23 Una cena y algo más
—¡Socavaste mi autoridad!
Bárbara parecía un huracán mientras Arjen se dirigía rumbo al estacionamiento después de la reunión con los Price.
—No he socavado nada querida, pero no voy a perder una buena oportunidad por culpa de tus dudas.
—¿Dudas? ¡Ni siquiera hemos hablado con Veritas todavía! ¿Qué pasa si deciden cancelar esta etapa del proyecto?
—No lo harán—Arjen se detuvo, estaban en medio de la acera discutiendo—, dudo mucho que quieran recibir una demanda por incumplimiento. Yo los llamaré y les diré que no continuaremos con ellos.
Bárbara negó, la frustración teñía su rostro.
—Llevamos años trabajando con ellos. Peter los recomendó.
—Peter ya no está.—Arjen se arrepintió de las palabras apenas salieron de su boca.
Bárbara estaba roja de furia y tristeza—.
Lamento lo que dije, pero es la verdad. Peter tuvo las mejores intenciones, de eso nunca dudé, pero el contexto ha cambiado, y hoy muchas empresas medianas ofrecen soluciones a mejores precios ¿Me vas a decir que Bautista Price no tiene las condiciones para liderar un proyecto de envergadura?
Bárbara negó.
—Por supuesto, porque estabas concentradísimo en su amplio vocabulario.
Arjen frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
—¡Por favor!—Movió las manos—¿Me vas a decir que no le estabas mirando el culo mientras exponía su propuesta?
—Tiene un buen culo—Arjen reconoció—. Yo no soy culpable de tener ojos. Sin embargo, no lo elegí por su trasero, sino por sus aptitudes.
—Claro.
—Me vale verga si lo crees o no, Bárbara—replicó—. Bautista Price es el hombre que necesitamos para salvar el desastre en el que tú nos metiste junto a Veritas, así que deja de quejarte y muévete.
Arjen pasó a su lado en la acera. Bárbara apretó los puños.
—¿Por qué mierda no te quedaste en Europa? ¿Por qué me sigues arruinando la vida?
El hombre se detuvo y la observó por encima de su hombro.
—Porque me cansé de huir por temor a que me culparas, porque ya no me importa lo que pienses de mí, al final del día, hice lo que debía hacer. Ya no seguiré perdiendo dinero por tus caprichos, hermanita. Cuanto antes lo entiendas, más fácil será la comunicación entre ambos.
Arjen fumaba en el balcón de su suite cuando se decidió a enviar el mensaje que estuvo en su mente toda la tarde. Dio una pitada y su mente regresó al muchacho tonto que quería demostrarle que él también podía fumar.
Estaba en línea, el doble tilde azul había aparecido. Arjen dio una nueva pitada y observó cómo la palabra «escribiendo» aparecía y desaparecía. Fue inevitable reír.
¿Qué carajo le pasaba? Estaba arriesgando la credibilidad de su elección con ese mensaje. Si Bárbara se enteraba de que se había acostado con Bautista, todo se vendría abajo, incluida la reputación del muchacho.
«Eso no sucederá».
Se relajó mientras se apoyaba sobre el concreto del balcón. El aire frío movía su ropa, pero le encantaba. Lo llenaba de vitalidad. El sol caía en el horizonte, las sombras de los edificios empezaban a alargarse. Los cristales eran espectadores de los últimos rayos del día.
Un pequeño sonido, similar a una campana. Arjen asió el teléfono que estaba sobre el balcón.
No creo que sea buena idea.
La respuesta no lo desanimó, al contrario, activó su instinto de cazador.
Siempre es una buena idea
cuando el vino acompaña.
Esperó una vez más. Su cuerpo hormigueaba de excitación y algo parecido a la novedad, algo que perdió mucho tiempo atrás.
¿Por qué me haces esto?
Sonrió ante la respuesta.
No entiendo, señor Price.
¿Qué hago exactamente?
La respuesta no demoró.
Pierdo la cabeza cuando se trata de usted,
yo no soy así.
Mierda, le encantaba. Amaba desequilibrar a un hombre que parecía tener todo en control en su vida, que no permitía que nada saliera del guion. Le daba un inmenso placer.
