Lascivo (Prohibidos 2) 8 Reunión
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8 Reunión

Las imágenes emitidas por el proyector llenaban la pared, los gerentes hablaban sobre los avances en cada proyecto, en cada división, en cada área que había estado bajo la tutela de Bárbara hasta ese momento.

—Se estima que Las Torres Cross se ejecuten en un plazo de veinticuatro meses—explicó uno de los gerentes de operaciones—. Veritas nos asegura que la primera parte estará finalizada en junio.

—¿De cuántos tramos hablamos?

Los gerentes observaron al hombre que había tomado la cabecera de la mesa mientras Bárbara le clavaba cuchillos con la mirada.

—Lo sabrías si leyeras las decenas de correos electrónicos que se han estado enviando entre áreas desde el año pasado—replicó la mujer—, pero supongo que Europa tiene cosas más atractivas, ¿no es así?

Arjen le sonrió, esa sonrisa que Bárbara quería sacarle de un golpe. Esos ojos que buscaba apuñalar con un abrecartas. Este tipo era su hermano y quería verlo muerto.

—Sí, Europa es interesante, sobre todo si tenemos en cuenta que bajo mi gestión Reino Unido mejoró la productividad en un treinta y ocho por ciento.—Las fosas nasales de la mujer aletearon—. Ahora, ¿puedes responder la pregunta?

El hombre delgado de grandes anteojos, se acomodó las gafas y tragó saliva. El aire era tan denso que todo el mundo ansiaba salir de allí.

—El proyecto está planificado en seis tramos, debido a la altura y la calidad de los materiales. Veritas trabajará en la primera parte y esperamos seguir con…

—¿A qué te refieres con la calidad de los materiales?

—Son los únicos que han cumplido con todos los requerimientos hasta el momento. Son dos torres de trescientos cincuenta metros, ellos tienen experiencia en este tema. Algunos de sus profesionales trabajaron en el Merdeka 118 de Kuala Lumpur.

Arjen observó los gráficos y datos del anteproyecto.

—¿Por qué hay un aumento del cincuenta y cuatro por ciento desde octubre a marzo?

—Hubo algunos inconvenientes en la concesión de las licencias.

Arjen arqueó una ceja.

—¿Y cómo lo resolvimos? Espero no sea con sobornos.

—Esa es tu forma de arreglar las cosas, no la nuestra.—Bárbara respondió—. Algunas autorizaciones todavía están frenadas, el equipo legal se está encargando de eso, pero…

Arjen asió el estudio de viabilidad.

—¿Por qué Veritas no estimó esto aquí?

—Portland es bastante riguroso en el cuidado ecológico. El gobierno entendió que deshacernos de parte del arbolado de la zona constituye un riesgo, incluso si hemos previsto reemplazar el espacio verde con nueva vegetación.

Arjen escuchaba, pero no dejaba de leer cada informe.

—¿Qué otras empresas están interviniendo hasta este momento?

Bárbara se dio una mirada con los gerentes.

—Solo Veritas.

—Es decir que, sin importar cuánto aumenten su presupuesto estamos atados a ellos.

—No es así.—Bárbara aclaró—. Estamos buscando alternativas.

Una vez que en junio se termine el primer tramo, debemos hablar con el banco por la línea de crédito y también podemos abrir negociaciones con otras empresas, de hecho, el jueves tengo cita con una de ellas.

Es de menor envergadura, pero su gerente de operaciones es brillante y ha tenido un crecimiento exponencial estos últimos años.

Arjen cerró el informe y dio un suspiro.

—Bárbara, si debemos aumentar en más de la mitad el presupuesto original, ¿a dónde quedó la rentabilidad?

La mujer tensó la mandíbula.

—Lo sé, es una situación complicada. Sin embargo, las nuevas regulaciones ambientales no estaban claras en el momento en que se diseñó el proyecto.

Veritas no tenía forma de prever estos costos adicionales en la fase inicial.

Ahora estamos en una posición donde debemos cumplir con ellas si queremos evitar sanciones más graves o retrasos.

—No hay alternativa—señaló Arjen—. No nos sirve seguir con esta gente.—Se arregló el cabello—. Quiero conocer más en detalle la naturaleza de cada material con el que están trabajando. Necesitamos que la estética y la funcionalidad sean impecables.

—Veritas trabaja con lo mejor.

Arjen sonrió.

—Después del desastre en el estudio preliminar dudo que tengamos el mismo concepto en cuanto a qué es «lo mejor».

—Como te dije—Bárbara se hizo hacia adelante en su silla—, el jueves tengo una reunión con una de las posibles empresas reemplazantes, mientras tanto, solo nos queda seguir con Veritas.

—¿Cuándo ha sido la última vez que has viajado a Portland?

