Las señales del afecto (Corazones a la deriva 2) Capítulo 13
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Capítulo 13

—¿ L o ves? —murmuró Violet, sentada en el asiento frente a su marido—. Estamos a salvo.

Joshua no hizo más que gruñir, con una expresión sombría en el rostro mientras el carruaje se alejaba. Violet era consciente de lo descontento que estaba por no haber obedecido sus órdenes, pero él parecía estar aprendiendo muy deprisa que no era una dama fácil de doblegar.

Su marido apenas abrió la boca mientras el carruaje avanzaba traqueteando por las calles adoquinadas, y Violet dirigió la mirada hacia la ventanilla en lugar de hacia él.

Por mucho que lo intentara, seguía sin poder frenar los sentimientos crecientes que albergaba por él, incluso a pesar de lo que había hecho.

Sentía un hormigueo en la piel siempre que estaban cerca, y se le disparaban chispas por el brazo si los dedos se rozaban por accidente.

En los momentos más inoportunos, se sorprendía a sí misma recordando todo lo que habían compartido aquella noche, y el cuerpo le ardía con el recuerdo.

Quería que le cayera mal, quería sentir rechazo por él, pero lo cierto era que sentía justo lo contrario. Era cálido, fuerte y a la vez delicado cuando hacía falta, de sonrisa fácil y atento con sus deseos y necesidades.

No es que hubiera olvidado cómo la había tratado.

Se sentía más que nunca como una posesión, y quizá por eso se mantenía firme y hacía lo que creía mejor, sin importarle la opinión de él.

Estaba tan dispuesta como él a usar su propia inteligencia, y con eso le demostraría a su marido que no pensaba quedarse en casa, limitándose a esperar a que él llegara a sus conclusiones y resolviera el asunto por completo.

No iba a fingir que no tenía miedo, porque eso sería del todo falso.

No consideraba una debilidad reconocer el propio temor, pues saber que había gente buscándola para matarla haría aflorar el miedo hasta en el corazón del más fuerte de los hombres.

Aunque no quisiera admitirlo, ni siquiera ante sí misma, Violet sabía que la presencia de su marido la hacía sentirse segura, pues sabía que la protegería como ya había hecho antes.

—Estás temblando —murmuró él, irrumpiendo en sus pensamientos.

Violet lo miró cuando sus manos rozaron las de ella, y el calor de sus dedos le atravesó los guantes.

—Estoy bien —afirmó con firmeza, retirando la mano—. Aunque agradezco tu preocupación.

Al volver la vista hacia la ventanilla, percibió cómo él bajaba la cabeza un instante, y lo observó por el rabillo del ojo mientras examinaba sus guantes, dándoles vueltas entre las manos.

—En algún momento tendremos que hablar de nuestra relación, Violet —dijo en voz baja—. Quiero que sepas cuánto lo siento.

—No necesito otra disculpa, Joshua —respondió Violet con sequedad.

Él abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla como si hubiera pensado que era mejor callar. El corazón le dio a Violet un vuelco doloroso, pero optó por no responder y mantuvo la mirada fija en la ventanilla.

—No quiero que pienses que no me importas en absoluto, Violet —dijo, tan bajo que ella tuvo que esforzarse para oírlo—.

Sé que lo que hice fue cruel, pero eso no significa que no sienta .

Sí siento, de verdad. Cometí un error, y debo rogarte que encuentres la manera de perdonarme para que podamos hallar un camino juntos.

Le rozó la mano otra vez, y ella dio un respingo, sobresaltada.

—No quiero un matrimonio frío —dijo él, cuando las miradas se encontraron—. ¿Crees que podremos encontrar la manera de superar estas dificultades?

Violet quería decir que sí, pero en lugar de eso se limitó a alzar un hombro y dejarlo caer. Quería amor y afecto, no solo un sitio en su cama. Quería compartir su vida, y que él compartiera la de ella, para no ser un mero adorno en su brazo, alguien a quien recordara solo al final del día.

—¿Es que no puedes ni hablarme?

La desesperación en sus ojos la quebró, y un suspiro escapó de sus labios entreabiertos.

—¿Qué necesitas de mí, Violet? ¿Qué puedo ofrecerte para que avancemos?

Ella sostuvo su mirada, aunque le temblaba el alma entera.

—Quiero lo que me dijiste al principio, Joshua.

Me prometiste que sentías afecto por mí, algo que crecería y florecería.

Nunca quise un matrimonio sin amor, sin comprensión ni interés por mí y por mis pasiones.

Esta vida debería compartirse, porque no voy a servir solo para calentarte la cama por la noche y luego quedar apartada hasta que te apetezca volver a prestarme atención.

La voz se le quebró y giró el cuerpo hacia la ventanilla, volviéndose para no mirarlo.

—Valgo más que eso.

Hubo una larga pausa, una pausa en la que Violet luchó por dominarse y Joshua no respondió. Le había abierto el corazón, le había mostrado lo vulnerable que era de verdad, y su silencio decía bastante.

El carruaje se detuvo frente a una casa pequeña, y tuvieron que dejar la conversación ahí.

—Aquí —masculló Joshua, abriendo la portezuela de golpe y bajando—. Deja que te ayude.

Violet puso la mano en la de él y bajó, soltándole los dedos casi en el mismo instante.

