Lascivo (Prohibidos 2) 17 Una nueva vida
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17 Una nueva vida

—Buenos días.

—Buenos días, Bau.

Maia, su secretaria, quedó perpleja cuando su jefe, que siempre estaba una hora antes del horario, llegaba quince minutos tarde. Bautista ingresó a su oficina, con el café en su mano y un par de rosquillas en una bolsa. La empresa explotaba con chismes y murmullos.

Tanner fue hacia su oficina. Se paró en el umbral de la puerta, de brazos cruzados, se afirmó en el marco.

—Buenos días, jefe.

—Hola Tanner—dijo Bau mientras se acomodaba en su asiento de la mejor manera posible para que su trasero no siguiera sufriendo.

Tanner arqueó una ceja.

—Pensé que no vendrías.

—Nunca haría eso, todavía no renuncio.

Tanner se encogió de hombros.

—Me gusta el cuello tortuga—agregó sin dejarla pasar—, no es tu estilo, pero te queda.

Bautista lo fulminó con la mirada.

—¿Alguien te preguntó?

—Uh, venimos bravos hoy—Dio pasos al interior y cerró la puerta—¿Qué tan malo estuvo?

Su amigo dio un suspiro, abrió su laptop y esperó que encendiera.

—Hay mucho que hacer, Tanner.—Señaló el reloj sobre el escritorio—. No pienso quedarme más de las cinco, así que más vale que el informe de Stevenson esté aquí al mediodía.

Tanner le sonrió.

—Carajo.

—¿Qué?

—No fue malo—se respondió él mismo—. Te encantó.

—Tanner…

—Sí, ya sé.—Levantó las manos—. Solo para que lo sepas, todavía estás a tiempo de que nos vayamos de aquí.

Bau dio un suspiro y arregló su cabello.

—No, Tanner, no nos iremos, no todavía.

—¿No? ¿Y qué vamos a esperar?

Bautista abrió el correo y se puso a teclear casi de inmediato.

—Antes de irme les voy a demostrar qué le sucede a esta empresa cuando una familia de imbéciles subestima al tipo callado.—Un golpe resonó en la puerta en ese instante—. Adelante.

Jacqueline ingresó a la oficina y les sonrió.

—Buenos días.

—Buenos días—dijo Tanner y se giró hacia Bau—. Tendré listo el informe a las doce.

—Hecho.—Bau le guiñó el ojo y el hombre abandonó la oficina.

Cuando la puerta se cerró, los hermanos quedaron solos.

—Has llegado tarde—acotó la mujer.

Bau volvió a sus correos.

—He llegado por años una hora antes. Tengo derecho de retrasarme unos minutos, ¿no te parece?

—Sí, por supuesto—Jacqueline movió las manos. Bau notó que estaba nerviosa, aunque eso pareciera increíble—. Los ingenieros de proyectos estaban algo ansiosos.

—Me pondré con ellos de inmediato, ¿algo más?

—Sí—Jacqueline se arregló el cabello—, pensaba que podíamos ir a almorzar hoy, para hablar acerca de la empresa. Sé que anoche fue inesperado para todos.

—¿Qué hay que hablar?—Bau preguntó—. Sigo en mi puesto, a ti te ascendieron. Nada que hablar, Jackie.

Sus manos se movían ágiles sobre el teclado. Jacqueline se sentó en una de las sillas frente al escritorio.

—Papá quiere que revises un par de licitaciones, ¿estarás disponible?

Bau se enfocó una vez más en el reloj.

—No hoy, tengo agenda llena.

Jackie abrió y cerró la boca, perpleja.

—Bau, las licitaciones deben presentarse mañana como fecha límite.

—Lamentablemente no hay forma de que llegue antes de las cinco para revisarlas—explicó—, pero de seguro tú podrás hacerlo.

La mujer frunció los labios.

—Sabes que no tengo tu experiencia.

—Pues deberás aprender entonces.—Se encogió de hombros—. Si eso es todo, te pido que te retires, tengo varios correos que responder.

Jacqueline apretó la mandíbula.

—Bien, voy a comentarle a papá que no estarás disponible.

—Perfecto, haz eso.

Cuando la mujer se puso de pie y abandonó la oficina. Bautista volvió a respirar.

«No te sientas culpable».

No les debía nada, solo estaba ajustando su participación de acuerdo al reconocimiento, sin embargo, cuando te has acostumbrado a complacer a todo el mundo, poner límites parece una tarea titánica.

Bau se levantó y observó por los ventanales de la oficina. La ciudad bullía de actividad a esa hora. Miró hacia el horizonte, el hotel Marriot era visible desde allí. Dio una media sonrisa al recuerdo, y se preguntó si su amante de la noche anterior ya habría despertado.

¿Se acordaría de él? ¿Estuvo bien marcharse y dejar esa nota estúpida?

