Capítulo 14
J oshua se abstuvo de hacerle preguntas a Violet —ni tampoco compartió nada con ella— hasta que regresaron a la casa, pues sabía que Sebastian estaría dentro, esperándolos.
Lo mejor sería aguardar hasta poder repasar los detalles con ambos a la vez.
El corazón le latía con fuerza desbocada en el pecho mientras el diario de tapas negras que había encontrado le pesaba en el bolsillo, por más que fuera ligero como una pluma.
Por la expresión de Violet se notaba que estaba exasperada con su negativa a responder a las preguntas que le hacía: las mejillas se le habían encendido con dos manchas de color y los ojos le chispeaban de fastidio.
Joshua sabía que, si ella supiera que así lo encontraba cautivador, con esa chispa que lo inflamaba más de lo que él querría reconocer, probablemente no haría sino enfurecerla aún más.
Desde que se reunió con él en la ciudad, pese a su evidente decepción y a su negativa a aceptar sus disculpas, Joshua descubrió que disfrutaba enormemente de su compañía. Y no solo eso: cuanto más aprendía de ella, más le gustaba.
Era inteligente y aguda, y a menudo soltaba comentarios que hacían reír tanto a él como a lord Sebastian. Sus sugerencias habían contribuido a hacer avanzar la investigación, y la serenidad que conservaba incluso sabiéndose en peligro mortal le hacía admirarla todavía más.
Cuando Joshua concertó el matrimonio, poco había imaginado lo excepcional que era ella, la suerte que tendría de que hubiera aceptado… pues no creía que hubiera podido encontrar a otra dama igual, ni aunque hubiera buscado el resto de su vida.
Por si fuera poco, aun cuando no llevaba los peinados más elaborados ni los vestidos más finos, de algún modo parecía volverse más hermosa con cada día que pasaba.
Caer de pronto en la cuenta de que sentía mucho más por su esposa que cuando se había casado con ella hizo que Joshua se removiera algo incómodo en el asiento.
¿Cómo iba a confesarle algo semejante, cuando ya antes había fingido esos sentimientos?
Ella no lo creería, por supuesto, pero Joshua se prometió en silencio que haría todo cuanto estuviera en su mano para enmendar lo que había hecho.
Le demostraría que de verdad le importaba.
—Ya hemos llegado —murmuró Violet cuando el carruaje se detuvo ante la casa.
—Espera, por favor —dijo Joshua, mirando por la ventanilla—. Sebastian debería aparecer de un momento a otro, y entonces tendremos que entrar a toda prisa.
Violet le lanzó una mirada, y a él lo atrapó por un instante la intensidad de aquellos ojos. Pese a todo, sabía que ella confiaba en que él la mantendría a salvo, y ese solo hecho le caldeaba el corazón.
—Ahí está —masculló Joshua, logrando al fin apartar los ojos de su esposa para posarlos en su amigo, que los aguardaba—. Ahora, deprisa, por favor.
En cuestión de instantes, ayudó a Violet a bajar del carruaje, y enseguida estuvieron los dos fuera, subiendo los escalones de la casa lo más rápido que podían, aunque las faldas de Violet los frenaban más de lo que a Joshua le habría gustado.
Un chasquido repentino le hizo dar un respingo y, justo cuando se volvió para mirar por encima del hombro derecho, otro chasquido llegó desde la izquierda. La piedra de la fachada pareció chisporrotear y una nubecilla de polvo salió despedida.
—¡Deprisa! —oyó Joshua que exclamaba Sebastian—. ¡Les están disparando!
Joshua no tuvo tiempo de cuestionar lo que le decían; el cerebro le funcionaba más despacio de lo normal. Se colocó justo detrás de Violet y la empujó hacia delante. Ella le agarró la mano y tiró de él hasta que estuvieron dentro y lord Sebastian cerró la puerta de un portazo a sus espaldas.
—¡Santo cielo! —exclamó Violet, recostándose contra la pared, muy pálida—. ¡Te estaban disparando a ti, Joshua!
Joshua frunció el ceño, bajó la vista hacia la levita y vio las motas de polvo de ladrillo que le salpicaban la manga.
—No, te estaban disparando a ti, Violet. Debí de ponerme en medio.
Alargó la mano hacia ella y notó que temblaba bajo sus dedos.
—¿Te encuentras bien?
—Estoy bien —respondió ella, aunque no se apartó; tenía las manos apoyadas en el pecho de él mientras lo miraba a los ojos. Joshua observó que Sebastian se retiraba al salón, seguramente para asomarse al exterior y ver si distinguía a alguien todavía por allí.