No era momento de plantearse qué sentía él por ella, ni lo que ella sentía por él.

Era todo demasiado confuso, demasiado difícil de comprender.

De momento, necesitaba centrarse en la señora Whitby, pues iba a tener que elegir las palabras con cuidado para sonsacarle algo de información sobre lo que se suponía que Sir Whitby había entregado al misterioso Swinney North.

* * *

La señora Whitby era una dama menuda y delgada, cuyo cabello entrecano y sus pálidos ojos azules la hacían parecer mayor de lo que era.

Violet la tranquilizó en cuanto se presentó, y la visita pareció complacerle mucho, aunque su pesar resultaba evidente.

Condujo a Violet por el pasillo hasta una salita.

La casa, aunque pequeña, era coqueta y estaba bien cuidada.

—Quería decirle cuánto lamento la prematura muerte de su esposo y preguntarle si puedo ayudarla en algo en estos momentos de aflicción —dijo Violet con suavidad, con el corazón encogido ante la dama, que se sacó un pañuelo de la manga mientras ella hablaba.

Violet lanzó una mirada a Joshua, quien, comprendiendo su intención, masculló algo sobre los caballos y salió de la estancia.

Si Violet pretendía animar a la señora Whitby a hablar con franqueza, la presencia de Joshua no era necesaria.

De hecho, si se quedaba, podía ser más un estorbo que una ayuda.

—Es usted muy amable —respondió la dama, sorbiendo por la nariz quedamente—. ¿Cómo se ha enterado de la muerte de mi esposo?

—Fue mi marido quien lo conoció —explicó Violet, sin faltar del todo a la verdad—. Me contó lo sucedido.

—¡Encontraron su cuerpo flotando en el Támesis! —exclamó de pronto la señora Whitby, sobresaltando a Violet—. ¡Dicen que le dispararon!

—Lamento muchísimo oír eso —murmuró Violet, mientras la dama rompía a llorar de veras.

No había querido alterar a la mujer, pero confiaba en que, ayudando a encontrar a quien ordenó el asesinato de Sir Whitby, podría proporcionarle algo de justicia—.

Es realmente terrible. ¿Están buscando al culpable?

La señora Whitby la miró con los ojos enrojecidos y una expresión de absoluta desesperanza en el rostro.

—La policía poco puede hacer —dijo con tristeza—. Me han comunicado que dudan que logren encontrar al responsable.

Violet asintió, sin querer pensar en el estado de un cuerpo tras haber pasado un tiempo en el agua. Aun así, se estremeció y cerró los ojos un instante para apartar el recuerdo de aquella noche.

—¿Estaba él metido en algo preocupante? —preguntó con cautela—. Sé que mi propio marido ha comentado últimamente que hay caballeros de muy mala calaña en los clubes de juego. —Negó con la cabeza, como aliviada de que Joshua por fin los hubiera dejado—. ¡Estos hombres y sus vicios!

La señora Whitby no pareció molesta por la pregunta, aunque se le frunció levemente el ceño mientras pensaba.

—Sir Whitby disfrutaba de esas cosas, sí, pero nunca mencionó ningún problema. —Los ojos se le llenaron de lágrimas frescas mientras negaba con la cabeza—. Aunque, bien pensado, últimamente andaba muy distraído, murmurando para sí a todas horas.

—¿Murmurando? —preguntó Violet, procurando no mostrar demasiado interés—. Estoy segura de que cualquier información que tenga será de ayuda para las autoridades. ¿Recuerda algo de lo que decía?

—Oh, no, no lo creo —respondió en seguida la señora Whitby—. Hablaba entre dientes muy a menudo, pero de asuntos triviales: caballeros con los que iba a reunirse, documentos en los que tenía que trabajar, asuntos que había que resolver de inmediato.

El interés de Violet se avivó.

—¿Documentos?

La señora Whitby le sostuvo la mirada y esbozó una sonrisa temblorosa.

—Sí, aunque no sabría decirle de qué se trataba en concreto. Siempre era muy reservado con su trabajo.

—¿A qué se dedicaba, si me permite preguntarlo?

—Dirigía un pequeño grupo de escribientes y abogados —respondió la señora Whitby—. Mi hijo se encargará de todo ahora, naturalmente. Yo sé muy poco de todos esos asuntos, pero él siempre andaba muy atareado. Creo que muchísimos caballeros solicitaban sus servicios.

Violet estaba a punto de preguntar más cuando Joshua reapareció en la puerta y le lanzó una mirada que le indicó que su tiempo allí había llegado a su fin.

—No quisiera que le faltase ningún consuelo —dijo Violet en voz baja, al ver la chispa de reconocimiento en los ojos de la dama—. Le ruego que recurra a mí si puedo ayudarla de algún modo. Le dejaré mi tarjeta a su mayordomo.

—Es usted muy amable, lady Greville —susurró la señora Whitby, secándose los ojos una vez más—. Sir Whitby no me ha dejado del todo desamparada, sin embargo. Si soy prudente, podré arreglarme. Mi hijo está en el ejército y regresará a casa muy pronto, así que no estaré sola.

Violet se inclinó hacia delante y le apretó la mano un momento, apenada de veras por el dolor que estaba sufriendo. Luego, con una breve despedida, se levantó y salió de la casa, deslizando la mano en el brazo de Joshua.

Y renovando en su interior la promesa de arreglar aquello.