Las Vegas no estaba en el plan CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

Una boda que sí es nuestro problema

Lo primero que hay que entender de una boda de treinta y ocho personas es que no se puede esconder nada.

En una de ciento ochenta, si el arco floral es feo, el arco floral es una cosa que hay al fondo. En una de treinta y ocho, el arco floral es un miembro de la familia.

Se lo dije a Priya bajando por la escalera de servicio a la tercera planta, y ella asintió.

—Eso es lo que llevo pensando desde las once y veinte y no sabía decirlo.

* * *

La solución no fue mía. Fue de los dos, y por eso salió bien, y lo digo aunque me cueste.

La tercera planta del Crown faltaba una y Curtis no dijo nada.

A las siete y veintiuno, la Galería Trébol era otra vez la Galería Trébol, con ámbar y oro y doscientos tallos de naranja repartidos en sesenta mesas, y en el aire quedaba un olor a romero que duró hasta las nueve y que tres personas comentaron durante el cóctel.

Marlene Cho estuvo de pie en la puerta del salón desde las seis y catorce hasta las seis y treinta y uno. No entró. No se acercó a nadie. A las seis y treinta y dos se fue por el pasillo de servicio escribiendo en el móvil.

* * *

A las ocho y veintiséis, la gala estaba cenando y nosotros estábamos sentados en dos cajas de cristalería vacías, en el pasillo de servicio, detrás de una puerta de vaivén, con dos platos de personal en las rodillas.

Yo tenía tierra de maceta en el bajo del vestido, un limón verde en el bolso por motivos que no supe explicar y los pies como si hubiera vuelto andando del Silver Coyote.

Leo se quitó la corbata y se la metió en el bolsillo.

—Priya te ha llamado «la española» once veces por el pinganillo —dijo.

—He contado nueve.

—Once. Dos han sido cuando estabas persiguiendo al perro.

Me reí con la boca llena, que es una cosa que no hago.

Y entonces él dejó el tenedor en el plato y se quedó mirándome un momento con esa cara suya de estar sumando algo.

—Te he visto trabajar —dijo.

—Me has visto trabajar tres días seguidos. Llevo desde el viernes por la mañana trabajando.

—No. Eso era otra cosa. Eso era miedo con carpeta. —Se apoyó en la pared—. Esto de hoy no lo había visto nunca.

—¿Y qué te ha parecido?

—Que llevo ocho años montando cosas con gente que improvisa bien y que hoy es la primera vez que alguien me da un papel a las cuatro de la tarde y a las siete y veintiuno el papel se ha cumplido entero.

—El papel tenía un margen escondido de once minutos.

—Ya lo sé. Lo he visto en el bloque de las seis cuarenta y cuatro.

—¿Y no has dicho nada?

—No. —Cogió el tenedor otra vez—. Me ha parecido precioso.

Le di una patada floja en la caja de cristalería.

—Contigo el caos tiene instrucciones —dijo Leo—. Y te voy a decir una cosa que llevo pensando desde las cuatro y media: empiezo a entender el atractivo.