Capítulo 27 #3
—Pues no puedo decirte nada más. —Me acerca de un tirón hacia sí. Es tan alto que tengo que echar el cuello hacia atrás para ver sus ojos de ónice—. La Muerte y yo pensamos lo mismo sobre ti. Vas a sobrevivir, Kestrel. Nos aseguraremos de ello.
Debería retirar la mano. No solo porque su contacto me que ma la piel de un modo que tiene poco que ver con el calor y mu cho con la toma de conciencia; sino también porque tocarlo me hace darme cuenta de hasta qué punto mi cuerpo está cubierto de sangre. No me muevo.
—Estoy muy cansada.
—Lo sé. Yo también. —Hunde los hombros un poco, un gesto que lo vuelve algo más humano—. Ya casi hemos acabado.
Dos muertes más. Dos muertes más y terminamos.
Tengo que entrar en el templo, restregarme la piel hasta que el recuerdo de haber matado al Carro se desvanezca e intentar dormir con la esperanza de que la imagen del cuchillo en la espalda de Mara no me siga hasta ese espacio entre mundos.
—¿Qué le sucedió a tu asentamiento?
Él inspira entre dientes, sorprendido. Por un instante, creo que no me va a responder, pero, al cabo da un cabeceo casi para sí mismo, me dice:
—Vivir en lugares que no están amurallados acarrea un gran riesgo .
Lo saben todos los habitantes de los asentamientos.
No tenemos más alternativa que ser conscientes de ello, porqu e estamos pegados a las tierras salvajes.
Sin embargo, hemos encontrado nuestro camino , tenemos nuestros propios métodos de protección.
No son tan seguros como… —Deja morir la voz y vuelve la mirada hacia la lejana muralla—. Pero de algo sirven.
Quiero saber qué pinta tiene esa protección, pero no es esa la pregunta que hay que hacer ahora, así que guardo silencio y espero a que continúe. No tengo que esperar mucho.
—Yo no estaba presente. Había viajado a otro asentamiento al norte para comerciar.
Cuando regresé… —se le quiebra la voz un poco—, habían matado a mi familia.
Mis hermanas, mis padres , mis tías y tíos, todos mis seres queridos estaban muertos .
—Aprieta con fuerza mi mano, pero luego recuerda dónde está y afloja el agarre—.
Si yo hubiera estado allí, habría evitado que sucediese.
No le digo que, de haber estado allí, probablemente habría muerto con los demás.
Cada pocos años , los marineros que llegan del norte o del este hablan de algún asentamiento arrasado sin previo aviso.
Es uno de los riesgos que implica vivir tan cerca de las tierras salvajes.
Supongo que las protecciones con las que contaban fallaron .
Nero no podría haber hecho nada para evitarlo, pero no puedo responder con tanta frialdad a su dolor y culpa .
—Lo siento.
—Sí. —Inspira hondo, y luego otra vez—. Yo también.
—C uando vuelve a mirarme, parece haber regresado del dolor del pasado—.
En parte, por eso quiero entrar en la Cinque.
Quiero darles a los asentamientos más poder de negociación, sí, pero debe de haber un motivo por el que las murallas llevan tanto tiempo en pie, un motivo por el que son infalibles.
Aunque los asentamientos no quieren murallas, estoy seguro de que hay algún tipo de magia que podrían usar para protegerse.
Justo por eso es diferente de los demás campeones. No solo porque él también es un forastero —como yo, aunque no exactamente igual—, sino también porque quiere hacer un cambio que beneficie a muchos, no solo a quienes están cerca de él. «Porque no queda nadie cerca de él». Me estremezco.
—Lo haremos.
—¿El qué?
— Lucharemos por los asentamientos fluviales y por los Sedimentos.
Protegeremos a la gente. —Por un momento, una genuina esperanza brota en mi pecho.
No resultará sencillo, pero estoy segura de que, juntos, encontraremos el modo de hacerlo.
Sin duda valdrá la pena. Dioses, necesito que valga la pena.
Jamás habría imaginado que el precio fuese tan alto—. Te lo prometo.
Él alarga la mano, casi vacilante, y enreda un mechón de mi cabello entre sus dedos. Los dos contemplamos ese punto de contacto adicional entre ambos. Eleva la mirada hasta mi boca y ahí se queda.
—Kestrel…
Esto es demasiado. No sé qué hacer. No sé cómo sentirme.
La sangre del Carro sigue manchando mi cara, mi cuerpo, los cabellos que Nero está tocando ahora mismo.
Cada conversación que tengo con este hombre ahonda en una conexión que no sé gestionar.
No esperaba encontrar a alguien como él durante las Pruebas, alguien que me impulsa a soñar con algo más , alguien que me hace creer que los sueños podrían hacerse realidad. Todo esto me da miedo.
Me aparto de él y Nero me suelta sin vacilación alguna. Aun así, me duele ser quien ha puesto distancia entre los dos.
—Tengo que dormir o, mejor dicho, darme un baño y dormir.
—Nos vemos esta tarde, Kestrel. —El modo en que pronuncia mi nombre, casi como si lo saborease, me hace estremecer—. Que duermas bien.
Una noche más. Dos muertes más. Y, por fin, todo esto acabará.