30 La vida tiene momentos de luz
Cuando uno observa el sufrimiento de un niño es que se pregunta realmente si Dios existe, si hay, allá afuera, una fuerza superior y justa.
Bautista fue abatido por ese sentimiento por meses, cada vez que observaba a su amigo Tanner aferrarse al cuerpo de su pequeña hija, la cual no movía un solo músculo.
Se sentó en la oscuridad y se sintió una mierda débil, se sintió un ser despreciable porque no estaba en su poder torcer el destino de los demás.
Gina era una luz, y les brindaba momentos celestiales con su sonrisa, con sus caricias cuando sus músculos, después de mucho trabajo, le permitían una mínima movilidad.
Había avanzado en su tratamiento con dedicación.
Se trataba de una pequeña guerrera que nunca se rendía y Tanner la amaba, la amaba con todo lo que tenía, y con lo que carecía también.
Estaba en el suelo, en su cuna plegable, en esa que pasaba muchas horas del día, su lugar en el mundo. Bautista entró, saludó a su amigo y fue hacia ella. Su carita se iluminó. Bau la tomó en sus brazos con cuidado y la meció, como lo hacía desde que era una bebé de tan solo meses.
Bau se sentó con ella en la cocina, Tanner terminaba de preparar el salmón.
—¿Hablaste con tu Sugar?
El muchacho entornó los ojos.
—Deja de llamarlo así.
—¡Ay por favor!—Tanner movió sus manos—¿Tienes una idea de la envidia que me das? Ojalá yo consiguiera una mujer así.
Bautista arqueó una ceja.
—¿De la edad de Arjen? No sabía que te iban mayores.
—Me va cualquier mujer que sea linda y que esté dispuesta a mantenerme a mí y a mi hija. Ese es mi único requisito, y el más difícil de cumplir.
El muchacho besó la frente de Gina quien hacía soniditos.
—Es que tienes mal gusto para las mujeres.
—No, Bau—replicó—, ninguna mujer con sus facultades mentales normales se fijaría en un hombre de treinta años con una hija con parálisis cerebral.
—Nunca digas nunca—Bau señaló—. yo pensaba que Joseph Dalton sería el único hombre guapo que entraría a mi vida, y de pronto ¡zas! Consigo un hombre que me dice amor, y me ofrece un puesto en su multinacional.
Tanner arqueó una ceja.
—Dios mío, ¿de verdad te dijo amor?
—Sí—Gina asió su mano, Bau abrió los ojos con sorpresa—, mi vida, muy bien ¡Has avanzado mucho!
Tanner se limpió las manos y sonrió.
—Tiene una nueva fisioterapeuta. El resultado ha sido asombroso.
—Me alegro—Bau agregó—, es hermoso ver cómo responde a los estímulos ahora.
El hombre puso los platos en una bandeja.
—Así que llegamos a la palabra con A.
Bautista rio.
—¿Vas a decir que vamos muy rápido?
—¿Hace falta que lo diga?—Tanner asió la bandeja en la que llevaba los platos y el vino. Bau cargaba en un brazo a Gina y en la otra las dos copas vacías que habían estado usando.
Se dirigieron a la mesa del comedor.
—No creo que vayamos rápido.—Bau se defendió, se sentó en la silla del lado derecho de su amigo Tanner quien se ubicó en la cabecera—. Arjen es mucho más decidido que yo, y no tiene miedo de decir lo que piensa.—Tanner levantó las manos—.Sigues sin convencerte.
—No lo sé, Bau. Probablemente es solo mi imaginación, pero este hombre visita decenas de bares a donde va, ¿qué te hace más especial que al resto?—Fue una pregunta brutalmente honesta, Tanner se dio cuenta de inmediato—. Lo siento, eso sonó horrible.
—Está bien.—Bau lo detuvo—. Entiendo tu punto, y yo también lo pienso, luego me encuentro con su mirada y sus besos y se me olvidan todas las objeciones.
—O sea que las folladas te resetean la vida y no le prestas atención al detalle.
Bau se encogió de hombros, cortó el salmón y se llevó un trozo a la boca. Gina apenas mantenía sus ojitos abiertos.
—Me gusta su trato hacia mí en todos los ámbitos y en todos los sentidos—aseguró—, y puede que me esté equivocando de nuevo, pero ¿quién se resistiría a alguien como Arjen?
—Fue lo que pensé desde el primer momento—Tanner afirmó—, falta poco para irnos de Price.
—Mi hermana vino a verme hoy.
—¿Qué quería?
—Hacerme sentir culpable—esbozó y bebió un trago de vino.
—Jacqueline seguirá siendo Jacqueline hasta el final.
—Al menos es consistente.
Los hombres rieron bajito. Gina se había dormido.
—Voy a llevarla a su cuarto.
—Te acompaño.
Tanner siguió a Bautista por el estrecho pasillo que conectaba a los dormitorios. El de Gina estaba al lado del de su papá. Bautista la arrulló y luego la depositó en su cuna. Tanner la cubrió con su mantita de lana color violeta.
Bautista le acarició los ricitos que tenía adheridos a la frente. Se quedaron observando a la pequeña que dormía apacible.
—Cada vez se parece más a ella—susurró Tanner. Bau le dio un toque en el brazo.
—Es una guerrera como tú, eso cuenta.—Bau le acomodó la pequeña almohada. Tanner lo contemplaba—¿Qué?
—Te pediría matrimonio solo porque ella te ama.
Bautista dio una risilla.
—¿Tan desesperado estás?
—Un poco sí—Tanner confesó—, cada día me siento más solo.
—Miles de mujeres y hombres crían a sus hijos solos, ¿qué te hace pensar que serás incapaz de hacerlo?
—No lo sé, supongo que cada día que pasa la esperanza de que ella tenga una vida normal se desvanece.
—No pienses así—Bau lo abrazó por los hombros—, ya has visto cómo ha mejorado. La ciencia avanza a cada segundo.
Los hombres caminaron hacia la puerta, la luz de la lámpara quedó encendida. Era tenue, para no molestar a la pequeña. Caminaron por el pasillo y volvieron a la mesa, el salmón todavía humeaba en los platos.
Tanner observó a su amigo.
—Gracias.
Bautista sonrió y frunció el ceño, confundido.
—¿Y eso por qué?
—Por no reprocharme las veces que falté para cuidarla—mencionó—, por el dinero que me prestaste cada vez que un nuevo tratamiento aparecía, por permitirme continuar contigo en Cross.
Bau se humedeció los labios, y le apretó la mano.
—Mientras esté en mis manos cambiar una vida, siempre elegiré hacerlo.
Los ojos de Tanner se llenaron de lágrimas.
—Dios mío.
—¿Qué?
—El maldito Arjen Cross es un puto afortunado.