20 Coincidencias
Caminaron a la sala de reuniones del octavo piso, era un sitio de mayor tamaño a la habitación donde normalmente los Price se reunían con sus empleados.
Una gran mesa de vidrio en el centro, algunos muebles de caoba de color oscuro completaban el estilo minimalista.
Fotografías de las diferentes obras, el orgullo de Price.
Jacqueline y Berton estaban ya en el lugar.
Sonrieron cuando los Cross aparecieron. Estrecharon las manos y los invitaron a sentarse.
Bárbara observó alrededor.
—¿Bautista Price cuándo llegará?
Berton le dio a Tanner una mirada asesina, pero este no se inmutó.
—Solo un momento más. Si me disculpan, debo seguir con mi trabajo.
La sonrisa de Berton se desdibujó una milésima de segundo, suficiente para que Arjen notara que aquí había grietas en la estructura familiar.
—Descuiden—Jacqueline habló—, Bautista nos acompañará en un momento más, pero como CEO, me gustaría que me cuenten un poco qué los trae por aquí.
Bárbara escrutó a la mujer delante de ella. Estaba nerviosa.
—Felicitaciones por tu designación—dijo sin malicia—, supongo que nadie mejor que tú para escuchar nuestras inquietudes.
—Por supuesto.—La sonrisa de Jacqueline se ensanchó. Arjen también notó el mismo tic que su padre. No solo eran nervios, ocultaban algo más.
Berton les invitó café, el cual ambos aceptaron. El pie del hombre no se mantenía quieto ni un minuto.
Bárbara explicó la necesidad de abrir fronteras y expandir sus proyectos. Les comentó que Veritas estaba a cargo de las Torres Cross, uno de los emprendimientos más ambiciosos, y quizás el más olvidado.
—Fue el sueño de mi padre, y pese a las objeciones, quiero llevarlo adelante.
Arjen no respondió a la indirecta, porque esa gente no tenía culpa alguna de sus problemas familiares, suficientes con los que cargaban ellos mismos.
—¿Qué es lo que buscan específicamente?—preguntó Berton.
—Una propuesta mejor a la Veritas—explicó—. He visto el trabajo de Bautista. Considero que ustedes son los mejores candidatos.
Arjen se mantuvo en silencio. Se quedó en las fotografías, en los diseños claros, modernos y minimalistas, incluso en los antiguos y sofisticados, sin embargo, Bautista Price, ¿estaría a la altura de una proyecto de semejante envergadura?
«¿No ha superado tus expectativas acaso?».
Arjen bebió el café y negó. Su cerebro todavía reproducía en bucle lo sucedido dos noches atrás.
«Deja el placer en la puerta, estos son negocios».
Se recordó a sí mismo, cuando la necesidad de ver de nuevo a su joven amante lo asaltó de manera inesperada, como lo hizo desde esa mañana que despertó y encontró la cama vacía.
Fue desilusionante, era lo suficientemente mayor para admitirlo. Quería saber más de él, follarlo de nuevo.
«Ni siquiera le diste tu nombre».
Arjen siempre se movió desde el anonimato, y quizás fue la mejor decisión en este caso, de lo contrario, estaba seguro de que Bautista Price ni siquiera querría trabajar con ellos.
—Veritas finalizará la primera parte en junio—agregó Bárbara—, buscamos una empresa que nos brinde el diseño que deseamos. Una visión diferente de lo que ellos tenían planeado.
—Pues han venido al lugar perfecto.—Jackie afirmó—. Justamente hoy nos hemos presentado a otras licitaciones similares y…
—¿Por qué no vamos a los números?—indagó Arjen recordando lo que Bautista le había contado esa noche.
«Trabajé años en la empresa de mi padre. Mi abuelo me enseñó todo. Me gradué y seguí allí. Siempre dando lo mejor de mí. Resulta que esta noche él nombró CEO a mi hermana que no tiene idea de nada, y no solo eso, ella heredará el control total cuando mis padres mueran».
—Por supuesto—replicó Jacqueline—.Si esperamos un momento a Bautista, él puede aclararnos algunos temas y…
—¿Él también es CEO?—Arjen preguntó con una pizca de burla.
