10 Decepción
Como en una ocurrencia ajena, como en un recuerdo vago donde olvidó algo que debería ser importante.
Berton se percató de que su hijo estaba paralizado en su silla, por lo cual lo llamó para que subiera al escenario.
Tanner mismo le hizo una seña para que lo hiciera.
Una seña que le mostró que debía subir y hacer el mundo arder.
«¿Vale la pena?
El muchacho, con las piernas temblando, dio pasos hacia su familia, subió y su hermana con lágrimas en los ojos lo abrazó, lo abrazó tan fuerte que Bau casi se creyó por un momento que importaba. Su madre también lo hizo, su padre le puso las manos en sus hombros y le sonrió.
—Mi hombre leal, siempre ahí.
Fue una bofetada, una que ardió en lo profundo de sus entrañas. Aquí no había carisma, ni creatividad. Para su padre, Bautista solo era un ser que, sin importar lo que le hicieran, seguiría ahí. Un perrito guardián listo para recibir las migajas.
Bau se colocó al lado de su padre, entretanto Jacqueline, hermosa en su vestido color esmeralda que resaltaba su esbelta figura asió el micrófono. Era su noche, y ella lo supo desde el primer instante.
«Tú también lo sabías».
¿Por qué el favoritismo iba a cambiar? Bautista se sintió más estúpido todavía por darles el beneficio de la duda.
—Vaya—Jacqueline hizo una pausa—, como si esta noche no fuera lo suficientemente maravillosa, ahora soy acreedora de este honor.
Caminó en el escenario y se acercó a los invitados, algunos estaban de pie, otros en sus mesas, los rostros de puro asombro, esos rostros que Jackie decidió ignorar.
—Papá, quiero que sepas que estoy preparada para lo que viene.
Una nueva etapa se aproxima a Price Construcciones.
Estoy lista para llevar a esta empresa al siguiente nivel, y lo haré porque cuento con un compañero de hierro, alguien que ha dado años a esta empresa, alguien que se merece un gran aplauso en el día de hoy.
Ese es mi hermano Bautista, por favor, háganle sentir todo el cariño esta noche.
Los aplausos estallaron, Bau dio una sonrisa cargada de tristeza. Jackie fue hacia él y lo arrastró al centro del escenario. Lo asió de las manos.
—Sé que con tu guía nada puede salir mal, Bau. Gracias por ser mi hermano mayor, por ser el hombre que cuida de todos y siempre está tras bambalinas.
Bautista tensó la mandíbula, el rostro de Tanner era una sinfonía de insultos.
«Habla, perra. Es ahora o nunca».
—¿Por qué?—La voz de Bautista cortó los aplausos y congeló las sonrisas. Se enfocó en Berton—¿Por qué Jacqueline y no yo?
Su padre tragó saliva, dio pasos al frente y le quitó el micrófono despacio.
—Es un día de emociones fuertes hoy, ¿verdad? ¿Por qué no volvemos a la fiesta?
—No—Bau replicó, su voz resonó incluso sin micrófono—. He trabajado en esta empresa desde los dieciséis años. Le consagré noches, madrugadas, vacaciones, fines de semana. Dime, ¿qué tiene ella que yo no posea?
Berton sonrió nervioso.
—Bau, creo que no es el momento.
—Cariño—Su madre lo asió del brazo con cuidado—, tú eres maravilloso con el lado operativo, siempre lo fuiste. Haces posible lo imposible. Nada de eso va a cambiar, tu paquete de compensación sigue siendo el mismo, tu puesto jamás será tocado por Jackie. Nos aseguraremos de ello.
Bautista frunció el ceño.
—¿Tú también?—Se apartó de su madre.
—Mi vida—Salma jugó con su collar, ese que tocaba cada vez que los nervios la asaltaban—,siempre has sido tan bueno detrás de escena que creímos que lo mejor para ti era mantenerse allí.
Sí, tal vez no eres el heredero, pero tu papel no cambia, sigues siendo una pieza invaluable.
Nadie es tan bueno como tú en lo que haces.
—Bau—a esta altura, los invitados no se movían del lugar porque estaban presenciado en vivo, el chisme más grande del año y quizás de la vida de esa empresa.
Jackie habló con su voz temblorosa, la primera vez que dejaba entrever los nervios—, hablemos de esto mañana cuando estemos más calmados, ¿quieres? Valoro tu trabajo, siempre lo hice.
—¿Qué es lo que hay que hablar?—Bau replicó—¿Acaso la decisión de nuestro padre va a cambiar?
