Capítulo 24
A ún estoy temblando para cuando regreso a nuestra mesa .
Vesper muestra la misma contención que siempre, como si no hubiese sufrido un ataque por parte de le Caballere de Bastos hace nada.
No comprendo cómo es capaz de mantener la compostura.
Si bien yo reacciono con rapidez, pero cuando se me baja la adrenalina lo único que veo es el peligro que acabamos de esquivar por poco.
¿Qué habría pasado si yo no hubiera seguido a Vesper?
¿Qué habría sucedido si la Muerte no me hubiera seguido a mí ?
Vesper me mira con preocupación.
—¿La Muerte te ha amenazado ?
—En realidad, justo lo contrario. —Les cuento con rapidez todo lo que me ha dicho.
Repetirlo no me ayuda a entenderlo mejor, aunque sí que calma mi corazón desbocado.
La Muerte es seguramente el campeón más peligroso que queda, y encima mató a mi madre.
No tiene ningún motivo para darme consejos, ni para querer que yo siga con vida .
Tiene que ser un truco… Pero sus actos indican lo contrario—.
Tú ganas, Cato. Ya habíamos acordado ir a por el Carro esta noche, aunque de todos modos parece que no tenemos alternativa.
Hay que reconocerle que no se pavonea .
—No sé qué pretende la Muerte, pero está claro que los dos tenéis alguna conexión.
—Mira de reojo a Vesper y, luego, vuelve a mirarme a mí—.
Tú no lo ves como un aliado, y tampoco te ha propuesto una alianza exactamente, pero, joder, si de verdad quiere protegerte, podría ser un arma muy peligrosa que usar contra tus enemigos .
Sé lo que va a decir Vesper antes de que hable.
—Estamos al final de las Pruebas. Sería una necedad no aprovechar semejante arma.
—La necedad sería pensar que la Muerte es un arma a nuestra disposición.
—Sin embargo, me amilano enseguida. Me sigue dando vueltas la cabeza, pero no puedo aferrarme a mi determinación de acabar con la Muerte .
Sé que mató a mi madre y, aunque Mouse lo describió como un ejecutor frío e impasible, está claro que la Muerte lamenta haber sido quien le cortó la cabeza .
Jamás se lo perdonaré, pero este misterio es más profundo de lo que yo pensé en un primer momento—.
En cualquier caso, estoy de acuerdo. Hemos de centrarnos en el Carro, y luego veremos cómo está la situación al alba .
Cato asiente.
—Primero tenemos que pasar por lo que sea que hayan ideado los Bastos. Manteneos firmes y no reaccion éis, pase lo que pase esta tarde.
Es más fácil decirlo que hacerlo. Cada día hay más complicaciones de las que ocuparse. No es que esperase hacer amigos entre la Corte Menor, pero me inquieta que los Bastos hayan venido a esta fiesta con la clara intención de atacarme específicamente a mí.
Aunque no solo a mí.
—¿Nonnie te ha hecho daño en la pierna? —pregunto, más que nada para distraer los nervios que me cosquillean en la garganta.
—Odio no conocer todos los factores de una situación concreta.
Aunque la vida en los Sedimentos sea dura, existen reglas, como en cualquier otro sitio.
Lo único que hay que hacer es aprenderlas.
No obstante, la Corte Menor parece jugar con reglas distintas a las que hemos de seguir nosotros.
Eso ya lo sabía , no soy ninguna idiota, pero no me esperaba que amenazasen a los campeones durante las Pruebas.
—Me las arreglaré esta noche —dice Vesper en tono tenso.
Cato emite un sonido de insatisfacción.
—No es eso lo que te ha preguntado, Vesper.
La Rueda suspira y se hunde más en la silla.
—No hay modo de mutilarme la pierna más de lo que ya está.
El numerito de Nonnie me dejará un moratón, y me duele bastante, pero no es peor de lo que me han hecho en el pasado.
Tampoco es que me haya arrojado delante de un carruaje.
—El modo en que pronuncia esa última frase hace pensar en una piedra erosionada después de que la hayan acariciado durante décadas con el pulgar, suavizando sus aristas, aunque sigue siendo una piedra, dura e implacable.
Una vez más, Cato formula la pregunta que yo no me atrevo a hacer:
—¿Eso es lo que te pasó en la pierna? ¿Te atropelló un carruaje?
—Esta conversación es tremendamente aburrida.
—Ninguno de nosotros dice nada, así que Vesper pone los ojos en blanco—.
Pues sí, la verdad es que sí. Yo tenía seis años.
Una de mis tías pensó de forma equivocada que si yo me hacía una horrible herida mi madre se distraería lo suficiente como para acabar con ella sin problema.
Subestimó a mi madre, pero yo pagué el precio de todos modos.
El carruaje me aplastó la pierna y esto es todo lo que pudieron hacer los médicos más expertos de la Corte de Pentáculos para salvarla.
Me dijeron que fue un milagro que volviera a caminar.
Hay días en que incluso lo agradezco. —Una vez más parece que habla de memoria, recitando los hechos como si le hubiesen sucedido a otra persona.
