Capítulo 28 #3
Debería alegrarme por tener la oportunidad de hablar con la Muerte, y quizá obtener por fin algunas respuestas sobre su comportamiento en las Pruebas, pero está claro que la Reina de Espadas pretende ir con nosotros. Por muchísimas preguntas que tenga, sé que no he de formularlas delante de ella.
Subimos al segundo carruaje sin más aspavientos. Este espacio, ya pequeño de por sí, resulta claustrofóbico una vez se cierra la puerta. Aquí dentro hay demasiadas personalidades extremas, aunque todo el mundo se muestre reservado. En cuanto el carruaje empieza a moverse, es la Muerte quien habla:
—¿Me permites que te pregunte qué has planeado, Octavia?
La Reina de Espadas, Octavia, esboza una sonrisa serena.
—Solo lo mejor, Muerte. Como siempre, preferimos que la Cinque vea con buenos ojos a la Corte de Espadas. Nuestro evento en honor a los campeones reflejará nuestra manera de pensar, al igual que sucedió durante las últimas Pruebas.
La Muerte suspira, un indicativo casi mudo de su exasperación.
—Muy bien.
La reina centra su atención en la Torre.
—Tu participación en las Pruebas ha sido muy llamativa, campeón de la Torre. ¿Qué harás si llegas a formar parte de la Cinque?
Sigo la mirada de la reina, clavada en la Torre, y me pregunto si este le contará algo de lo que hemos hablado entre nosotros .
Puede que no sea ni el momento ni el lugar, teniendo en cuenta que aún no somos parte de la Cinque, pero , si hay la más mínima posibilidad de poner a la Reina de Espadas de nuestra parte, hablar en privado con ella, tal y como estamos haciendo ahora, podría ser una oportunidad para ello.
Sin embargo, Nero se limita a encogerse de hombros. Tanto su lenguaje corporal como su expresión son herméticos.
—Supongo que lo veréis cuando suceda.
La sonrisa de la reina se mantiene serena, pero advierto algo debajo de ella, una tensión que va aumentando en su cuerpo.
Aunque apenas es perceptible, he aprendido a prestar atención frente a depredadores potenciales.
Da igual lo encantadora y sabia que sea la Reina de Espadas, es una depredadora de la cabeza a los pies.
«Puede que Nero haya hecho bien al morderse la lengua».
Por suerte, la travesía acaba pronto. No estoy segura de qué esperaba, pero, al salir del carruaje con los demás, me encuentro delante de una casa de baños. Y no es una casa de baños cualquiera: es una de los Rubíes .
La Reina de Espadas abre la marcha hacia el edificio. Pasa mos junto a un hombre vestido con los colores de los Rubíes que nos saluda en la entrada con un cabeceo. Me domina la curiosidad al recorrer un amplio pasillo de ventanales rectangulares que dejan pasar el sol de media tarde.
El Gremio del Rubí es famoso por sus casas de baño —entre otras cosas— y , aunque cualquiera puede pagar para usarlas, hay algunas cuyo uso está restringido a miembros del gremio.
Las historias que corren sobre sus profundas piscinas de agua caliente, sus sesiones de masaje y muchas otras cosas que suceden dentro son tan extravagantes que las tenía por meros desvaríos.
Al menos así lo creía hasta que cruzamos una puerta y entramos en una enorme estancia repleta de piscinas que desprenden vapor. Aprieto las manos para reprimir el impulso de agacharme y comprobar la temperatura del agua. Apostaría a que les sentaría de miedo a mis agotados músculos.
Sin embargo, parece que este no es nuestro destino. La reina atraviesa los estrechos huecos que dividen las piscinas siguiendo un camino de baldosas de un color levemente diferente, un gris algo más claro que el de los demás suelos y paredes, hasta llegar a otra puerta.
Esta da a una serie de pasillos extrañamente curvos. Yo memorizo el camino en caso de que esto sea parte de un plan para atraparnos aquí y acabar así con las Pruebas.
Tras una tercera puerta, entramos en una pequeña estancia con varios sofás, sin duda diseñada para que la gente pase el tiem po charlando.
Todo el espacio está decorado con tranquilizadores tonos azules y grises con algunos toques marrones.
Hay incluso una mesa estrecha con varias bandejas de comida para picar, todo bocados que pueden comerse con las manos.
Echo un ojo al picoteo, pero paso de largo y miro por la única ventana que hay frente a la puerta, que da a un patio con jardín repleto de follaje.
«Por supuesto que hay jardín en su casa de baños. ¿Por qué no iba a haberlo?».
—Por favor, disfrutad de la hospitalidad de los Espadas.
—La reina habla con voz suave y agradable, creando una atmósfera íntima .
Se gira en el mismo momento en que siete Rubíes entran en la estancia.
Van vestidos con su tradicional túnica color rojo rosado y son hermosos más allá de toda medida.
La reina sonríe—. Habéis asistido a los…
eventos… que celebraban los Copas, Bastos y Pentáculos.
Os han agasajado, acosado y, en general, pedido más de lo que han dado .
Vaya, es muy buena. De pronto comprendo de quién ha heredado Vesper esa mente tan aguda.
Desde luego, las otras tres cortes nos hicieron sentir como si nosotros fuéramos el entretenimiento.
Al darle la vuelta a esa expectativa, la Reina de Espadas se ha ganado la simpatía hacia su corte al instante. Muy lista.
Con el mismo tono relajante , la reina prosigue:
—Lo único que nosotros os pedimos es que nos recordéis con cariño una vez que lleguéis a formar parte de la Cinque.
—La reina señala a sus ayudantes—. Cuando estéis listos, vuestro acompañante os llevará hasta una habitación donde os darán un masaje y un baño privado .
Si requerís servicios más personales , estarán encantados de cubrir vuestras necesidades.
Esperemos que disfrutéis del tiempo que paséis aquí antes del ocaso.
¿Un masaje y un baño privado? ¿Sexo? Está claro que no pienso recurrir a eso último, aunque utilizar a los Rubíes para proporcionarlo es una maniobra muy muy inteligente.
No es que los Rubíes sean del todo apolíticos — sobre todo, teniendo en cuenta que Fox forma parte del Concilium—, pero se mezclan en política lo menos posible.
Lo que habla cualquier Rubí con sus clientes es sagrado.
Ningún Rubí que se precie arriesgaría su pertenencia el gremio traicionando esa confianza.
Me giro hacia Cato, resuelta a arrinconarlo y hablar con él, a pesar de que Vesper prefería que no lo hiciera, pero este ya se está acercando a la reina y, luego, sigue a un acompañante fuera de la estancia. Vesper me lanza una mirada de disculpa y va tras él.
Estoy tan sola como el primer día de las Pruebas.
En aquel momento no me molestaba. ¡C ómo me gustaría que ahora tampoco!
Qué necia he sido . He probado lo que se siente al tener una alianza , amigos, algo infinitamente más complicado…
, y ahora me ha sido arrebatado, justo cuando he dejado de desconfiar de su existencia .
La desesperación me acecha, más oscura que la noche más profunda, esperando el momento en que baje la guardia. Estoy completamente sola.