Las Pruebas del Tarot Capítulo 31 #3
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Capítulo 31 #3

—Sí, la Luna ha hecho toda una demostración de fuerza.

—El rey se apoltrona en el asiento frente a Vesper y a mí con una sonrisa despreocupada.

La reina tiene tanto carisma como fuerza, pero el rey es un personaje distinto: proyecta un aire intelectual y distraído que no sé cómo categorizar del todo.

—Ahora no, padre —dice Vesper en tono quedo sin mirarme siquiera.

El rey enarca las cejas, pero, sorprendentemente, le hace caso.

Pasamos el resto del viaje en silencio. Menos mal, porque creo que yo no sería capaz de hablar con coherencia ahora mismo, y desde luego no tengo el menor interés en charlas intrascendentes.

No se me ocurre preguntarme adónde vamos hasta que el carruaje aminora la marcha y se detiene.

La Reina de Espadas no abre de inmediato la puerta. Con una mirada bastante amable, dice:

—Antes te he dicho que los Espadas te debemos un favor, campeona de la Luna. Parece que ahora te debo dos. Te agradecemos que hayas cuidado de nuestre paje. —Hay ternura en sus ojos—. Nuestre hije.

Yo parpadeo lentamente.

—No quiero vuestro favor.

—Aun así, lo tienes —dice el rey con tono despreocupado, y le da unas palmaditas en la rodilla a la reina—. Vamos a darles un momento.

Los dos salen y cierran la puerta con suavidad. De pronto percibo que algo va mal en este silencio. Tengo un nudo cada vez más grande en la garganta que no me deja respirar. Vesper no me toca, no hace ningún movimiento para evitar que salga de aquí.

—Lo siento.

La sorpresa me hace respirar temblorosamente.

—¿Y por qué lo sientes ?

—He jugado mal mis cartas. —Sigue sin mirarme.

Mantiene la vista clavada en el asiento vacío que tenemos enfrente—.

No entendí lo profunda que era la desesperación de Cato, ni que la Estrella aceleraría los acontecimientos.

Joder, ni siquiera vi que la Sacerdotisa fuera a traicionar a la Estrella.

Sabía que la Muerte tenía una cuenta pendiente con mi corte, pero debería haber previsto que querría eliminarme.

Si tú no hubieras venido corriendo a salvarme otra vez …

—Cierra los ojos y aprieta los puños—. No voy a fingir que entiendo cómo te sientes, Kestrel.

No quiero frivolizarlo. Sin embargo, parte de la culpa de lo sucedido es mía , y lo siento.

Siento el papel que he desempeñado en todo ello.

Yo me restriego el pecho, como si pudiese meter la mano entre mi piel y mis huesos para sacarme esa sensación afilada que tengo dentro.

—Yo he tomado mis propias decisiones.

—Como todos. Aun así, lo siento. —Inspira hondo—.

Una vez que se haya ido el carruaje, habrá una breve ceremonia y, después, nos permitirán regresar a nuestros respectivos templos.

Habrá una gran celebración en los próximos días , algo parecido a las fiestas de los Pentáculos o los Copas, aunque asistirán tanto la Corte Menor como los gremios .

Se esperará que negocies con el Concilium para reclamar un territorio propio o que reclames el de alguno de los miembros de la Cinque caídos.

Le clavo la mirada.

—¿Por qué me cuentas todo esto?

Sigue sin mirarme directamente. Su perfil resuelto está repleto de emociones para las que no tengo nombre.

—Porque estás a punto de entrar en otros juegos, aunque estos no cuentan con reglas rígidas ni dependen exclusivamente de la violencia, en su mayor parte.

Mis padres te ofrecen su favor, y son gente de palabra.

No van a salvarte de las maquinaciones del Concilium, pero su favor te proporcionará cierto alivio.

No será lo mismo con los demás miembros de la Corte Menor ni los maestros gremiales; todos ellos van a buscar debilidades que puedan aprovechar.

Si no se salen con la suya con sobornos y halagos, pondrán todo su empeño en encontrar a tus seres queridos para utilizarlos contra ti.

Inspiro hondo, asimilando sus palabras, y acto seguido dejo escapar una risa amarga. Por supuesto que no se ha acabado. Ele gí este camino sin comprender del todo cuál era el precio. No puedo echarle la culpa a nadie más que a mí misma.

—¿Crees que van a ir a por mi familia?

Vesper asiente bruscamente.

—Creo que es posible. Ya lo habrían hecho si los hubieran encontrado. Por eso, los Bastos secuestraron a Mara en lugar de a alguien más cercano.

Mara era muy cercana. Pero Vesper tiene razón, por poco que me guste oírlo. Ya me preocuparé mañana de ello. Ahora mismo no puedo pensar con claridad.

—Lo tendré en mente.

Vesper vuelve a asentir.

—Independientemente de lo que sea cierto, aquí me tienes, Kestrel. Hasta ahora me has salvado la vida en tres ocasiones. Estamos a punto de entrar en mi terreno . Todo mi conocimiento y mis habilidades son tuyos.

Curvo los labios a modo sonrisa, pero no me hace falta verle la cara a Vesper para comprender que es una expresión horrible .

—Al menos hasta que haga algo que no case con tus intereses y objetivos.

Vesper se encoge.

—Eso no es justo.

—Tampoco es falso.

Suspira.

—No, tampoco es falso. Pero si nuestros caminos llegan a divergir, tendré la buena educación de advertirte.

Esa frase me parece tan cierta como la de que el Rey y la Reina de Espadas cuidarán de mí. Alargo la mano por delante de Vesper y abro la puerta.

—No hagamos esperar a la honorable Corte Menor.