—Gracias por protegerme, Joshua —dijo Violet en voz baja.
Envalentonado, él le posó las manos en la cintura y la atrajo hacia sí, y oyó su brusca inhalación.
—No podría imaginar cómo sería mi vida si te ocurriera algo —dijo, quedo—. Sé que no llevamos mucho tiempo juntos, pero tú… significas más para mí de lo que crees, Violet.
Vio su gesto de estupor, la incredulidad en sus ojos, pero él no bajó los brazos y siguió sosteniéndola con cuidado.
—No me creerás, lo sé, no después de lo que hice. Pero necesito que sepas que mis palabras son sinceras.
Ella se tensó; sus ojos azules escrutaron el rostro de él en busca de la verdad.
—Si pretendes atraerme de vuelta a tu cama, Joshua…
Joshua la interrumpió, negando con la cabeza al instante.
—No, en absoluto —dijo, quedo—. Eso lo dejo enteramente en tus manos. Cuando estés lista, yo estaré esperando.
Violet parpadeó varias veces, como muy sorprendida por lo que acababa de oír. Tras una breve pausa en la que pareció estudiarle el pecho, alzó la barbilla y lo miró directamente a la cara.
—¿Y si nunca volviera a tu cama? ¿Buscarías a otra?
—No. Te juro que jamás haría algo así —respondió él con vehemencia, sorprendido de la repulsión que le producía la idea de acostarse con alguien que no fuera su esposa—.
Solo te deseo a ti, Violet. A nadie más.
Si eso significa que he de esperar muchos años, hasta que vuelvas a confiar en mí, que así sea.
No tengo a nadie a quien culpar salvo a mí mismo.
Lo decía de corazón, y mantuvo la mirada fija en ella mientras veía cómo se le torcían los labios. La confusión cruzó su rostro, porque era evidente que no sabía hasta qué punto creerlo, pero al menos no se alejaba de él.
—Supongo que será mejor que vayamos a hablar con lord Sebastian de lo que hemos encontrado —murmuró ella por fin, apartándose de él en el momento en que Joshua la soltó—. O, mejor dicho, de lo que tú has encontrado y de lo que yo he averiguado.
Le sonrió, ya no tan pálida como antes.
—Desde luego —murmuró Joshua, quitándose la levita y buscando con la mirada al mayordomo, que pareció materializarse de la nada para recogerle la prenda—. Una bandeja de té, diría yo. Y quizá algo más fuerte.
* * *
—Así que han descubierto algo —dijo Sebastian, bastante relajado a pesar de todo lo ocurrido—, ¿no?
—Así es —empezó Violet, mirando a Joshua—.
La señora Whitby estaba muy alterada, por supuesto, pero mencionó que Sir Whitby dirigía un pequeño despacho, compuesto por escribientes y procuradores.
Por lo visto, últimamente andaba muy atareado con todo lo que tenía que hacer y no paraba de murmurar algo sobre unos documentos.
—¿Documentos? —repitió Sebastian, frunciendo el ceño—. ¿Qué clase de documentos?
Violet abrió las manos.
—Me temo que no lo sé. Tengo la impresión de que la señora Whitby no participaba en absoluto en los asuntos de su marido, como les ocurre a la mayoría de las esposas, así que no pudo contarme gran cosa sobre lo que lo tenía tan preocupado.
—Es una lástima —murmuró Sebastian, pasándose una mano por los ojos con evidente frustración.
—Creo que Joshua ha descubierto algo mucho más prometedor —prosiguió Violet, lo que hizo que Lord Sebastian alzase la vista de inmediato—. Aunque no ha querido contarme de qué se trata.
Joshua sonrió al ver las dos miradas expectantes clavadas en él.
—Tuve que ausentarme, por supuesto, para que las damas pudieran charlar a solas, sobre todo porque la señora Whitby empezaba a alterarse.
—Naturalmente —respondió Lord Sebastian, que fue a sentarse en la silla frente a Violet, aunque se quedó en el borde—. Supongo que aprovechó bien el tiempo.
Joshua asintió con una risita.
—Desde luego. La señora tiene pocos criados y la casa no es especialmente grande, así que pude encontrar el despacho de Sir Whitby sin demasiada dificultad.
—¿Su despacho? —repitió Violet, abriendo mucho los ojos—. ¿Lo registraste?
—¡Pues claro! —exclamó él, enternecido al ver a su esposa tan escandalizada ante semejante idea—. No me quedaba más remedio, por si encontrábamos algo que ayudase al caso.
—¿Y encontraste algo? —preguntó Sebastian, alzando un poco la voz por la exasperación que le producía la deliberada parsimonia de Joshua.
—Así es.