Sacudió la cabeza y regresó a su silla. Ya no había lugar para arrepentimientos. Una nueva vida comenzaba a partir de hoy, y Bau se aseguraría de vivir conforme a sus términos.

El día pasó como siempre. Entre llamadas, correos y emergencias en cada obra. Bautista estaba acostumbrado, de hecho, sentía que prosperaba en el caos. Era su mundo, un mundo en el que había crecido.

Tanner le llevó el informe al mediodía. Lo dejó allí y Bau le sonrió.

—Bien hecho.

—¿Almorzamos?—preguntó Tanner.

—Por supuesto.

Bau buscó su chaqueta y cuando estaba a punto de salir, su padre irrumpió en su oficina como un huracán.

—¿Qué carajo te pasa?—Lanzó dos carpetas sobre el escritorio de Bautista—. Jacqueline me dijo que no vas a revisar la licitación de Smith y Hawking.

—No tengo por qué hacerlo—explicó—, no están en mi horario para esta semana.

—Pura mierda.—Su padre lo señaló—. Te quedarás fuera de hora como siempre hiciste y…

—No.—Bau replicó en calma, el viejo pestañeó varias veces.

—¿Qué?

—Dije que no—Se arregló el cuello tortuga—. No más trabajo fuera de horario, ni cenas, ni fines de semana. Trabajo de ocho a cinco como todo el mundo, como requiere mi puesto. Tomo mi pausa para comer y lo haré en este instante.

—Ni siquiera te estás comprometiendo.—Berton atacó.

—Estoy comprometido—agregó—, pero ya no voy a trabajar como un esclavo, ni jugaré a ser el salvador de esta empresa resolviendo el trabajo de todo el mundo aquí. No tengo obligación, ni ganas de seguir siendo mártir.

Berton rio con desprecio.

—¿Esto es por la dirección?

—No, es por tu falta de reconocimiento de las personas que de verdad trabajan.—Bautista cerró—. Ahora, si me disculpas, me voy a almorzar.

Bau pasó por el lado de Berton.

—Bautista, sabes que esta empresa cuenta contigo—dijo con descaro y cinismo—. No hagas un berrinche, no es tu estilo.

Bautista rio, pero fue una risa cargada de tristeza.

—No lo entiendes—se volteó para mirar a su padre—, y nunca lo harás.

Tanner siguió a su amigo, ambos subieron al ascensor y Bau respiró.

—Carajo, lo hiciste bien. Pensé que te doblegarías.

—No—Bau negó, algunas personas subieron junto a ellos—, tengo que aprender la lección de una vez por todas, y ellos también.

Llegaron a la cafetería del tercer piso. Bau pidió dos porciones de carne con ensalada y pan de sésamo. Tanner arqueó una ceja.

—Vaya, ¿mucha hambre?

—Supongo que todavía no me repongo del ejercicio físico de anoche.—Las palabras salieron antes de que su cerebro lo procesara. Tanner frunció los labios para evitar reír—. Dios mío, no puedo creer lo que dije.

—Yo tampoco.

Esta vez ambos rieron. Bautista tenía una coloración rojiza profunda, se arregló el cuello de tortuga. Tanner negó.

—¿Cómo fue?

—¿De verdad quieres detalles, pervertido?

—No—Tanner aclaró—, solo, no sé ¿Cómo se sintió hacer algo sin pensar en las consecuencias por una vez en tu vida?

Bau cortó un trozo de carne.

—¿Te has drogado alguna vez?

—¿Tengo pinta de drogarme?

Bautista sacudió la cabeza.

—No, me refiero, así deben sentirse los adictos. Subes tan alto que ya no puedes bajar. Fue increíble.

Tanner abrió la botella de jugo de naranja.

—El bastardo nunca me dijo su nombre.

Su amigo se encogió de hombros.

—A mí tampoco.

—Carajo—Tanner rio—, ¿te follaste a un tipo del cual ni siquiera conocías su nombre?

Bautista dio un suspiro.

—Fue una locura, pero, por alguna razón, nunca podría arrepentirme.

Tanner frunció el ceño.

—No.

—¿Qué?

—¿En serio estás triste porque no vas a verlo de nuevo?

—¿De dónde sacaste eso?—Bautista preguntó ofendido.

—¡Por qué te conozco, idiota! ¡Y te duele!

—¿Y qué?—Bau ya no iba a negar lo obvio—¿Eso cambia el resultado acaso?

Tanner resopló.

—No, pero la idea es que salieras de allí feliz, no con depresión post orgásmica.

Bautista bebió un trago de agua y se quedó en la gente que llenaba la cafetería.

—Ahora entiendo porque hay tantos mitos de humanas con dioses en la mitología griega.

—¿De qué hablas?

—Es fácil—Bau explicó—¿Quién podría arrepentirse de follar con un dios, incluso si nunca más lo vuelves a ver?