—Por favor, no hagas un berrinche—susurró—. No arrastres a la familia a un escándalo.
—La familia trajo el escándalo a la puerta por ella misma en el instante en que te nombró a ti que no tienes idea de nada como heredera.—Bau se giró hacia la multitud—. Disfruten la cena, supongo que nos veremos en la empresa.
Y sin más, bajó del escenario, entretanto su madre lo llamaba. Berton quedó abrazado a Jackie quien negaba, fingiendo no entender el enojo de su hermano.
Bau se quitó de un solo tirón el moño del esmoquin. Caminó hacia la salida mientras todos le abrían paso. Llegó a la salida y desde allí se dirigió hacia el estacionamiento. Necesitaba alcohol, toneladas. Necesitaba dejar de pensar que estaba jodido, que no valía nada para las personas que amaba.
—¡Bau!—Escuchó los gritos detrás de él, pero no se volteó—¡Bau!
—¡Déjame solo!
Buscó la llave en su bolsillo. Tanner lo alcanzó.
—Hombre, has dejado un chismorreo descomunal ahí adentro. Tu padre caminaba de lado a lado.
—Me importa un carajo lo que hagan de ahora en más. Estos hijos de puta no tienen idea de lo que significa manejar una empresa ¡Yo creé esto con mi abuelo, maldita sea! Y ahora estos bastardos…
Bajó sus hombros y llevó las manos a su rostro. Quería llorar, gritar, regresar ahí e insultarlos de todas las maneras posibles, pero ¿de qué serviría? Al fin y al cabo, solo le daría combustible para que ellos hicieran su papel de víctima.
Tanner negó.
—Esto es simple, hombre. Renuncia.
—¿Qué?—Bau lo observó como si estuviera proponiendo una aberración.
—Renuncia.—Tanner replicó—. Vámonos de esta mierda, ya no hay nada aquí para ti. Pueden meterse la empresa por el culo, Jacqueline la llevará a la bancarrota en menos de un año. Todos los que están ahí lo saben, menos tus padres.
Bau se cruzó de brazos, su cabeza gacha.
—Tienes una hija, Tanner. No tienes que perder tu empleo por mí.
—Vamos a conseguir algo mejor. Eres Bautista Price y eso tu familia no te lo puede quitar. Me habría encantado que les gritaras ahí y les vomitaras toda la mierda que llevas digiriendo por años, pero sé que ese no es tu estilo ¡No importa! Puedes hacer algo mejor, déjalos solos.
Bau puso sus manos en la cintura. Estaba tan roto que no había forma de que sus pedazos volvieran a su lugar alguna vez.
—No tengo nada.
—Maldita sea.—Tanner lo sujetó de los hombros y lo sacudió—¡Reacciona hombre! ¡Que no es el fin del mundo!
—¡Para mí sí!—Bautista lo apartó con un grito desgarrador. La furia guardada emergió en toda plenitud—¡Esa empresa era mi identidad! ¡Renuncié a parte de mi vida por ella!
—¡Y qué!—Tanner también levantó la voz. Algunas personas que estaban en el estacionamiento los miraban—. Tienes 28 años, no 108. Puedes empezar de cero, bajo tus términos. Eres el jefe que cualquiera desearía tener, entonces, déjalos que maten esta empresa sin ti.
Bautista se limpió las lágrimas de frustración. Odiaba ser tan sensible a veces. odiaba no ser lo «suficiente» hombre como para ocultar sus sentimientos.
—Mi abuelo no querría eso. Luchamos por este sueño y…
—Bau—Tanner tenía las manos en la cintura, observó a su amigo y negó—, el sueño de tu abuelo acaba de morir.
Eres el último en enterarte. Jacqueline y Berton nunca tuvieron madera para manejar la empresa con la envergadura que tiene ahora.
Y sí, es una mierda saber que tu abuelo se debe estar revolcando en la tumba, pero desde donde está, él sabe que nada de esto fue tu culpa.
Bautista se desabotonó los dos primeros botones de su camisa. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.
—Llevan años decepcionándome ¿Por qué no puedo acostumbrarme?
Tanner lo abrazó, lo quería tanto como si fuera su hermano pequeño.
—Porque la decepción duele, Bau. Duele tanto que nadie podría acostumbrarse a ella.
Bau le devolvió el abrazo, tenía su cabeza sobre su pecho. Tanner le acarició el cabello, quizás no era el tipo de amistad que la gente consideraría «normal», pero funcionaba para ellos.
—Vamos a tomar un trago amigo—dijo mientras Bau se apartaba—. Creo que lo necesitas.