscaba darle razones por las cuales estar allí, a punto de arruinarle la vida a su hermano, era un error catastrófico.

La limusina ingresó al predio, el corazón de la mujer quería huir de su pecho como un animal acorralado. Había cerca de cien personas, conocidos de ambos, hombres y mujeres de negocios y también empleados de la empresa.

—Ahora esperamos—señaló la mujer dentro del vehículo y su chofer asintió.

El cielo estaba despejado, los rayos de sol acariciaban las hojas de los árboles y dejaban una estela multicolor. Apretó la carpeta entre sus manos, las pruebas que necesitaba para hundir a su hermano estaban ahí.

—Hiciste un buen trabajo, Norma—expresó a la mujer a su lado—. Admiro y admiré siempre tu dedicación.

—No solo es dedicación, es cariño. Por usted, por su padre y por Peter. Arjen Cross se pavonea como el dueño feliz de un imperio lleno de mentiras y sangre. No me parece justo.

Bárbara acarició el borde de cuero de la carpeta.

—La primera vez que leí los correos me dio náuseas. El mismo hombre que me permitió llorar en su hombro, quien fingió consolarme cuando perdí a mi bebé. El mismo que me internó porque decía que necesitaba ayuda.

—No tenías esto—Norma apretó sus manos y la carpeta—, ahora la verdad te reivindicará y podrás seguir con tu vida, mientras él recibe el castigo de la sociedad.

Una hora pasó desde que llegaron. La cantidad de gente afuera había disminuido. Lo que significaba que todos estaban en la fiesta, celebrando a un mentiroso, vitoreando a un asesino de niños.

El asco se instaló de nuevo en la boca de su estómago, tocó su vientre y su mandíbula se apretó.

—Eres la princesa de este castillo.

—¿Y tú?

—Soy tu caballero, estoy a las órdenes de su Majestad.

Una lágrima resbaló por el rostro de Bárbara ante ese recuerdo de muchas décadas atrás, cuando ambos tenían diez años y el mundo se asemejaba a un lugar feliz, un lugar al que no había que temerle.

Lo peor de todo, es que Arjen seguía teniendo la misma mirada que ese niño, y eso dolía. No había forma de separar a ese niño del adulto que era. En su cabeza eso era destructivo, porque ¿cómo convive un niño que siempre quiso ser héroe con el más cruel de los villanos?

Bárbara dio un suspiro profundo. Se detuvo en su aliada, en la mujer que había sido como una madre para ella, y supo que la paz tenía un precio, la paz, a veces desataba una guerra.

—Es hora.