Capítulo 15
—¿ H as encontrado algo?
Joshua negó con la cabeza, frustrado, al reunirse con su esposa en el salón, y su expresión abatida hizo que a Violet se le cayera el alma a los pies.
—Ha sido más difícil de lo que pensaba acceder a los documentos relacionados con cualquiera de los hombres fallecidos —dijo, dejándose caer pesadamente en uno de los sillones—. No soy escribano ni magistrado, así que no tengo motivo para andar indagando en esos asuntos.
Violet percibió el desánimo en su rostro y lo compadeció.
—Lo lamento, Joshua.
Él sonrió, aunque la preocupación no abandonó sus ojos.
—No es nada que hayas hecho tú, Violet —murmuró con suavidad—. Has sido una ayuda maravillosa en esta situación, y me asombra tu inteligencia.
Violet se sonrojó a su pesar, consciente de que el enfado por cómo la había apartado se había disipado a medida que iba conociéndolo mejor.
El tiempo compartido desde su regreso a Londres la había obligado, poco a poco, a ver a su marido bajo una luz distinta.
Él había hecho cuanto estaba en su mano para protegerla, y por eso le estaba agradecida.
Había dado por sentado que la verdad no bastaría para convencerla de casarse con él y, si era sincera consigo misma, llevaba razón.
Además, lo echaba de menos de un modo que no acertaba a explicarse, viviendo como vivían bajo el mismo techo.
Pero dormir sola cada noche, con su marido en la habitación contigua, le provocaba un dolor sordo y persistente que no podía evitar.
Anhelaba sus caricias, deseaba que hubiera entre ellos algo más que la amistad que había ido surgiendo.
Perdonarlo por lo que había hecho era el último paso, la última barrera que permitiría que su corazón se abriera por completo.
Solo que le aterraba que volvieran a hacerle daño.
—Eres demasiado amable, Joshua —murmuró, acercándose a la ventana del salón—. Solo deseo que encontremos al culpable para que nuestro futuro pueda empezar.
La piel le hormigueó cuando él avanzó por detrás hasta reunirse con ella junto a la ventana; al volverse, descubrió que la miraba a ella, no a la calle.
—Entonces ¿piensas en nuestro futuro? —preguntó él con voz ronca y una vacilación que ella no esperaba—. Después de todo lo que he hecho, ¿puedes albergar alguna esperanza?
Ella le puso una mano en el brazo y reparó en la incertidumbre de su semblante.
—Creo que he llegado a perdonarte —dijo en voz baja—. Eres un hombre dispuesto a dejarme ser quien soy, que no me frena ni pretende hacerme entrar en un molde. Te lo agradezco. No muchos hombres serían tan comprensivos.
Le ardían las mejillas y apenas conseguía sostenerle la mirada mientras intentaba explicar todo lo que sentía; tomó aire y pidió que el coraje llegara con aquel aliento.
—Debo confesar que espero que algún día haya amor, o al menos afecto, aunque entiendo que quizá nunca llegue. En cualquier caso, quiero que sepas que me importas mucho, a pesar de todo lo ocurrido. Ahora que veo la clase de hombre que eres, no puedo evitar pensar bien de ti.
Apenas había terminado de hablar cuando la boca de él se posó sobre la suya y sus brazos fuertes le rodearon la cintura, estrechándola contra sí.
Violet descubrió que era incapaz de no responderle; le echó los brazos al cuello y le enredó los dedos en el pelo.
El beso fue ardiente y dulce, encendido por una pasión subyacente que ninguno de los dos, por el momento, había dejado libre.
Al fin, Joshua interrumpió el beso; respiraba entrecortado y apoyó la frente contra la de ella.
—Espero que eso disipe algunas de tus dudas —dijo sin aliento—. Créeme, Violet, siento por ti mucho más que afecto. ¡Cuánto lamento lo que hice! Si estás dispuesta a perdonarme, haré todo cuanto pueda para demostrarte lo mucho que me importas de verdad.
Violet no podía fingir que no sentía la misma oleada de calor correrle por las venas, por novedosa que aún le resultara la sensación. Sin fiarse apenas de sí misma y plenamente consciente de que estaban en el salón, se alzó para besarlo de nuevo, encantada cuando él le correspondió.
Cuando sus dedos encontraron los botones de la camisa, él se detuvo y se apartó un poco, clavándole los ojos.
—Por favor —susurró Violet, sin saber a ciencia cierta qué era lo que pedía—. Joshua, por favor.
Él esbozó una mueca y dio un paso atrás, lo que hizo creer a Violet que iba a rechazarla; pero, en lugar de eso, se dirigió a la puerta, dijo algo a un lacayo, cerró la puerta tras de sí y volvió junto a ella.
—Solo para que no nos interrumpan —murmuró, deslizándole los dedos por la mejilla—. ¿Estás completamente segura, Violet?
Era distinto del hombre que había sido antes, del que le había hecho el amor por primera vez.
Entonces la había animado y persuadido, mientras que ahora se afanaba en cerciorarse de que ella estaba dispuesta y preparada, de que era de verdad decisión suya.
