Capítulo 41 #2
Por un momento, todo se paralizó. Leonor soltó el cuchillo, que quedó incrustado en medio del pan que estaba troceando como si alguien lo hubiese clavado con saña .
Amaro devolvió la blanca cunca de vino de Barrantes al lugar donde cientos de círculos morados marcaban la madera desnuda de la mesa.
Catalina seguía mirando a su hijo sin pestañear.
Sobrevolando su cabeza, la imagen de los retornados de Cuba años atrás: los que llegaron maltrechos, los que estrenaron el cementerio de Pereiró, los que no volvieron ni siquiera para ser enterrados por los suyos.
Y en medio de aquella angustia, de repente, una luz, un destello vino a su memoria y relajó los músculos de su rostro.
En la primera cita con don Ramón Cerqueiro, el abogado, Franz les había explicado las razones por las que, según el letrado, podía evitar la citación.
Además del aplazamiento por estudios —el más rápido y bastante seguro, teniendo en cuenta su expediente brillante y las cartas de apoyo que podía aportar de sus profesores—, era posible alegar otras circunstancias.
Una de ellas era la situación jurídicamente ambigua de su nacionalidad: nacido alemán y con nacionalidad alemana, sí, pero criado, educado y tutelado en España, censado como español y con la documentación local pertinente.
Esa vía podía llevar a una negociación compleja y costosa que quizá retrasase el intento de forzarlo a ir.
Otro motivo, el más contundente —pues supondría la exclusión directa—, era padecer alguna enfermedad física o nerviosa, siempre que estuviera certificada por un médico con un informe completo y riguroso.
Catalina, ante la extrañeza de los presentes, todavía consternados y aturdidos, apartó de la mesa la silla en la que se había apoyado y le hizo un gesto a Franz con la cabeza.
—Siéntate —le dijo al tiempo que también ella tomaba asiento—. Vamos a comer, que se enfría.
Todos la miraron sin romper el silencio, como la tripulación que observa al capitán cuando la brújula enloquece y el viento y las olas se revuelven como bestias, pero saben que en su pecho hay una carta de navegación segura.
Catalina llevaba el timón de aquella familia desde hacía tiempo, y todos confiaban en su destreza cuando parecía que perdían el rumbo; no era la primera vez.
Había tenido a la mejor maestra: su madre.
Al oírla y ver su mirada firme como la del patrón oteando el horizonte desde el puesto de mando, agarró de nuevo el cuchillo con decisión y repartió el pan como cualquier otro día.
La situación era complicada, incluso dramática, como una tormenta sin aviso, pero la vida les había enseñado a ambas a leer los signos en el cielo, a interpretar el silbido del viento y el crujido de la madera cuando el barco comienza a lamentarse.
Como el patrón, preferían el lenguaje de los actos: corregir el rumbo sin alardes, ajustar las velas sin estridencia.
A cada sacudida del destino respondían con temple, aunque sabían que el coraje no era la ausencia de temor, sino la decisión de no ceder ante él.
Y los suyos, como marineros fieles, confiaban en ellas, en sus miradas firmes, en esa fuerza inexplicable que tienen quienes saben cómo sostenerse cuando todo se tambalea.
Franz se acercó y Einés le arrebató la carta de la mano. Mientras la leía en silencio, él explicó su contenido al resto de la familia.
Ministerio de Guerra del Imperio alemán
Departamento de Reclutamiento
Sección de Exenciones y Aplazamientos
Berlín, a 21 de agosto de 1914
Al ciudadano:
Franz Theodor Künne
Ribeira do Berbés
Vigo, Reino de España
Asunto: Resolución oficial del Ministerio de Guerra del Reich sobre la solicitud de aplazamiento de movilización por estudios.
Muy estimado señor Künne:
Tras el debido examen de la solicitud presentada por Vd.
en fecha 15 de agosto del presente año, en la que solicita aplazamiento del llamamiento a filas alegando su actual condición de estudiante de Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela, se procede a denegar la exención por los motivos que se detallan a continuación:
1. No se considera acreditada la necesidad imperiosa de concluir sus estudios en territorio extranjero a efectos de interés estatal inmediato, en atención a las circunstancias excepcionales del actual estado de guerra.
2. Aunque se reconoce la utilidad futura de juristas con formación en Derecho internacional y comercial, el Reich no puede, en la presente coyuntura, subordinar sus necesidades militares a proyecciones académicas o profesionales de carácter potencial o eventual.
3. La naturaleza de su residencia fuera del Imperio —aun siendo de nacionalidad alemana— reduce el peso de su implicación en la planificación estratégica del cuerpo jurídico nacional.
La presente resolución se dicta conforme a criterios de carácter general establecidos por la administración militar.
Sin embargo, podrá interponerse recurso ante la Oficina Central de Exenciones del Ministerio en el plazo de quince días naturales, a contar desde su notificación, por medio de la representación diplomática correspondiente, si así se estimase oportuno.
Se le requiere que acuda a su representación consular en un plazo no superior a diez días desde la recepción de esta misiva a efectos de notificación formal y coordinación de su traslado conforme a los protocolos vigentes.
La no comparecencia podrá ser considerada como acto de insubordinación conforme al código militar vigente.
Reciba el testimonio de nuestra consideración distinguida.
Por orden del ministro de Guerra Imperial
Coronel Dr. Eberhardt Krug
Dirección General de Incorporación y Servicios
Una rúbrica manuscrita con estilográfica y un sello de tinta roja completaban el documento.