18 #2
—Bueno, el día de San Valentín en realidad existe porque hubo un sacerdote romano llamado Valentín al que le pareció injusto que el emperador hubiera prohibido el matrimonio a los jóvenes bajo el pretexto de que el amor los convertía en peores soldados.
Valentín, que no creía que eso fuese cierto, empezó a casarlos en secreto con sus enamoradas hasta que lo descubrieron.
Justo antes de ser ejecutado, el catorce de febrero, como habréis adivinado, le escribió una última carta a su amada y la firmó con su nombre —interviene Lyra, con la nieve pegada en su cabello alborotado—.
Así que básicamente estamos conmemorando a lo grande la muerte de un hombre enamorado. Es un poco deprimente, si lo pensáis.
Se balancea sobre los talones mientras clavamos los ojos en ella sin ningún tipo de disimulo. Al darse cuenta, frunce los labios.
—¿Qué pasa? ¿Por qué me estáis mirando así?
Se me escapa una risita y Briar estalla en carcajadas.
—No sé cómo eres capaz de almacenar toda esa información. Pareces una enciclopedia —comento.
—Me gusta pensar que mi cerebro es un archivador y que manda a sus trabajadores a recopilar los datos que necesito —contesta, encogiéndose de hombros.
—Tiene todo el sentido del mundo —digo con una sonrisa—. Y no, no era nadie importante —añado para responder a la pregunta que me había hecho Briar.
—Pues entonces permíteme que te invite a una hamburguesa… —Deja la frase en el aire y me echa un vistazo de arriba abajo, a pesar de que sigo metida en el coche—. ¿O eres más de ensalada?
—¡San Valentín de chicas! —exclama Lyra entusiasmada.
Jugueteo con los dedos en mi regazo. No porque esté buscando excusas para librarme del plan, sino porque me muero de ganas de decirles que sí y, teniendo en cuenta que, cuando comienzas a ilusionarte con algo, te expones a que te hagan daño al arrebatártelo, la simple idea me pone nerviosa.
Tal vez no me duela tanto cuando me vaya. Estaría bien poder disfrutar al menos de su amistad antes de que todo esto termine, ¿no?
—Me gustan las hamburguesas. —Subo la ventanilla del coche, quito las llaves del contacto y abro la puerta—. ¿Cómo es que no vas a pasar este día tan cursi con Alistair? Aunque, bueno, ahora que lo pienso, no parece de los que regalan rosas y chocolate.
Entramos juntas en la cafetería de Tilly. Tal y como sospechaba, da la impresión de que sigue siendo Navidad aquí dentro. Nos recibe una bofetada de calor, pero Lyra suspira de alivio ante el cambio brusco de temperatura y se frota las manos mientras busca una mesa.
—Alistair no es muy fan de las celebraciones —dice Briar, elevando ligeramente una comisura de la boca con picardía—. Así que nos proponemos juegos en su lugar.
Alzo las cejas al mismo tiempo que tomamos asiento en una de las mesas.
—¿Juegos?
Me encanta que ni siquiera se sonroje. No siente que haya nada de lo que deba avergonzarse; al contrario, está muy orgullosa de su relación. Me dan ganas de preguntarle si es consciente de que su novio tiene las manos manchadas de sangre o si sabe en qué andan metidos él y sus amigos.
—Sip. Esta vez hemos jugado al escondite. Y me ha dejado ser la que busca.
—Qué caballeroso por su parte —se mofa Lyra, poniendo los ojos en blanco de forma teatral y dándole un codazo a Briar.
Ese gesto juguetón hace que me fije en la mano de Briar y capte la tinta negra que le adorna el dedo corazón. La cicatriz que tengo en la clavícula me late de dolor al observar los marcados trazos que conforman las iniciales de Alistair.
—Entonces, supongo que ya te ha hablado del Guantelete, ¿no? —pregunto mientras me quito la chaqueta y la acomodo a mi lado—. ¿Vais a participar este año?
—¿El qué?
Alzo la vista hacia ella.
