33 Juego de poder
Un mes después.
—Recuerda que decidiste abandonar a tu familia en el peor momento.
—No, papá ustedes me abandonaron a mí hace mucho tiempo, yo solo aprendía a vivir con la decepción.
Bautista se inclinó ligeramente sobre el borde de la ventana de su imponente oficina, esa que tuvo que aceptar a regañadientes porque Arjen le dijo que no aceptaría un no por respuesta.
La taza de café caliente entre sus manos aún humeante, como si quisiera retener en ella un poco del calor que faltaba a esa hora en la ciudad.
Apenas terminaba un informe, y sí eran las siete de la tarde.
Llevaba solo algunos días en Cross Construcciones y sentía que había formado parte de ese lugar toda su vida.
Había perdido a su familia, mejor dicho, el concepto que tenía, pero a cambio había logrado estabilidad y reconocimiento de extraños que lo trataron desde el primer momento como una pieza fundamental.
Su amigo Tanner estaba con él, su mano derecha, su sostén, el hombre inquebrantable que siempre lo escuchaba, y luego estaba él, el genio de la lámpara, el hombre que tornaba todos sus deseos posibles, el dueño de sus fantasías más oscuras y secretas.
«Arjen Cross».
Cada vez que repetía su nombre su lengua hacía un movimiento extraño, como si lo probara hasta en las sílabas. Dulce y posesivo, hambriento y protector.
Desde su posición, el Empire State se alzaba majestuoso frente a él, sus luces parpadeaban suavemente mientras los últimos rayos del sol se filtraban entre los rascacielos.
Las calles parecían un río de movimiento constante, lleno de taxis amarillos que serpenteaban entre sombras alargadas y transeúntes apresurados.
Desde los ventanales a decenas de metros del suelo, el panorama se sentía diferente, casi divino, un sinfín de colores y personas que se asemejaban a hormigas yendo de un lugar a otro.
El aroma del café se mezclaba con la tranquilidad del trabajo bien hecho. Había algo en esa vista que lo hacía sentir pequeño y, al mismo tiempo, parte de un mundo vibrante y eterno. Nueva York respiraba, susurraba pensamientos y vida, lo llenaba de creatividad de solo contemplarla.
Observó el reloj cuando escuchó pasos acercándose, y antes de verlo sabía quién era. Lo distinguía incluso en su andar.
—¿Listo?
Se dio media vuelta y lo contempló. Llevaba un traje verde musgo de tres piezas, una camisa blanca, junto a un abrigo beige que combinaba con su bufanda y zapatos de un marrón oscuro.
Sonrió y asintió.
—Sí, señor Cross.
Arjen entornó los ojos, le había repetido que dejara los formalismos, que la opinión de los empleados acerca de su cercanía era insignificante, pero Bautista insistió. Caminaron uno al lado del otro, subieron al ascensor que a esa hora ya estaba vacío, y solo ahí, podían ser ellos mismos.
Su jefe se fue sobre él y le devoró la boca, las manos iban y venían en plena exploración, como si el delgado cuerpo frente a él ya no le perteneciera de mil formas.
—¿Vienes a casa?—preguntó y Bau asintió, con la respiración agitada.
Salieron del edificio apenas mirándose, Bau caminó un par de cuadras y Arjen pasó con su auto y lo recogió.
—¿Hasta cuándo seguiremos así?
—Hasta que la gente entienda que este lugar me lo he ganado, no es un regalo tuyo.
Arjen arqueó una ceja.
—¿Y estás muy decidido?
Bau se mordió el labio inferior.
—Cada día me cuesta un poco más.
Su jefe rio en el interior del Mercedes, condujeron a su casa entre conversaciones de la empresa y besos.
—Mañana es el día D.
—Lo sé—Bau se puso de costado—. Tu hermana nos odia.
—Mi hermana odia todo lo que no ha sido elegido por ella—explicó—. No es personal.
—Pues es difícil no tomarlo a nivel personal cuando ni siquiera me saluda.
—No hablas en serio.—Arjen frunció el ceño.
—¿Qué puedo decirte? Fuimos en el mismo ascensor y fingió que era una planta.
Las manos de Arjen se apretaron en el volante.
—Está cruzando una línea.
—No te preocupes—Bau puso la mano en su antebrazo—, estoy listo para mostrarle todo lo que Bautista Price puede ser cuando está motivado.
—¿Y lo estás?
El muchacho se acercó y besó su cuello.
—Recibo tu motivación todos los días, así que sí, estoy listo para pelear con ella—musitó antes de dar un beso húmedo en la piel.
—Dios mío, lo repito. Eres muy malo para mi salud.
—No digas eso—Le chupó el lóbulo de la oreja—, sabes que soy muy buenito contigo.
—Me estás provocando porque sabes que mis manos no abandonarán el volante, ¿no es así?
—¿Está funcionando?
Arjen estuvo tentado a poner balizas, detenerse y enseñarle a ese muchacho insolente algunas cosas.
Bau apenas creía que su vida fuera tan buena, que sus esfuerzos fueran recompensados con creces.
La mañana de la reunión llegó con un sol brillante y un dolor en el trasero que Bautista apenas podía disimular.
Mordía su labio inferior para no gritar cada vez que los mullidos asientos tocaban su culito respingón.
