Las Pruebas del Tarot Capítulo 23 #2
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Capítulo 23 #2

—La más alta es Alma, que ocupa el puesto de Reina de Bastos — me informa Vesper en tono quedo—. La más baja es Dahlia, que ocupa el puesto de Rey de Bastos, y es la tía de Nonnie. No se puede confiar en ninguna de ellas.

—No creo que fuésemos a confiar de ningún modo. —Cato suelta una risita—. Son Bastos .

—Aun así , vale la pena repetirlo: no confiéis en ellas.

—Tomo nota de tu advertencia.

Cuesta creer que Cato sea el que parece más tranquilo ahora mismo. Está tenso, pero no tiembla de inquietud, como Vesper y yo. No comprendo a este hombre. A veces se muestra veleidoso, como si no le importase una mierda nada ni nadie; otras veces es tan intenso que me da miedo que me abrase.

Cuando el rey y la reina llegan a nuestra grada, se aproximan a las tres mesas. De cerca, me sigue resultando difícil calcular la edad que tienen. Parecen mayores de lo que pensaba, pero no tanto para que los años los hayan desprovisto de su fuerza y porte, como sí ha sucedido con Mouse.

—Bienvenidos, campeones. Es un honor contar con vuestra presencia en nuestra humilde corte.

—Mientras el rey habla, vuelvo a pensar cuántos años tendrá.

En su voz hay cierto temblor que suele ser propio de los ancianos, pero no encaja con su aspecto.

Esboza una sonrisa serena… hasta que sus ojos castaños reparan en nuestra mesa.

Entonces su mirada se vuelve severa…, casi de odio.

La reina se mueve pidiendo la atención de todo el mundo.

—Hemos preparado una tarde entera repleta de entreteni mientos para todos nosotros, pero, antes de empezar, la Corte de Bastos desea aprovechar esta oportunidad para que nos conozcamos mejor.

Aunque ya nos hemos encontrado con algunos de vosotros en el pasado, hay otros que nos siguen resultando un misterio.

Por favor, permitidnos indagar un poco en vuestra vida.

Ya, ni que tuviéramos alternativa. Nos han obligado a tomar parte en fiestas con los Copas y los Pentáculos.

Los miembros de la corte y de los gremios, así como los propios campeones, conversaron bastante durante esos eventos.

¿En qué va a ser diferente, aparte del hecho de que el rey y la reina han hecho acto de presencia?

Al parecer, me voy a enterar pronto, porque el rey se acerca a nuestra mesa.

La reina, por su parte, se dirige a la mesa donde está la Muerte.

Le Caballere de Bastos aparece de donde quiera que se haya escondido y se sienta junto a la Estrella.

No veo al paje por ninguna parte, lo cual debería resultar tranquilizador.

Sin embargo, una sensación de cautela me hormiguea bajo la piel.

Todo esto es muy extraño . Me parece que algo va rematadamente mal.

El rey se lleva sus regordetes dedos a los labios.

—Vosotros, queridos míos, sois un problema.

Vesper, a mi lado, parece haber dejado de respirar.

Cato, por su parte, suelta una carcajada.

No sé si pretende atraer la atención del rey, como si fuera ese el modo con el que lidia con cualquier ataque sorpresa.

Tampoco me da la oportunidad de reaccionar, pues se inclina hacia delante y apoya ambos codos en la mesa.

—No es la primera vez que oímos algo así.

— Espada, pero no cualquier Espada. Le Paje de Espadas. —C hasquea la lengua—. Te has extralimitado. Si tu madre se entera de este plan tuyo, habrá consecuencias. Todo esto es muy irregular.

—Tendréis que hablar con la Reina de Espadas para descubrir qué es lo que sabe —dice Vesper en tono tenso—. Yo tomo mis propias decisiones.

Sin embargo, el rey ya no le hace caso y posa su mirada, aparentemente distraída, en mí.

—Los Cinque provenientes de los Sedimentos han sido siempre fuente constante de problemas. Que te presentes aquí con el mismo título que esa mujer de los Sedimentos que fue ejecutada por traición… Has elegido muy mal, chica .

Hay algo curiosamente reconfortante en nombrar las cosas por su nombre.

Aunque los Bastos sean unos cabrones, su aparente negativa a prestarse a juegos de palabras los coloca en lo alto de la jerarquía.

Por más cuidadosos que hayan sido los Copas y los Pentáculos conmigo, esta es la verdad .

Soy de los Sedimentos y, como tal, siempre me considerarán por debajo de ellos, al igual que a mi madre .

—La Muerte es de los Sedimentos.

El rey asiente.

—Y no yerro al afirmar que ha sido una auténtica espinita clavada desde que llegó a la Cinque.

Yo albergaba la esperanza de que uno de los jóvenes acabase con él , pero, a medida que avanzan las Pruebas, parece cada vez menos probable.