—El Guantelete. ¿No te lo ha mencionado?
Es el mayor juego del año. Los Hollow Boys no faltan nunca…
Es más, siempre ganan. —Al percatarme de que todavía parece confundida, continúo—: El primer día de primavera, West Trinity Falls y Ponderosa Springs se declaran la guerra.
Lo llaman el Guantelete desde que yo era una niña.
Participan sobre todo los estudiantes del instituto y los de la universidad.
Vamos, los que viven por y para la rivalidad que existe entre nuestros pueblos.
En esencia, si eres el anfitrión, eliges el lugar; si no, eliges el juego.
Si no recuerdo mal, el año pasado jugaron al pillapilla.
No me puedo creer que no se lo hayas contado, Lyra.
Se quita la gorra y varios mechones de pelo se le alborotan por la electricidad estática.
—Ha sido un año… movidito. No estaba en mi lista de prioridades. Quizá también porque nunca he participado.
Un año movidito.
Me gustaría que se explicara para poder comprobar hasta qué punto confía Alistair en Briar y si están al tanto de lo que pasó con mi hermana, de los asesinatos y de las chicas desaparecidas, pero sé que no puedo preguntárselo de sopetón sin que les salten todas las alarmas.
—Yo tampoco he participado. Solo he oído hablar de él.
—Deberíamos participar las tres este año. Así nos estrenamos a la vez en algo —propone Briar con una sonrisa—. ¿Se sabe ya qué juego han escogido?
—Eso es lo mejor de todo: nadie lo sabe hasta que llega la misma noche del juego. Este año somos nosotros los anfitriones, pero… he estado tanto tiempo fuera que no me he enterado de la ubicación exacta.
—En Biología escuché a Lochlan Daniels presumiendo de que le había cogido a su padre las llaves de Roaring Spring.
Bueno, robado más bien, pero el caso es que, por lo que entendí, va a celebrarse allí —informa Lyra, a quien se le da de maravilla captar hasta el más mínimo detalle; siempre está atenta a todo.
—Hagámoslo entonces. El primer día de primavera, nos lanzamos a por el Guantelete —afirma Briar, entusiasmada por el desafío.
—¿Estás segura? Dicen que a los de los páramos les gusta jugar sucio. Hay gente que incluso acaba en el hospital por participar en este tipo de juegos.
Se encoge de hombros.
—Después de todo por lo que hemos pasado este año, yo creo que podemos con cualquier cosa.
Acto seguido, sus ojos se encuentran con los míos, dándome a entender que también me está incluyendo a mí en ese plural. Saben que perdí a mi gemela y que he estado internada en un psiquiátrico, así que, aunque ignoren todo lo demás, son conscientes de que mi año tampoco ha sido fácil.
—Contad conmigo —digo con determinación.
—Os dais cuenta de que, si hay que correr, estoy jodida, ¿no? —Lyra nos mira a ambas y luego suelta un suspiro—. Vale, está bien. Hagámoslo.
Celebramos su decisión pidiendo una cantidad absurda de comida y, cuando nos la sirven, mojo las patatas fritas en el batido mientras observo a los grupos de adolescentes que llenan el local.
Hace unos meses, habría estado sentada en una mesa con las más populares, rodeada de temas de conversación que no me interesaban en absoluto y de amigas que se pasaban más tiempo juzgando a los demás que preocupándose por reforzar nuestro vínculo.
Pero esto es diferente. Mejor.
Siento que estamos forjando una amistad sincera, una en la que no tengo que preocuparme por darle una buena imagen al resto, y me da miedo hacerles daño como a Rook o hacerme daño a mí misma. Porque la gente que se acerca demasiado a mí siempre acaba saliendo herida.
—Oye, me prometí a mí misma que no iba a preguntarte nada de esto, pero me parece raro guardármelo para mí cuando tú estás más implicada que Lyra o yo.
No tienes que responder si no quieres, pero…
—dice Briar, dejando la hamburguesa en el plato—.
¿Qué pasó la otra noche en el acantilado con los chicos?