—Hace tres semanas.

—¿Y por qué no lo haces semanalmente?

—Porque tengo obligaciones aquí. No es el único proyecto en marcha.

—No, pero es el que nos está costando sangre—afirmó Arjen.

—Tú no has estado aquí, así que no juzgues.

—No, de hecho, tú eres la experta en eso.—Arjen se burló—. Recuerdo que papá nos decía que debíamos poner atención donde estaban los incendios para que no se propagaran, tú has dejado que se extienda sin límites.

Bárbara miraba la mesa ovalada de caoba.

Los gerentes alrededor estaban paralizados.

Habían escuchado rumores acerca de Arjen Cross.

El «fantasma», el hombre que se movía entre sombras, el lujurioso que solo se dedicaba a follar jovencitos y despilfarrar dinero.

Este hombre en nada se parecía a esa versión.

—Veritas se ha encargado de la cimentación hasta el momento.—El gerente, que todavía se encontraba de pie, comentó—. En cuanto al diseño puede leer la página seis del anteproyecto y…

—Ya lo hice.—Arjen lo interrumpió—. No me gusta para nada.

—Es un diseño innovador, tal y como papá quería, futurista y sofisticado, algo que reflejara nuestras esencias.

Arjen comenzó a reír.

—Pues quizás refleje la tuya, pero no la mía. Quiero algo dinámico, quiero comodidad y elegancia, un lugar que la gente pueda llamar hogar.

—¿Cómo puedes pedir algo que ni siquiera sabes que existe porque nunca lo valoraste?

Nadie en la compañía dudaba de la terrible enemistad de los mellizos Cross, sin embargo, hasta ahora, nadie la había presenciado. Cada uno respetó el territorio del otro, donde estaba uno, el otro sobraba, pero Arjen había roto esa tregua, y la guerra estaba a punto de estallar.

—¿Quién es el profesional con el que nos reuniremos el jueves?

Arjen cortó de raíz la escalada del conflicto. No era el lugar, ni el momento para manejar los viejos rencores que, para ese punto, ya eran insalvables.

—Bautista Price—agregó Bárbara—.Mi asistente pidió una reunión para mí, como representante de…

—Perfecto.—Arjen se puso de pie y se abotonó el saco—.

Dile a tu asistente que me pase la dirección, nos vemos a las nueve allí entonces.

Señores, pueden seguir con su exposición, espero que sea menos deprimente que lo que acabo de presenciar, sin embargo, tranquilos, no me quedaré para atestiguarlo.

Bárbara abrió y cerró la boca, pero ninguna palabra salió de ella. Arjen salió de la sala y el silencio llenó cada espacio una vez más. La mujer dejó su bolso en su sillón y se levantó.

—Disculpen un minuto.

Fue detrás de su hermano que ya estaba a punto de subir al ascensor.

—No tienes derecho—dijo mientras la gente iba y venía y huían de ella. Arjen se giró hacia su hermana.

—¿No tengo derecho a qué?—Arjen colocó las manos en sus bolsillos y caminó hacia ella con tranquilidad—. Es mi dinero también por si no te acuerdas, y tú lo estás regalando.

—Yo no he regalado nada.

—No, ¿y qué has estado haciendo, autorizando ese mamarracho?—La voz sonó afilada—. Bárbara, no estás capacitada para volver al ruedo, y no es algo que me ponga contento, pero es la realidad.

—¿Desde cuándo te importa mi salud?—Bárbara escupió—. Solo piensas en ti mismo, siempre fuiste así.

—¿En serio? Refresca un poco la memoria, al menos así no dirías tanta mierda.

—Arjen señaló al pasillo—. Vuelve y hazte cargo de tus gerentes, en lo que respecta a las Torres Cross, voy a estar presente en cada paso, así que más vale que te acostumbres a verme aquí cada puto día.

Nos vemos el jueves, y más vale que tu asistente me envíe lo que pedí de lo contrario, voy a despedirla.

—No te atreverías.

—Pruébame—Arjen desafió y dio media vuelta—. Y con todo respeto por tu amante muerto hace dos años. Necesitas una follada con desesperación.

—Maldito bastardo—. Bárbara gruñó—. Lo dice el infeliz que no puede mantener la verga en los pantalones y se folla a mocosos de la mitad de su edad.

—No me envidies demasiado, cariño.—Arjen subió al ascensor y le guiñó un ojo—. Nos vemos, Barbie. Cuídate.

Las puertas del ascensor se cerraron antes de que Bárbara diera pasos hacia ese patán que solo sabía provocarla.

—Hijo de puta—dijo con su voz entrecortada por la rabia—, me las vas a pagar. No sé cómo, pero te juro que no voy a descansar hasta destruirte.