Seis años. Seis . La misma edad que Fawn.
Aunque Vesper tenía mejores cuidados y alimentación que Fawn a esa edad, eso no cambia que fuese muy joven.
Fawn casi no me llega a la cadera. La encontramos deambulando por las calles hace algunos años, buscando a su madre.
Sospecho que la mujer ha muerto, pero no sería la primera vez que unos padres abandonan a sus niños y se largan a otra parte de los Sedimentos, al otro lado de la ciudad.
Nadie controla las idas y venidas de la gente como nosotros.
No entiendo cómo puede mirar alguien a un chiquillo y no querer protegerlo. Idear fríamente un plan que podría acabar con una criatura para obtener un título nobiliario…, hacerle algo así a un familiar …
—¿Sigue con vida esa tía?
Vesper esboza una leve sonrisa.
—No. Mi madre la obligó a confesar y la ejecutó ella misma.
Quiero hacerle otras preguntas, saber si la imponente Reina de Espadas se sentó junto a su cama hasta que se recuperó. Si Vesper se sintió a salvo en su propia corte después de lo sucedido. Si…
No es asunto mío. Nos ha contado todo esto porque Cato se lo ha preguntado, no porque quisiese compartirlo con nosotros.
Vesper carraspea para indicar que no quiere hablar más del tema.
—Hay varias formas de salir del estadio.
Será mejor que no huyamos por el mismo sitio por el que hemos llegado.
Lo más seguro es que los Bastos nos impidan el paso, aunque técnicamente no se les permite interferir.
Es probable que los demás campeones intenten salir por ahí, lo cual nos pondría en aprietos.
—Estoy de acuerdo — dice Cato. Sigue mirando a Vesper del mismo modo en que a veces lo he visto mirándome a mí, como si los datos que acaba de descubrir lo hubiesen hecho cambiar de opinión sobre elle. No sé cuál será su nueva opinión, pero está centrado en el plan, y de momento con eso basta.
—Eso nos deja dos opciones. —Señala la arena—. Suelen sacar a sus gladiadores de esas tres puertas que están justo frente a nosotros. Por ahí salimos después de la Criba. Cada puerta lleva a un laberinto de celdas y pasillos, pero he memorizado la disposición. Puedo guiaros.
Nos separa bastante distancia de esas tres puertas. Suponen el mismo problema que huir por el camino por el que hemos llegado, pero estoy de acuerdo con que es la mejor de las vías de escape.
—¿Cuál es la segunda opción?
—Es menos viable, pero ¿ves esos huecos que rodean la parte inferior del estadio?
Sigo su mirada. Lo que en un primer momento pensé que eran sombras proyectadas por el sol son en realidad aberturas. Son estrechas, de menos de treinta centímetros, y se encuentran entre cada viga.
—¿ Qué son?
Es Cato quien responde:
—A veces inundan el estadio para que los gladiadores luchen sobre barcos hechos a medida, pero luego hay que vaciarlo todo.
Esos huecos se pueden cerrar durante las luchas acuáticas para mantener el agua dentro.
Se vuelven a abrir para extraer tanto el agua como los restos de los barcos. Y los cadáveres, supongo.
Yo alzo las manos. Antes de las Pruebas, sabía de la existencia del estadio —todo el mundo lo conoce—, pero no tenía toda la información.
No hay que conocer hasta el último detalle del monstruo que te persigue para saber cómo evitarlo.
Si los Bastos nos hubieran capturado a mí o a los míos, no habríamos tenido que preocuparnos por acabar aquí .
Lo más probable es que hubiésemos perdido una mano: el castigo por robar.
Sin embargo, esto es demasiado. Me duele la cabeza solo de pensar en el derroche del que habla Cato.
—O sea, que inundan el estadio.
— Es un sistema bastante inteligente, en realidad. Tienen un modo de desviar el agua del río para llenarlo, y lo drenan del mismo modo, pero río abajo. —Vesper sigue estudiando la arena ante nosotros—. El sistema lo ideó un Pentáculo. A los Bastos jamás se les ocurriría algo así.
Por extraño que parezca, eso me tranquiliza un poco.
No desvían agua potable hacia este lugar para su maldito entretenimiento.
La gente que se atreve a beber de los ríos Saevus o Verso está desesperada o quiere acabar con su vida.
Las aguas debieron de estar limpias en su día, antes de la fundación de Caelria y la creación de la muralla que nos protege de las tierras salvajes.
En la actualidad, todos los detritos de los gremios del Cuarzo, el Diamante y el Granate se vierten al río, por no mencionar las alcantarillas.
Las aguas contaminan buena parte de la b ahía, sobre todo con marea baja.
En casa estamos tan cerca del Distrito del Peridoto que tengo que recordarles constantemente a los niños que no se escabullan para ir a darse un baño.
Como si las mareas no fueran de por sí lo bastante peligrosas, lo más seguro es que quien sale del agua haya contraído alguna enfermedad por culpa de los químicos y basuras con los que se entra en contacto.
Entiendo lo que sugiere Vesper, pero niego con la cabeza.