16 #3
—No voy a repetírtelo más veces, pedazo de zorra. Deja de hablar de mi hermana.
Nunca me he metido en peleas, así que a lo mejor salgo muy mal parada. Pero, aunque no tengo ni idea de cómo pegar un puñetazo sin romperme la mano en el proceso, sí sé tirar del pelo, morder y jugar sucio.
—Ya vale, chicas. La gente nos está mirando. Vámonos —interviene Lizzy, tirando del brazo de Mary con más fuerza hasta que consigue alejarla de mi mesa.
Cuando las veo volver a su lado del comedor, empiezo a notar una quemazón en el pecho. Un doloroso recordatorio de que Rosie ya no está y, al parecer, todos han asumido su ausencia. Todos, menos yo.
Me desplomo en la silla, agacho la cabeza y me paso las manos por el pelo con desesperación. ¿Qué hago aquí? Está claro que este ya no es mi sitio. Además, no creo que Silas ni los otros vayan a tomarse la molestia de escucharme, y mucho menos de confiar en mí.
Es solo mi primer día y ya estoy comenzando a sentir que todo esto es inútil. La única conclusión que he logrado sacar es que el mundo entero ha seguido adelante mientras yo me he quedado estancada, agitando los brazos en el agua sin llegar a ninguna parte.
—Menuda bienvenida.
—A ver cuándo se entera de que ese rollo de chica mala dejó de estar de moda hace diez años.
Briar —al menos así me ha parecido escuchar que se llama— se sienta frente a mí y su amiga de pelo oscuro procede a acomodarse a su lado. Las dos colocan su bandeja de comida en la mesa, como si las hubiera invitado a acompañarme.
Una tiene toda la pinta de ser la versión femenina de un leñador: lleva una camisa de cuadros abotonada y un gorro gris de lana que cubre una melena de color rubio oscuro.
En cambio, la otra me recuerda muchísimo a Coraline.
A mí no se me habría ocurrido nunca combinar las botas de agua con un sombrero de pescador, pero a ella le da un estilazo increíble.
A pesar de que parecen un dúo un tanto extraño, sus diferencias encajan a la perfección.
Dan la impresión de complementarse de manera natural, como deberían hacer las buenas amigas.
—¿Puedo ayudaros en algo? —les pregunto con una ceja enarcada.
Me ha salido mucho más borde de lo que pretendía, pero me siento incapaz de cambiar mi naturaleza. Si antes ya me mostraba recelosa con la gente que no conocía, ahora no me fío ni de mi sombra.
—Ah, perdón. Soy Briar —dice la leñadora señalándose el pecho—. La puta de Alistair Caldwell.
—Y yo soy Lyra, la friki de los bichos. —Los rizos se le balancean ligeramente al hablar y, aprovechando que la tensión del ambiente se ha rebajado, me fijo un poco más en su rostro.
—Un momento, yo te conozco. Eres Lyra Abbott, ¿verdad? Creo que estábamos en la misma clase de inglés en el instituto. Te sentabas junto a la ventana, ¿no?
Asiente con la cabeza.
—En realidad, estábamos en muchas más clases juntas, pero no pasa nada. Me sorprende que te acuerdes. Casi nadie me presta atención.
No hay tristeza en el tono de su voz; más bien lo afirma como si fuera un hecho que ha aceptado. Decido guardar silencio porque, siendo sincera, solo me percaté de su presencia en aquella clase a raíz de enterarme de lo que le pasó a su madre cuando era una niña.
Me giro hacia Briar.
—¿Y tú qué? Debes de ser increíblemente valiente o muy ingenua para salir con Alistair Caldwell. ¿Cuál es tu caso?
No es de Ponderosa Springs. Probablemente esté al tanto de la reputación de su grupo de amigos, pero no ha vivido en sus propias carnes cómo llegaron a labrársela.
Se ha puesto un poco a la defensiva ante mi comentario.
Lo veo en la forma en la que se le tensan los hombros y le tiembla la mandíbula.
La chica tiene carácter, desde luego. Lo supe en cuanto les plantó cara a Mary y Lizzy, sin importarle el estatus de ambas, así que ahora imagino que tampoco va a dudar en defender su relación.
¿Será esa la razón por la que el temido e irascible Alistair Caldwell ha caído rendido a sus pies? ¿O habrá algo más?
Chasquea la lengua y asiente ligeramente con la cabeza.
—Ya me lo han dicho unas cuantas veces desde que me mudé. Pero no soy ni una cosa ni la otra. Simplemente me crucé en su camino y no volví a apartarme de él. A veces no sabes lo que quieres hasta que lo tienes delante. Además, Alistair no es como lo pinta el resto; al menos, no conmigo.
—Sí, eso es lo que… —Me detengo a mitad de frase.
«Eso es lo que Rose intentaba hacerme ver con Silas».
Lo que yo descubrí con Rook.
Sé mejor que nadie lo que es enamorarse de aquello que mora en la oscuridad.
Cuando empiezan a comer, me quedo mirándolas de nuevo y me pregunto cuánto sabrá Briar de lo que Alistair se trae entre manos o si Lyra estará al corriente de lo que pasa. Me he perdido tantas cosas mientras estaba fuera que no tengo manera de saberlo.
—Mirad, no busco hacer amigas —admito con franqueza.
No me apetece forjar nuevos vínculos. Ya me he acostumbrado a no cargar con el peso de cumplir con las expectativas de los demás.
—No te hemos preguntado si las buscabas —responde Lyra—. Salta a la vista que ya no encajas en Ponderosa Springs. Has dejado de cumplir con sus estándares y te han relegado al olvido. Pero eso no quiere decir que tengas que estar sola. Hasta las lobas solitarias necesitan amigas.
La verdad es que no le falta razón. Ya no encajo, y una parte de mí odia escucharlo en voz alta, aunque, en el fondo, sé que nunca he pertenecido a este lugar.
—A veces se pone filosófica. Ya te acostumbrarás —me advierte Briar entre risas—. Pero es cierto: no tienes amigos, y tampoco es que nosotras seamos de lo peorcito que hay en este sitio. Al fin y al cabo, la universidad es para conocer gente nueva y todo eso, ¿no?
—No…
«No sé cómo ser amiga de nadie».
Eso es lo que quería decir.
No estoy segura de cómo ser una amiga de verdad. Ellas dos no parecen estar juntas para aparentar. Dan la impresión de ser el tipo de amigas que comparten secretos y lágrimas. Y yo nunca he tenido una amistad como esa, así que ni siquiera sé si se me daría bien.
Pero, aunque no dé la talla, esta alianza podría servirme.
Con ellas podría enterarme de cualquier cambio de planes y, lo que es más importante, Briar podría ayudarme a acercarme a Alistair lo suficiente para hablar con Silas.
Y, a lo mejor, no sé, quizá…
«No, Sage. Tienes un único objetivo, y hacer amigas no forma parte de él. Ni siquiera vas a quedarte tanto tiempo como para estrechar lazos con ellas. En cuanto tu padre deje de respirar, te irás y nadie volverá a verte el pelo por aquí. Ya está».
—No me he presentado. Soy Sage. Sage Donahue —digo, a pesar de que ya me conocen, pero, aun así, siento la necesidad de presentarme por mí misma.
—Encantada de conocerte oficialmente —contesta Lyra—. Bienvenida a la Sociedad de las Lobas Solitarias, Sage.