Arjen había estado demasiado inspirado, y esa inspiración se traducía en jadeos, embestidas poderosas y orgasmos múltiples.
No se quejaba del trato, pero sí de las consecuencias al día siguiente.
Las imágenes de los planos se proyectaban en la sala de reuniones. Todos los gerentes de área estaban allí. Las torres Cross eran la novedad por la controversia generada en torno a la salida de la subcontratista Veritas.
Bau se paró frente a esos desconocidos y decidió explayarse en cada idea.
Revisaron la distribución en cada una de las torres.
— Para la estructura, propongo usar un concreto de alta resistencia con aditivos para mejorar la durabilidad en las zonas más expuestas. Estamos evaluando la cimentación, y hasta ahora no presenta inconvenientes, considerando las cargas estructurales por la altura de las torres—señaló Bautista.
Bárbara estaba cruzada de piernas, su mano en el mentón atenta a cada detalle.
—¿Qué has pensado con relación a la sismicidad de la zona?
Bautista observó a su amigo Tanner quien se puso de pie.
—Hemos estado revisando los cálculos estructurales—explicó—.
La idea es usar sistemas de amortiguación de masa, especialmente en una zona con alto riesgo sísmico.
Podemos considerar amortiguadores de fricción o incluso amortiguadores viscosos en la parte superior de la torre para reducir la oscilación.
Arjen se mantenía en silencio a la cabecera de la mesa. Bautista y Tanner lo estaban haciendo de maravilla.
—¿Quiero que revises esto?
—Es lo que presentarás.
—Sí, pero.
—No lo haré.
—¿Por qué?
—Porque quiero que confíes en ti, y porque eres Bautista Price, el hombre que muestra la misma pasión al momento de diseñar que en la cama.
Bárbara escuchó a Tanner con atención.
—¿Cuáles serán las consideraciones con respecto a los acabados exteriores?
Tanner se humedeció los labios, la adrenalina lo estaba consumiendo.
—¿Qué opinan con respecto a un revestimiento de piedra natural para las bases de las torres?
Esto agregaría una sensación de solidez, además de mejorar la resistencia al desgaste.
Un revestimiento de piedra caliza o granito en las bases le dará ese toque imponente y sofisticado.
Esto, combinado con el vidrio y el aluminio, hará que las torres tengan una presencia moderna, pero diferente.
Bárbara se mantuvo en silencio, sin asentir en ninguna parte de la exposición.
—Señores—Arjen tomó la palabra—, la idea central de esta gran inversión es lograr que las Torres Cross no solo sean un referente de lujo, sino una pieza central en el paisaje arquitectónico de Portland.
—Así es, señor Cross—Bautista habló—, además el departamento legal se ha encargado de las licencias restantes que Veritas no pudo tramitar.
—¡Qué eficientes!
Tanner tensó la mandíbula ante la ironía de Bárbara.
—Si hay algo que siempre nos ha destacado es la eficiencia. Es nuestro sello, aquí y a dónde desempeñemos nuestras funciones.
Bárbara le sonrió con burla.
—Esto luce prometedor—señaló a la pantalla y a los planos—, pero ¿y los costos? Ahora Cross se hará cargo de manera directa.
—Con respecto a eso.—Tanner deslizó una serie de hojas de cálculo—. Si observa aquí, puede ver que el nivel de gastos se mantendrá en los próximos seis meses. Hemos negociado con cinco nuevas empresas y…
Bárbara frunció el ceño.
—¿Nuevos proveedores? ¿Desde cuándo son necesarios?
—Desde que los anteriores inflaron los precios en un doce por ciento—replicó Tanner—. Es extraño, esa información forma parte de un informe que usted misma firmó dos meses atrás.
Bárbara entrecerró los ojos.
—¿Qué insinúas?
Tanner observó a Bautista quien le dio el visto bueno, luego se enfocó en Bárbara.
—Entiendo que esté preocupada por los costos, pero también considero que debería darnos una oportunidad teniendo en cuenta de que usted autorizó sobreprecios sin siquiera pestañear.
—¿Cómo te atreves?—La voz de Bárbara se elevó.
—Solo digo lo que todos aquí estamos viendo, señora Cross. No hago este comentario para faltarle el respeto, por lo tanto, también espero que se respete a este equipo que solo lleva dos semanas en esta empresa.
Había detonado una bomba y el nivel de impacto se percibía en la cara de todos los presentes. Más de veinte personas que estaban allí, y siempre habían esperado la guillotina de los Cross, ahora contemplaban a dos hombres que no se callarían por nada, y menos por simples prejuicios.
Una reunión, una simple reunión y Bárbara entendió que la balanza en este juego de poder con su hermano se había inclinado en su contra.
Las conversaciones continuaron por cerca de una hora más, pero el ambiente espeso hacía imposible que el diálogo fluyera.
La tensión de los mellizos Cross llegó a un nivel asfixiante.
Cuando Arjen dio por terminada la reunión todo el mundo salió disparado de la sala.
Bárbara le dio una mirada de odio puro a Tanner, y abandonó la reunión con sus tacones repiqueteando en el suelo de mármol.
—Muy bien, muchachos.—Le dio un guiño de ojo a Bautista—. El primer round ha sido vuestro.