Las Pruebas del Tarot Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

—Así que la pequeña rata de los Sedimentos ha sobrevivido otra noche. — Se inclina hacia delante, pero retrocedo de golpe antes de que pueda tocarme con sus manos enguantadas—. Qué nervios. Te veo muy dispuesta a escabullirte para ponerte a salvo, independientemente de quién sufra por ello.

—Llámame cautelosa. —No consigo sonar cortante.

Estoy demasiado cansada. Y, lo que es más, sus palabras minan la poca confianza que tengo en que Cato y Vesper comprendan que no pretendía abandonarlos en plena lucha.

Es imposible que ella sepa lo que ha sucedido en el puente, pero la preocupación me reconcome.

—Cautelosa… y cobarde. —La Estrella se encoge de hombros—. Tal y como yo lo veo, no hay ninguna diferencia.

—Pues míralo de otro modo.

Se echa a reír y gira en redondo.

— Que descanses, Luna. Las Pruebas van a acabar esta noche.

La veo alejarse. No ha dicho nada más que lo que yo ya sospechaba, pero aun así me sorprende. Miro a la Sacerdotisa, que sigue cerca de mí.

—¿Ibas a decir algo?

Dirige la vista hacia el templo del Carro, sobre el que ondea mi estandarte.

—Has hecho bien matando al Carro. —Se me debe de notar la conmoción en la cara, porque la Sacerdotisa esboza una sonrisa amarga—.

Vamos, Luna, todos somos campeones dentro de las Pruebas.

Todos tenemos el mismo objetivo: sobrevivir hasta el final y formar parte de la Cinque.

El Carro y la Estrella son aliados formidables, al margen de sus defectos personales… , y los del Carro no eran pocos.

Por primera vez me pregunto quién será ella. Pensaba que no era más que otro monstruo frívolo, idéntica a la Estrella, y quizá sea así. Sin embargo, la mujer que murió en el estadio le importaba, estoy segura de ello…, pero no estoy segura de que eso suponga diferencia alguna. Niego con la cabeza.

—Si lo que esperas es que los cinco nos matemos entre nosotros para que la Estrella y tú venzáis, no va a pasar.

Ella ladea la cabeza, estudiándome.

—Lo comprobaremos esta noche , ¿verdad? No tengo la menor intención de fracasar.

—Igual que todos los demás campeones.

—Aun así. —Echa un vistazo por encima de mi cabeza y se envara—. Buena suerte, Luna . —Parece decirlo con sinceridad. Gira en redondo y se aleja en dirección a su templo.

La Muerte y Nero se acercan por mi espalda.

No me hace falta verlos para saber que se trata de ellos: son los únicos que conseguirían que la Sacerdotisa huyese.

La Muerte pasa a mi lado, se detiene un instante como si quisiera comprobar hasta el último detalle de mi apariencia, y sigue caminando sin mediar palabra.

Nero se detiene a mi izquierda, justo fuera de mi campo de visión, pero estoy demasiado cansada como para girarme hacia él, maldita sea.

Ni siquiera tengo fuerzas para seguir de pie.

Siento que mis rodillas están enraizadas al suelo, inmovilizándome en este lugar y manteniéndome erguida … más o menos.

Cato y Vesper entran a trompicones en el patio.

Vesper apoya todo su peso en Cato…, o quizá es él quien se apoya en Vesper, resulta difícil de decir.

Los dos van empapados, con la ropa pegada al cuerpo.

El brillo de Cato ha desaparecido y Vesper ha perdido la mayoría de los adornos que llevaba en el pelo.

Se los ve tan mal como yo me siento por dentro.

Cato me lanza una mirada que me atraviesa .

Le dice a Vesper algo que no entiendo, se suelta y pasa a mi lado sin mirarme por se gunda vez.

Me duele. Me duele más de lo que podría imaginar.

Ni siquiera me había dado cuenta de que este gilipollas arrogante ha empezado a importarme de verdad. Y  ahora es demasiado tarde.

Vesper se detiene a poca distancia de mí.

—Nos has abandonado.

—No pretendía hacerlo. —Me llevo los dedos a la cara y me sobresalto al comprobar que están ensangrentados—. He matado al Carro. Esta vez de verdad.

—Una amenaza menos, supongo. —Vesper hunde los hombros—. Que duermas bien, Luna.

Luna . No Kestrel. No sé por qué, pero eso me duele aún más que el desprecio deliberado de Cato.

—Vesper…

Pero Vesper pasa a mi lado y se dirige lentamente hacia su templo, perdiéndose en su interior.

Piensan que los he abandonado, que he huido para salvarme.

No puedo echarles la culpa por ello, porque es justo lo que parece.

No saben que las sombras me han atrapado en su interior.

Y, aunque lo supieran, ¿por qué habría de importarles?