—No, no, claro que no.—Jacqueline negó como si fuera una ofensa compartir el mismo cargo con su propio hermano. Arjen arqueó una ceja. Todos las alarmas se activaron. Esta gente no le gustaba—. Es solo el gerente de operaciones.
—Solo el gerente de operaciones.—Arjen recalcó la frase.
Quizás no conocía a Bautista, pero de ningún modo le pareció mentiroso, esta mujer y su padre sí—.
Claro.—Se cruzó de piernas, preparado para esperar de nuevo cuando la puerta se abrió y quien entró lo hizo sonreír más que a la propia Jacqueline.
¿Podía ser posible que el destino fuera tan bueno con él y tan malo con ese pobre conejito?
***
Momentos antes.
—¿Alguna pregunta?
Bautista tenía en la pantalla de su computadora una docena de rostros que estaban ubicados en diferentes puntos del país. Sus gerentes de proyecto. Los hombres negaron, y Bau se respaldó en su silla cuando la transmisión finalizó.
Los había guiado por cada procedimiento, les dio las herramientas para actuar, pero no hizo como si esos problemas fueran suyos. Ya no más, el superhéroe se había ido, y en lugar quedaba un ser humano cansado de cargar responsabilidades ajenas.
Un golpe estruendoso resonó en la puerta. Bau se puso de pie y Tanner entró con cara de haber visto un fantasma.
—Tanner, ¿qué sucede? Casi rompes la puerta.—Bau señaló.
Tanner estaba apoyado en la estructura de madera y respiraba agitado.
—Cross está aquí—dijo y tragó saliva.
—Lo sé.—Bautista miró el reloj en la pared—. Voy en cinco minutos.
—No, la puta madre, no—Tanner dio pasos hacia él y se sentó en la silla frente al escritorio—. Él está aquí.
—¿Quién?—No comprendía nada. Jamás había visto a su amigo y compañero tan nervioso.
—Él, él—Tanner le señaló el sweater de cuello de tortuga que hoy era de color beige— ¡Él! ¿Entiendes? ¡Él!
Bau frunció los labios para no reír.
—¿Dios?—Se burló—. Tanner, ¿por qué mierda no hablas como corresponde? Tengo que ir a reunirme con Bárbara Cross ahora.
—Arjen Cross—Tanner se levantó—, el tipo es Arjen Cross.
—¿Qué tipo? ¿Bárbara es trans? Mira, no voy a perder el tiempo con tus bobadas.
Bau se colocó la chaqueta. Tanner rodeó el escritorio y puso las manos en sus hombros.
—El tipo del bar. El tipo que folló contigo.
Bau frunció el ceño de nuevo, los puntos se conectaron en su cabeza y la luz que salió de la revelación lo encandiló.
—Dios mío.—Se cubrió la boca—. No puede ser.
—Fíjate que sí.—Tanner señaló la puerta—. Está en la sala de reuniones en este momento junto a su hermana.
—No—Bau se afirmó en el escritorio—, ¿qué hago? ¡Qué hago!
Tanner negó repetidas veces.
—Pues vas ahí y lo enfrentas, ¿qué otra opción tienes?
Bautista asió los informes que había preparado y los papeles temblaron en sus manos.
—¿Por qué no vas tú?
—¿Yo?—Tanner se señaló a sí mismo—¿Y qué le diré?
—Eres mi mano derecha, dirige esa reunión como lo has hecho algunas veces.
Tanner negó.
—No, hombre. Esto es diferente. Tu papá y la harpía de tu hermana están allí, además la tal Bárbara me mira y quiere apuñalarme con la mirada.
—¿De qué hablas? ¡Estás imaginando cosas!
—Tal vez—aclaró—, pero de ningún modo iré allí y fingiré que el éxito es mío, cuando te pertenece a ti. No soy como Berton o Jacqueline.
Bau dio un suspiro.
—Pensé que jamás volvería a verlo.
—Bau—Tanner puso la mano sobre su hombro y lo empujó hacia la puerta—, ya no pienses más y aviéntate.
No tuvo tiempo de pensar demasiado. Tanner prácticamente lo arrastró a la sala de reuniones. Ambos se detuvieron en la puerta.
Bau acarició el picaporte, miró a su amigo.
—¿Entrarás conmigo?
—¿Me necesitas?
Bau le dio una sonrisa de labios cerrados y negó.
¿Qué sería lo peor que podría pasar?