Joshua metió la mano en el bolsillo y sacó un diario de tapas negras. Con evidente satisfacción, lo dejó caer sobre la mesa que había entre los tres.
—¿Encontraste un diario? —dijo Violet, decepcionada—. ¿Eso es todo?
Sebastian, en cambio, le dedicó a Joshua una amplia sonrisa y alargó la mano hacia el libro. Claramente consciente de la importancia del hallazgo, empezó a hojearlo, y se le quedó la boca abierta cuando comprendió lo que tenía entre manos.
—Es más que un simple diario de tapas negras —explicó Joshua en voz baja—. Aquí hay mucho más que un simple diario. El hombre tenía un buen número de cuadernos, y este fue el único que cogí.
Violet asintió, con la mirada puesta en Lord Sebastian.
—¿Y por qué es importante este?
—Este libro es la clave —exhaló Sebastian, alzando la vista hacia Joshua con asombro—. Por lo visto, Sir Whitby hacía todo lo posible por complacer a quien lo estaba obligando a trabajar para él.
—¿Por qué? —preguntó Violet, inclinándose en la silla y frunciendo el ceño hacia el libro—. ¿Qué pone?
Joshua solo había podido echarle un vistazo rápido y apenas había alcanzado a hacer una pequeña conjetura, pero creía que era la acertada.
—Creo que Sir Whitby perdió una gran suma de dinero en las mesas de juego y no pudo saldar la deuda. A cambio, el hombre al que se la debía lo «contrató», por así decirlo.
—¿Para qué lo contrató?
Joshua miró a Sebastian y lo vio asentir mientras seguía leyendo.
—Por lo visto, Sir Whitby utilizaba su empresa para asegurarse de que se alteraran ciertos documentos en beneficio de ese hombre, Swinney North.
Violet soltó una exclamación ahogada.
—¿Ahí figura su identidad?
—No —murmuró Sebastian en voz baja—. Pero no será difícil averiguar su verdadero nombre en cuanto consigamos el testamento de uno de esos hombres.
—¿Testamentos?
Violet parecía más que desconcertada, y su expresión era tan entrañable que Joshua tuvo que sonreír. Resultaba evidente que quería entender, pero, al no haber visto el libro, no acababa de hacerse una idea cabal.
—Swinney North le pedía a Sir Whitby que alterara testamentos —explicó— para poner su nombre, o el de personas vinculadas a él, como principales beneficiarios.
—Ah —Violet frunció el ceño, y se le marcó una arruga en el entrecejo—, pero ¿no sería bastante evidente que estaba ocurriendo algo turbio? Quiero decir, ¡que tantas personas modificaran su última voluntad para beneficiar a un solo hombre!
—Ah, pero por lo visto ha sido muy cuidadoso —la interrumpió Sebastian, que se puso el libro sobre la rodilla y deslizó un dedo por la página—. Ha elegido a hombres de edades muy variadas, y la mayoría de los nombres que aparecen aquí son de hombres que, creo, siguen vivos.
Joshua asintió, con el semblante más despejado.
—Así que pretende hacerse inmensamente rico, pero poco a poco.
—Entonces tendría poder y riqueza —murmuró Violet, y los ojos se le abrieron ligeramente—. Cielos. Parece que hemos descubierto el motivo de todo esto.
—Aunque eso no explica por qué le dispararon a Sir Whitby —replicó Sebastian.
Cerró el diario y se lo tendió a Violet. Ella lo cogió y se puso a hojearlo con avidez.
—Si North lo necesitaba, ¿por qué matarlo?
—Quizá ya había cumplido su cometido —sugirió Joshua—. Si ya había alterado cierto número de testamentos, Swinney North podía encontrar fácilmente a otro hombre como Sir Whitby para continuar la labor, solo que en una empresa distinta.
—Y quizá ya estaba harto de hacer lo que le ordenaban —dijo Violet lentamente—.
Le pidieron que trajera algo y dijo que solo necesitaba unos días más.
Tal vez no quería modificar este último testamento.
Seguro que tenía que entregar una copia a los hombres que trabajaban para Swinney North como prueba de lo que estaba haciendo.
Tenía sentido.
—Tienes razón, creo —murmuró Joshua, una vez más impresionado por su capacidad deductiva—. Parece que lo único que nos queda por hacer ahora es averiguar quién salió beneficiado en los testamentos de los hombres de esta lista que ya han muerto.
—Entonces descubriremos la verdad que se esconde tras Swinney North —dijo Violet con una sonrisa sombría—. Y mi vida podrá volver a la normalidad.
O a la normalidad que pudiera tener, ahora que era Lady Greville.