Lascivo (Prohibidos 2) 29 Norma Haas
55%

29 Norma Haas

Si hay algo que el poder te quita es la capacidad de generar amigos sinceros.

Bárbara Cross lo sabía y se vinculaba con pocas personas, entre ellas estaba Norma Haas, la exasistente de su antiguo amor, Peter Wallace y de su padre.

Hablaba con ella a diario, y la mujer, presa del revanchismo y el resentimiento porque Arjen la despidió, tejía los hilos para envolverla y mantenerla vulnerable.

—Lamento las cosas que me cuentas querida—dijo la mujer con un té al otro lado de la pantalla.

Bárbara estaba en la computadora de su oficina, con café en mano, a punto de comenzar su jornada laboral.

—No entiendo por qué quiere instalarse en Nueva York—explicó—. Nunca le interesó nada de la empresa, excepto ganar dinero.

—¿No entiendes que eso es todo para Arjen?

—La mujer cuestionó—. Lo que busca es socavar tu poder, y que te conviertas en una figura de adorno dentro de tu propia empresa.

Ese siempre fue su objetivo, por eso Peter no lo quería, y tu padre, bueno sabía que Arjen era un cuervo, un arma de doble filo.

—Bárbara se quedó en silencio unos instantes—¿Estás bien, cariño?

—Todavía escucho las sirenas cuando duermo.—Giró su rostro hacia su escritorio—. Todavía lo tengo en mis brazos y está bañado en sangre.

Norma dio un suspiro.

—Y es una memoria que siempre estará contigo, amor.

Uno no elige con lo que se queda en la vida, de lo contrario, esquivaríamos el dolor.

Lo que debes saber es que Peter murió amándote, y sí, anhelaba una familia contigo.

Jamás dudes de su cariño, como tampoco dudes de quién estuvo detrás de su muerte y la de tu padre.

—¿Tan segura estás?—Una duda se instaló en su corazón, una punzada de culpa por pensar así—. Arjen siempre me cuidó, estuvo a mi lado, luchó por mí.

—Toma a la gente y la utiliza, luego la descarta. Es su modus operandi.—Norma habló con claridad—¿No es eso lo que hacía en la universidad? ¿No es así cómo se relaciona con su lista infinita de amantes?

Bárbara tragó saliva.

—¿Por qué actuar de ese modo? Papá iba a dejarle parte de su patrimonio.

—La avaricia no tiene límites—Norma bebió de su té—.

Lo importante ahora es que mantengas todas las alarmas encendidas, y que prestes atención al tal Bautista Price y las ideas que traen entre manos.

Estudia sus puntos débiles, y encuentra la forma de llegar a sus aliados, después de todo, ese hombre de seguro desconoce el monstruo que alberga Arjen Cross debajo de su fachada impecable.

Bárbara puso su mano en el mentón.

—Tienes razón—agregó—, si pudiera desenmascararlo, no le quedaría otra opción que renunciar. Arjen no querrá ir a la cárcel, y mucho menos perder su reputación.

Norma le sonrió, se acercó a la cámara.

—Entonces, cariño, tienes un punto, tienes algo con lo que trabajar. Ve despacio, y cuando tengas todas las fichas, puedes asestar el golpe.

—Zorro y león.

—A tu padre le gustaba mucho Maquiavelo.—Norma sonrió—. Es bueno que recuerdes algunas de sus lecciones.

***

Una semana después.

—¿De verdad vas a irte?

Bautista se encontraba ordenando algunas cajas con sus pertenencias fuera del horario laboral cuando Jacqueline entró sin tocar, como era su costumbre. Bautista asintió.

—Son las últimas cajas—señaló la pila cerca del escritorio. Todo ya estaba etiquetado—. Increíble lo que uno puede acumular a lo largo de los años.

Su hermana estaba seria, se cruzó de brazos.

—¿Sabes? Cuando era pequeña siempre me salía con la mía—confesó—. Papá nunca me regañaba, incluso cuando rompía tus cosas.