Lo único que importa es el resultado, y el resultado es que Vesper y Cato han tenido que enfrentarse solos a dos de los campeones más aterradores de las Pruebas.

—Mierda —susurro.

Unas manos fuertes me agarran por los codos y me levantan… Y me sujetan cuando mis rodillas amenazan con volver a ceder.

—Calma.

No consigo librarme de inmediato, lo cual atestigua lo destrozada que estoy. Nero me ayuda a mantenerme erguida y yo soy tan necia que me atrevo a descansar entre sus fuertes brazos un segundo, y luego otro más.

—Estoy bien —digo demasiado tarde y de forma nada convincente.

—No, no lo está s. —Prácticamente, carga con todo mi peso mientras nos dirigimos hacia el templo de la Luna. Observo las sombras de la entrada, más cansada que nunca en mi vida, pero aun así reticente a entrar.

—¿Qué ha pasado en el puente? —No sé si espero de verdad que me lo diga o solo estoy ganando tiempo.

—Se han tirado al agua.

Lo miro sorprendida.

— ¿Qué?

—A nosotros también nos ha sorprendido. —Se encoge de hombros—. No deberían haber sobrevivido a la caída, y des de luego no deberían estar tan bien después de haber pasado un rato en el río Verso. Ahora mismo deberían estar sufriendo fiebres.

Miro de reojo al templo de la Rueda de la Fortuna.

—Supongo que tenían la suerte de su lado. —Gracias a los dioses por la suerte de Vesper. Debió de agarrar con fuerza a Cato a pesar de todo para asegurarse de que él también quedaba protegido.

—Por ahora. —Siento que Nero me estudia, aunque no lo miro—. ¿Esa sangre es tuya?

—No, del Carro. Lo he matado. —Cada vez que digo esas palabras, siento un nudo en la garganta.

Otra muerte que mancha mis manos. Aunque haya sido por desesperación y mucho menos despiadada que la de la campeona del Ermitaño, eso no cambia que sea un asesinato.

Resulta curioso que no pensara que quitar una vida fuese a afectarme tanto—. No tenía alternativa.

Nero me mira con atención, algo inseguro.

—Vale.

Pero yo ya estoy negando con la cabeza.

—No, eso no es verdad. He tomado una decisión.

Quería sal v ar a Vesper matando a la campeona del Ermitaño.

Quería atrapar al Carro, aunque en el momento no sabía lo que estaba haciendo.

En el reino de las sombras podría haber huido, solo necesitaba espacio para visualizar mi destino.

El Carro habría acabado muriendo. Habría sido culpa mía de todos modos, pero ahora mismo su sangre no me cubriría la piel.

—El reino de las sombras. —Arquea las cejas—. Así que hay un espacio intermedio cuando saltas.

Probablemente no debería haberle contado eso. Quizá mañana me arrepienta.

—Es horrible. Es frío, blando, silencioso. No quiero regresar nunca. —Me estremezco—. El Carro me ha atacado, tal y como dijiste que haría. —Dicho lo cual, hago una pausa—. Si la Muerte y tú habíais decidido que yo sobreviviese, ¿por qué no matasteis al Carro y se acabó?

—Es lo que íbamos a hacer. —Lo dice con franqueza, como si jamás hubiese habido alguna duda al respecto—. Pero primero había que acabar con el Mago .

—¿Por qué?

—Pregúntale a la Muerte.

—Es difícil preguntarle nada , porque me está evitando. —Y le está saliendo bastante bien , excepto por el momento en que intervino cuando me enfrenté a Nonnie. Vuelvo a negar con la cabeza. Siento el cerebro líquido en el cráneo, enfermo—. Si no quiere que muera…

—No quiere, no.

—… y tú tampoco quieres que muera .

—No, yo tampoco.

Hago un aspaviento con las manos.

—¿Y por qué no os aliáis con nosotros y listo?

Solo quedan siete campeones. Lo más seguro es que otros dos mueran esta noche, y con eso se acabó todo.

¿Por qué no colaboramos para acabar con la Estrella y la Sacerdotisa?

—Me siento dividida. No puedo matar a la Muerte , ni siquiera sé si aún quiero matarlo.

Aunque no confío en él, si dice la verdad… Dioses, cómo me duele la cabeza.

Nero se encoge de hombros.

—La primera condición de mi alianza con la Muerte, aparte de la primera noche, es obedecerlo sin rechistar. Parece que existe un motivo para todas las decisiones que toma, incluyendo esta.

—Eso no me basta. —No puedo evitar pensar en lo que me dijo la Muerte. Dijo que no había tenido más alternativa que ejecutar a mi madre, pero no me lo creo . Aunque yo afirme haber tenido que matar al Carro para salvarme, ha sido una decisión consciente .

Nero me agarra la mano.