Lascivo (Prohibidos 2) 25 Quiero que vengas a mí
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25 Quiero que vengas a mí

Los camareros abandonaron la suite una vez que la cena finalizó. Arjen y Bau se sentaron de nuevo en el sofá, con una nueva copa de vino. Bau pensó que había bebido más alcohol en los últimos días que durante toda su vida.

—Quiero mostrarte algo—Arjen se puso de pie y se alejó rumbo a su recámara. Regresó un minuto después con una tablet en su mano—. Estas son las últimas imágenes de las torres Cross.

Bau asió la tablet y se percató de que faltaba el noventa por ciento del proyecto.

—Solo han cimentado.

—Sí, eso y los malditos permisos.

Bau hizo zoom en las fotografías observando el entorno, luego accedió a los planos y a algunas simulaciones que habían realizado con programas informáticos.

—¿Qué material tenían previsto usar en los pisos?

—Mármol—explicó Arjen.

Bautista negó.

—Estamos hablando de lujo, ¿verdad? ¿Por qué no demostrarlo en cada lugar?

Arjen lo observó.

—¿A qué te refieres?

Bautista regresó a las simulaciones. Tocó sobre una de las habitaciones.

—¿Qué tal suelos de mármol para el lobby, pero algo más innovador para los apartamentos?

Quizá una mezcla de madera de roble claro con algún tipo de piedra caliza para las áreas de baño, quizá incluso introducir algo de ónix translúcido en las paredes de la ducha para crear un efecto de iluminación suave.

Arjen asintió. La propuesta le gustaba.

—Me encanta la idea del ónix. La iluminación natural que entra en los baños va a resaltar esas texturas.

—Exacto—señaló Bau con entusiasmo, y siguió marcando puntos en las imágenes—.

Para las cocinas, estaba pensando en un diseño más minimalista con superficies de cuarzo blanco.

El cuarzo es ideal para las cocinas. Es duradero y tiene una estética más bien moderna, pero se ajusta al concepto de lujo.

Sin embargo, me gustaría agregar detalles en acero inoxidable para los electrodomésticos y los tiradores de los gabinetes.

Eso le dará un contraste interesante con las superficies de cuarzo y, al mismo tiempo, agregará un toque moderno y sofisticado.

—Lujo sin perder el alma.

—Es la idea,—Bau puso la mano en la pierna de Arjen—.

Me parece bien no escatimar en los detalles, pero dar algo diferente al cliente.

Esa persona se está llevando parte de nuestra esencia.

Ese lugar será habitado por ellos, pero parte de lo que somos también convivirá allí ¿No te parece maravilloso?

Los ojos verde azulados de Bau chocaron con la mirada esmeralda de Arjen. El muchacho abrió la boca para decir algo, pero quedó hipnotizado una vez por ese hombre.

—Lo siento, a veces me dejo llevar.

—No—Arjen asió su mano—, nunca pidas perdón por decir lo que sientes.

—No digas esas cosas.—Bau se mordió el labio inferior.

—¿Por qué?—Bau se levantó de un salto y caminó hacia el ventanal—¿Qué sucede?

Bau se giró hacia él. No había vergüenza sino una intensa ráfaga de ira.

—Perdí a quien consideraba el amor de mi vida hace solo días ¡Días! ¿Entiendes?

—Bautista yo…

—¡Y me importa un carajo!—exclamó—¿Sabes por qué?

¡Por ti! ¡Porque me follaste hasta los sesos y no he podido sacarte de mi cabeza!

Me he enfrentado a mi padre, lo he mandado al diablo, y sigo sin sentir dolor o arrepentimiento ¡Esto no está bien!

¡Yo no estoy bien! ¡Tú!—Lo señaló con el dedo—¡Tú tampoco estás bien!

Arjen frunció los labios para no reírse.

—Bau, ¿de qué parte de todo eso soy culpable!

—¡Pues de todo!—Levantó la mano como si estuviera diciendo una obviedad—.

Yo no soy esta persona.—Se señaló a sí mismo de nuevo—.

Yo no soy de los que tienen cenas con amantes de turno, ni comen en suites de lujo ¡Nunca fue mi estilo!

Yo no soy del tipo que vive pensando en sexo, ¡ni siquiera me masturbaba en la adolescencia!

¿Puedes creerlo? ¿Qué clase de adolescente no tiene sueños húmedos?

Arjen arqueó una ceja con gracia.

—¿Tú?

—¡Exacto!—Bau le apuntó con el dedo como si fuera un arma—.

Y de pronto estoy aquí, comiendo y bebiendo contigo y por poco me creo esta fantasía.

Carajo, ¡incluso me he puesto una tanga transparente!

¡Y prometí que no volvería a acostarme contigo!

¿Por qué me depilé si esa no era mi intención? ¡Ya ves! Ni yo mismo me entiendo.

Arjen se puso de pie y dio pasos lentos, pero seguros hacia Bautista. Este tragó saliva y se enfocó en el suelo.

—No deberías acercarte a mí—musitó, pero Arjen ya estaba en su espacio y lo estrechaba de la cintura.

—Lo sé—Arjen habló en su oído—, eres muy malo, Price. Malo para mi salud especialmente.

Sus cuerpos empezaron a moverse, como si estuvieran en un baile romántico. Las manos de Bau fueron a esos pectorales a los que era adicto.

—Debes pensar que soy un rarito.

Arjen le chupó el lóbulo de la oreja.

—Los raritos son mi punto débil.

—¡Idiota!—Bau le dio un golpe en el pecho, pero Arjen no se inmutó. Sus bocas estaban a centímetros, sus respiraciones acompasadas.

—Ven a trabajar conmigo, Bautista Price. Abandona a esos imbéciles a los que llamas familia.

—No es tan sencillo.

—No seas cobarde.—Fue una punzada directa al orgullo de Bautista—. Mereces mucho más de lo que te dan.

Bautista le chupó el mentón.

—¿Y tú eres lo que merezco?

—Mereces mucho más que yo—Arjen aseguró y fue una caricia al ego herido de su amante—, pero en mi empresa tendrás no solo reconocimiento sino un salario acorde, un equipo a tu disposición, participación en las decisiones. Manejo total y completo de las operaciones.

Bau que tenía apoyada las manos sobre los firmes pectorales, las deslizó hacia arriba, al cuello de Arjen,

—¿Tanto crees en mí? ¿Solo por algunas propuestas?

—Porque veo la pasión que pones en cada opinión—le acarició la espalda—, es la misma pasión con la que diseñas, con la que te entregas a todo.

—La mano derecha de Arjen fue debajo del pantalón, a la tanga transparente.

Dio un pequeño tirón en los bordes y Bautista gimió—. Lo dicho, pones todo de ti siempre.

—Gerente de operaciones—Bau se mordió el labio inferior, sus caderas se pegaron más a las de ese hombre, el cual consideraba su perdición—¿Qué dirá tu hermana?

—Déjamelo a mí—replicó y comenzó a salpicar su cuello de besos. La danza erótica que sus cuerpos llevaban continuaba—¿Aceptas o no?

—Depende—Bau le mordió el labio inferior y lo estiró—¿voy a poder sentarme en el regazo de mi jefe después de un largo día laboral?

Arjen apretó las nalgas turgentes por debajo del pantalón beige. Bautista gimió.

—Te sentarás el tiempo que desees en mi regazo y en mi verga—musitó sobre su oído—, entonces ¿tenemos un trato?

Bautista se humedeció los labios y sonrió. Lo próximo que supo es que sus bocas se unieron, y la lengua de Arjen se deslizó en su cálido interior.