Bautista estaba pegando una nueva etiqueta.

—Gracias por recordármelo—dijo sin inmutarse.

—¿No te das cuenta de que eso te hizo más fuerte? ¿Más inteligente?—Jacqueline bufó—¿Por qué siempre tienes que quedarte con el lado negativo de las cosas?

—Porque solo era un niño—replicó—, y porque, por una vez en la vida, me habría gustado sentir que la balanza se ponía a mi favor, por una vez me habría gustado sentirme elegido.

Jacqueline negó, parecía ofendida, lo cual era una tontería considerando que ella siempre fue la beneficiada.

—No puedo sola, Bau. Lo sabes y aun así te vas.

El muchacho se detuvo un momento, observó a su hermana, a esa adulta que nunca asumió ninguna responsabilidad en su vida.

—Encontrarás la forma de sobrevivir, siempre lo haces.

Jacqueline negó.

—¿Cuándo te volviste tan frío?

—La indiferencia de la gente a la que amas te vuelve así—replicó—, ahora, si no tienes nada más que decir, debo seguir empacando. Solo me quedan veinte días para asegurar una buena transición.

La mujer asintió, se dio media vuelta, pero antes de salir, se agarró de la puerta.

—Esto no es definitivo, sabes que puedes regresar cuando lo desees. Este siempre sería tu lugar.

—No lo es, Jackie, nunca lo fue—aseguró con tristeza en su voz—. Ustedes se aseguraron de eso.

La mujer sostuvo con fuerza la orilla de la puerta, y sin voltear, asintió. Jacqueline abandonó la oficina y el silencio se asentó. Era extraño notar las paredes vacías, los estantes de su biblioteca sin sus libros y manuales.

Acarició los sitios donde antes estuvieron sus fotografías, mejor dicho, la de sus mejores diseños. Se preguntó si tenía la fuerza para navegar en la tormenta.

«Bárbara no te la hará fácil, pero me tienes a mí».

Bautista sabía que Arjen lo apoyaría en cada decisión estratégica en cuanto a procedimientos, y operaciones, sin embargo, no quería que nadie en ese lugar pensara que estaba ahí por ocupar su cama.

Arjen no lo eligió por eso, se lo dijo una y otra vez, por lo tanto, la vara profesional estaba muy alta.

Bárbara no le dejaría pasar un error, por lo cual, si hasta ahora era impecable, en Cross Construcciones su desempeño debía ser perfecto.

Su celular sonó en su bolsillo. Sonrió y respondió.

—Amigo.

—Salmón y salsa blanca, ¿está bien para ti?

—Depende, ¿tienes vino blanco?—bromeó.

—Por supuesto, lo mejor para mi jefe.

Bau entornó los ojos y sonrió.

—Te veo en una hora, ¿te parece?

—Por supuesto, Gina está muy contenta. Te quiere ver.

Bau hizo un puchero de ternura.

—Oh, mi pequeña, yo también muero por verla. Estoy ahí en un rato.

—Genial, ¡nos vemos!

Bautista etiquetó la última caja. Asió dos de ellas y las llevó hacia su camioneta que estaba en el estacionamiento. Tenía una hora para arreglarse e ir a casa de su amigo.

Se sentó, y afirmó sus manos en el volante.

Hola, extraño ¿No piensas

responder hoy?

Escribió con una risilla. Arjen estaba en Portland, ya que habían surgido algunos inconvenientes con la transición de Veritas.

Hola, niño bonito. Disculpa,

hoy ha sido un día difícil.

Lo imagino, ¿los muchachos

están molestos?

Bautista esperó la respuesta. Afirmó su cabeza en el respaldo.

Molestos, sería una caricia para el estado de ánimo

que todo el mundo tiene aquí.

No entiendo, ellos sabían que

podían ser reemplazados después de

la primera etapa.

Bau observó que su amante y futuro jefe escribía.