Alistair me contó que fuiste a buscarlos.
Se produce un momento de silencio y las miro a ambas.
—Lo sabéis, ¿verdad?
Lyra se muerde el interior de la mejilla, un gesto que he observado que hace cada vez que está nerviosa o incómoda.
—Sí, lo sabemos.
—¿Cómo os enterasteis?
—Por accidente. Estábamos en el lugar equivocado en el momento equivocado.
O en el lugar correcto, según cómo lo mires.
El caso es que, una vez vimos lo que habían hecho, ya no había vuelta atrás, nos gustara o no.
Al principio no sabíamos qué pensar. Creíamos que estaban detrás de la desaparición de todas aquellas chicas.
Que se habían puesto a matar sin más. A ver, con la reputación que tienen, ¿quién no habría sospechado de ellos?
—Se coloca un mechón de pelo detrás de la oreja y prosigue—.
Pero cuando supimos lo que le había pasado a tu hermana en realidad, todo dio un giro. Empezamos a verlos de otra forma y…
—Y yo tuve que ayudarlos a prenderle fuego a un árbol. Así que Briar está atada por amor y yo, por haber sido cómplice de incendio —interviene Lyra, que no duda en quitarme la cereza del batido y metérsela en la boca.
Briar pone los ojos en blanco.
—No todo es color de rosa. Sobre todo, porque me toca aguantar a Thatcher, pero no nos queda más remedio; ya estamos metidas hasta el cuello.
Sé que no ha debido de ser fácil, Sage, pero puedes contar con nosotras.
No tienes por qué seguir cargando con todo esto sola. Deberíamos habértelo dicho antes.
Por primera vez desde que volví a este sitio, siento que puedo respirar. No es mucho, solo una pequeña bocanada de aire, pero me basta para recordar que la superficie está ahí y que, si me esfuerzo, si nado hacia ella con todas mis fuerzas, podré salir a flote de nuevo.
Nunca había experimentado esta sensación de estar rodeada de gente que no solo conoce mi situación, sino que, de alguna manera, incluso puede identificarse con ella.
Solo me había sentido así de comprendida con Rosemary y Rook.
Ellos habían sido los únicos que habían logrado conectar con la persona que era entonces, la que yacía bajo todas las capas tras las que me refugiaba; sin embargo, estas dos chicas están consiguiendo encajar sus piezas con los pedazos que conforman la persona que soy ahora.
—Gracias —susurro con la voz quebrada—. Fui al acantilado a preguntarles si podía ayudarlos. Al fin y al cabo, es mi padre el que nos ha hecho esto. A Rose, a Silas y a mí. Quería que me dejaran formar parte de su plan para devolverle todo el daño que nos ha causado y vengar a mi hermana.
Decido callarme lo de Cain y mi padre, al menos de momento. No quiero que se preocupen y, además, lo tengo todo bajo control por ahora, así que es mejor que ninguno de los dos lados esté al tanto de lo que hace el otro.
No obstante, va a dar igual de todas formas, porque los chicos siguen sin confiar en mí y no van a permitir que me entrometa. En especial, Rook.
—Pero Silas se negó en rotundo y los demás lo apoyaron. No hubo forma de hacerles cambiar de idea. Me dijo que Rosemary no habría querido que yo me metiera, pero la verdad es que no confían en mí, y no los culpo.
—Puede que ahora mismo no te lo parezca, pero quizá sea lo mejor. Podrías aprovechar este tiempo para recuperarte. Sé que no te conozco lo suficiente, pero no creo que quieras cargar con un asesinato en tu conciencia —comenta Briar.
—No voy a poder recuperarme nunca. Es una herida abierta que no se cerrará jamás, pero sí seré capaz de pasar página cuando mi padre esté muerto —respondo con sinceridad.
El soplo de aire fresco que me han regalado ha sido como un bálsamo para mis pulmones cansados. Aun así, nada me haría sentir mejor que tener la certeza de que Frank Donahue yace a dos metros bajo tierra.