Eso, en sí mismo, demostraba cuánto se arrepentía de su conducta anterior.
Suspirando para sus adentros, Violet no contestó, sino que se limitó a besarlo otra vez mientras sus dedos buscaban los botones de la camisa.
Cuando él le bajó el vestido de un hombro, ella no lo detuvo; de pronto estaba desesperada por sus caricias.
Los labios de él se separaron de los suyos y descendieron por la columna de su garganta y a lo largo de la clavícula, al tiempo que las manos de ella le rozaban la piel desnuda.
El ardor que había en sus ojos al levantar la cabeza la hizo estremecerse, y se quedó mirándolo un instante como si cayera en la cuenta de lo que estaban a punto de hacer.
Luego él volvió a besarla y Violet supo con absoluta certeza que, a pesar de lo ocurrido entre ellos, deseaba aquello.
Deseaba estar con él. Era el único que podía colmar la necesidad que crecía sin cesar en su interior. El único que la colmaría jamás.
Pareció como si el tiempo se detuviera mientras él la conducía, llevándola a un clímax que le estalló en los oídos y le sacudió el cuerpo, haciéndola contraerse en torno a él.
Había sido tan cuidadoso, tan delicado, igual que la primera vez, y Violet no pudo evitar amarlo por ello.
La había sorprendido un poco que la mesa hiciera las veces de cama, pero había resultado más que adecuada.
Aún se le estaba enfriando el calor en las venas cuando él la recompuso, alisándole las faldas que le había levantado y concediéndole un momento para asegurarse de que el vestido y la ropa interior estaban en orden.
—Deberíamos arreglarnos —murmuró él, rodeándole la cintura con un brazo—. Lord Sebastian no tardará en llegar.
Segura de que tenía las mejillas encendidas, Violet asintió e intentó sonreír, sintiéndose más que reconfortada cuando él le rozó los labios con los suyos.
—Esta vez no me iré —le susurró al oído, apretando la mano en su cintura—. No volveré a dejarte nunca, Violet, te lo juro.
* * *
—Oh, disculpe.
Un rato después, Lord Sebastian entró y miró de uno a otro, evidentemente consciente de que algo había cambiado entre ellos. Violet le sonrió, consciente de que Joshua no había retirado la mano de su cintura.
Los dos habían vuelto a sus habitaciones para cambiarse y después habían regresado al salón.
Ella esperaba que Joshua se sentara aparte, como solía hacer.
En lugar de eso, había elegido acomodarse lo más cerca posible de ella en el sofá y le había preguntado cómo se sentía tras lo ocurrido.
Su amabilidad y su consideración lo decían todo.
—Acabo de llegar —prosiguió Sebastian, dirigiendo una mirada a Violet—. Y justo entonces ha llegado un mensajero. Parece que Lord Swinton, anteriormente el señor Anderson, le ha enviado una nota urgente. El mayordomo estaba buscándolo y le he dicho que yo la subiría.
—Gracias —dijo Joshua, frunciendo el ceño—. Apenas lo conozco.
Se puso en pie, cogió la nota de manos de Sebastian y, al romper el sello, abrió el pliego.
—Ni yo —masculló Sebastian, visiblemente intrigado.
Violet tampoco pudo evitar preguntarse de qué trataría la carta, de modo que permaneció sentada y cruzó las manos sobre el regazo para no caer en la tentación de leer por encima del hombro de su marido.
—Qué interesante —murmuró Joshua en voz baja—. Se ha enterado de que yo andaba indagando sobre la reciente muerte de su hermano y desea hablar conmigo del asunto.
—¿Su hermano? —repitió Violet, confundida—. ¿Era su hermano uno de los hombres de la lista?
—Creo que sí —respondió Sebastian despacio—. El anterior Lord Swinton.
Miró a Joshua con un destello de entusiasmo en los ojos.
—¡Quizá la fortuna del hermano del nuevo vizconde le fue arrebatada y entregada a nuestro Swinney North!
—Y solo ha podido conservar el título y los bienes vinculados al título —añadió Joshua en voz queda, mientras su expresión se volvía grave—.
Debo ir a hablar con él de inmediato. Si puede decirnos quién fue el beneficiario del testamento de su hermano, ¡sabremos a quién buscamos!
Volveré enseguida. Sebastian, si pudieras quedarte hasta que yo vuelva, te lo agradecería.
Violet entrelazó las manos mientras Joshua salía casi corriendo del salón después de detenerse a besarle la coronilla, dejándola a solas con Lord Sebastian.
El corazón le latía más deprisa a medida que aumentaba su esperanza, y anhelaba desesperadamente que aquel encuentro fuera la clave para resolver el misterio de quién era en realidad Swinney North.
Por fin podrían atrapar a ese hombre y ella podría vivir libremente con su marido, sin sentir miedo con solo cruzar la puerta principal.
—Supongo que podríamos volver a echar un vistazo al diario de tapas negras mientras está fuera —propuso Sebastian, haciendo sonar la campanilla para pedir el té—. Al menos nos dará algo que hacer, porque veo que está casi tan agitada como yo.