Arriésgate, Bau.
Lo deseas tanto como yo.
Era una burda mentira, Bautista Cross ponía mucho en juego si se arriesgaba, ¿por qué simplemente no dejaba al pobre muchacho en paz y pasaba a otra víctima?
No contar con la respuesta a esa pregunta lo inquietaba. Quizás, más allá de las diferencias superficiales, era más parecido a Bautista de lo que reconocía.
El celular sonó una vez más. Arjen leyó la respuesta y sonrió.
Estoy ahí en media hora,
te advierto, solo habrá cena.
¿De acuerdo?
Arjen puso los ojos en blanco, ¿de verdad alguno de los dos iba a creerse esa mentira?
***
«¿Desde cuándo piensas con la verga?».
Bautista se quitó la vigésima quinta camisa que se probó para ir a encontrarse con Arjen Cross. Nada en su guardarropa terminaba de convencerlo ¿Colores muy claros? Sosos ¿Colores vibrantes? Demasiada extravagancia ¿Brillos? Vulgar. Su cama era un cúmulo de ropa descartada.
Un sweater color naranja le pareció la única opción viable. Eso con un pantalón beige y un abrigo del mismo tono, combinado con zapatos marrones le dieron seguridad.
Se acomodó el pene entre la diminuta ropa interior transparente.
«Te advierto, solo habrá cena».
Pensó en las palabras que le dijo a Arjen, ¿por qué se había depilado completo y llevaba ropa interior sexy si solo probaría un plato de lasaña?
Resopló y se odió a sí mismo por ser tan predecible. Muy pronto trabajaría con él, deberían guardar las apariencias, ¿cómo podría mirarlo en las reuniones si esto se intensificaba?
«Es solo sexo».
¿Lo era? ¿Tan seguro estaba de que solo era un lazo corporal?
Bautista nunca fue demasiado sexual. Era más bien de arrumacos y largas conversaciones.
Arjen Cross hasta el momento le había dado todo lo contrario, carecía de romanticismo, era primitivo y tosco, le gustaba mandar y decir cosas calientes.
Se le erizó la piel al recordar su encuentro, las imágenes que se reproducían una y otra vez en su mente.
El teléfono sonó cuando estaba listo y se preparaba para tomar su abrigo y la bufanda. El frío de noviembre se había instalado con todo.
El nombre en la pantalla lo hizo retorcerse.
—Mamá—dijo de inmediato.
—Hola, Bau.—La voz de su madre sonó del otro lado de la línea—¿Cómo estás?
—A punto de salir a cenar—replicó en tono frío—¿Qué sucede?
—Nada—Salma agregó—, solo quería saber cómo estabas. No hemos hablado mucho después de…
—De que le entregaran el mando de la empresa a Jacqueline—Bau completó la frase porque no estaba para juegos—. Estoy bien, si es lo que querías saber.
Hubo un silencio del otro lado.
—Tu padre está muy preocupado—explicó—, piensa que vas a abandonarnos.
—¿Por qué lo haría? Ustedes siempre han reconocido mi esfuerzo, han sido tan solidarios conmigo, dime, ¿por qué daría un paso al costado en una empresa que me valoran tanto?
—Sigues molesto.
Bautista dio una risilla.
—Tengo que irme, si no tienes otra cosa que decir, adiós.
—Habrá una cena mañana con tu padre y tu hermana. Es a las siete, ¿vendrás?
El muchacho dio un suspiro de fastidio.
—¿Qué están buscando?
—Tu padre quiere arreglar las cosas, Bau. Por favor, ¿contamos contigo?
Entornó los ojos, pero fue imposible negarse.
—Está bien, iré a las siete entonces. Nos vemos mañana, mamá. Cuídate.
—Bau.
—¿Qué?
—No quiere que sientas que eres una decepción. Nunca lo fuiste.
—Lo sé, soy valioso, incluso a pesar de ustedes. Adiós, mamá.
La comunicación cesó. Bautista guardó el celular en el bolsillo y se colocó la bufanda.
Sonrió de verdad por primera vez después de días tormentosos. Tenía un mundo por delante, solo que no se había percatado hasta ahora.