Los segundos pasaron cuando de repente el celular sonó con una videollamada.

El muchacho respondió de inmediato. Del otro lado, Arjen apareció en pantalla, estaba frente a una computadora, lucía una bata de color negro, la cual estaba abierta y su cabello estaba húmedo.

Recién salía de la ducha. El corazón de Bautista hizo un cortocircuito, y su parte baja palpitó.

—Así está mejor, ¿no lo crees?—preguntó Arjen.

—No—Bautista negó enojado—, ¿por qué tienes que mostrarte todo sexy?

—¿Sexy?—Arjen se miró a sí mismo—. Solo traigo una bata común y corriente.

—¡Precisamente!—Bau explotó—. Estás todo mojado y semidesnudo, cálido en una habitación de hotel, mientras yo estoy aquí a punto de congelarme.

Arjen se mordió el labio inferior.

—Te ves sexy así también, niño bonito.—La voz de su jefe sonó seductora—. Por cierto, conocí a tu querido Joseph Dalton.

Bau abrió la boca.

—Me estás jodiendo.

—No, aunque créeme, me encantaría hacerlo en este momento.

—Tonto—Bau sintió sus mejillas enrojecerse. Carajo, ¿por qué era tan tímido?—¿Por qué estaba allí?

—Es el encargado de coordinar la transición del proyecto.

—Entonces es verdad, lo de Australia se fue a la mierda.

—Ya lo creo, estuvo pegado a mí todo el tiempo, con una sonrisa fingida. Debo darte la razón de que es difícil olvidarlo. Está bueno.

Bautista entrecerró los ojos.

—¿Estabas coqueteando con mi exnovio?

Arjen se carcajeó.

—No, aunque él lo hizo conmigo todo el tiempo.

—Maldita perra trepadora—maldijo Bautista—¿Cómo es que estuve tanto tiempo con él? ¡Cómo es posible que haya sido tan ciego!

—Todos somos un poco ciegos cuando nos enamoramos—argumentó Arjen—, pero descuida, se necesita algo más que una cara linda para llamar mi atención.

Bautista se mordió el labio inferior.

—¿Qué te atrajo de mí?—preguntó—¡Y no digas que mi culo!

Arjen afirmó su antebrazo en la mesa donde estaba su computadora, apoyó su mano en su mentón.

—Tu inocencia—confesó—, tu vulnerabilidad, y lo más bello de todo es que no tenías miedo a mostrarte de ese modo.

—Estaba borracho.

—¿Lo estabas? ¿ O solo era una excusa para sacar ese lado tuyo que te da miedo?—Bau se miró las manos, y Arjen le sonrió—. Carajo, ¿por qué tengo que estar tan lejos de ti?

—¿Cuándo regresas?—Bau preguntó por qué estaba tan ansioso como su amante.

—En dos días, ¿esperarás por mí? Te he comprado un regalo.

Bau se arregló un mechón de su cabello rubio rojizo rebelde.

—¿Un regalo? ¿Qué es?

—Es una sorpresa, de hecho, tengo dos sorpresas para ti ¿Estarás preparado?

Bautista asintió con entusiasmo.

—Siempre estoy listo para ti.

—¿Por qué tienes que decir esas cosas ahora?

—Porque me gusta excitarte—confesó—, porque quiero que pienses en mí todo el tiempo.

—Pues está haciendo un estupendo trabajo, ingeniero.

Bautista le lanzó un beso a la cámara.

—Debo irme ahora. Tanner me espera para cenar.

—Está bien, salúdalo de mi parte.

—Lo haré.—Bau acarició la pantalla del celular—. Cuídate, ¿sí?

—Tú también, amor. Buenas noches.

Y después de lanzar un misil directo al corazón de Bautista, Arjen finalizó la comunicación, dejando a su amante, a su amor, con una sorpresa y una alegría que no le entraba en el pecho.

Lo había llamado amor, y no necesitó meses para decirlo.