Aun así, no voy a volver a permitir que entre en la Cinque ninguno de los vuestros. Otra vez no.

Cato se vuelve a reír, ahora con más fuerza.

—Lástima que no tengáis ni voz ni voto a la hora de decidir quién llega a la Cinque . Si queríais decidir, deberíais haberos presentado para participar en las Pruebas, anciana.

El rey centra su atención en Cato.

—¿Te crees muy especial? Eres igual que la mayoría de los campeones. Naciste de la nada y estás resuelto a abrirte paso hasta alcanzar el poco poder disponible. No eres único , Sol.

Espero que Cato reaccione irritándose, pero en sus ojos aparece una luz salvaje que me preocupa.

—Esta conversación ha sido maravillosa, pero, tal y como ya he dicho, no tenéis ni voz ni voto a la hora de decidir quién llega a la Cinque. Estáis malgastando el tiempo.

El rey se limita a esbozar una sonrisa tan fría que tengo que esforzarme para no encogerme.

—Ah, la necedad de la juventud… Te crees intocable.

Por mucho que eso sea cierto en el sentido más literal, porque sería un gran sacrilegio hacer daño a cualquiera de los campeones du rante las Pruebas, ninguno de vosotros vive aislado.

Me pregunto si esa protección con que contáis se extenderá también a vuestros seres queridos.

—Ladea la cabeza fingiendo pensárselo—. Supongo que habrá que verlo.

Es una amenaza de lo más efectiva. Los tres nos quedamos inmóviles, respirando cada vez con más tensión. Como defensores de la ley, los Bastos están por todas partes en Caelria, desde los Sedimentos hasta lo más alto de la colina, por lo que no hay que subestimar su alcance.

A mí se me encoge el estómago. El rey va de farol, tiene que ir de farol.

Mouse es demasiado listo como para que lo atrapen los Bastos, y Pika y Quoll han aprendido todo lo que saben de mí.

Los pequeños son demasiado jóvenes como para hacer nada más que mendigar por las esquinas, y aun así nos esforzamos mucho para que no tengan que hacerlo.

Y Mara los vigila a todos. No hay motivo alguno para pensar que los Bastos vayan a tener la oportunidad de tocar a mi familia.

No hay motivo alguno para pensar que van a encontrarlos siquiera.

Cómo no, es Vesper quien rompe este largo silencio.

—Ha sido un placer, Dahlia. En serio , los Bastos sabéis cómo demostrar hospitalidad. Sin embargo, creo que hemos terminado. —Se pone lentamente en pie—. Voy a retocarme el maquillaje.

Dahlia también se levanta.

—Si sobrevives a esta noche, saluda a tu madre de mi parte. —Se gira y se acerca a la Reina de Bastos moviéndose despreocupada y delicadamente, como si no acabase de amenazarnos.

—Vaya zorra —murmura Vesper. Se gira y se aleja, siguiendo la curva de nuestra grada hacia la puerta. Parece saber adónde va , pero, claro, Vesper siempre lo sabe. Sin duda, ha memorizado hasta el último recodo y grieta de este estadio.

—Eso ha sido muy retorcido —dice Cato en tono suave mientras observamos a Vesper atravesar la puerta—. Y efectivo. Todos tenemos seres queridos, y los Bastos son tan numerosos como ratas en esta puta ciudad.

No está diciendo nada que no haya pensado yo ya, pero… me estremezco.

—Mi gente y yo llevamos la vida entera esquivando a los Bastos. Los Sedimentos abarcan toda la longitud de la muralla. No hay motivo alguno para pensar que el rey vaya a saber dónde localizar a mi familia. Ha sido un farol. —Eso espero . De verdad, eso espero.

«¿Y si saben que soy pariente de la última Luna?

». No me ha parecido que su comentario fuese en esa dirección, pero no soy tan buena como Vesper a la hora de descifrar lo que dice la gente.

Dijo que los Bastos rotan mucho por los puestos más elevados, pero el rey claramente es lo bastante mayor como para haber presenciado las últimas Pruebas.

Yo no he cometido traición, no he hecho nada que pueda llevar a nadie a acusarme de haberme vuelto loca por culpa de mi diosa, pero ¿qué pasaría si los Bastos anunciasen a toda la ciudad que soy la hija de una traidora?

Me hormiguea la piel. Cato y Vesper me descartarían como aliada, no les quedaría otra .

Y los demás campeones se centrarían en eliminarme tan deprisa como fuera posible .

Nadie querrá arriesgarse a que otra Luna loca entre en la Cinque…

, ni siquiera la Muerte, quizá muchísimo menos la Muerte.

Debe de estar ganando tiempo… Oigo mis latidos entre cada uno de mis pensa mientos desbocados, cada vez más rápidos a causa de mi creciente pánico.

Al margen de lo poderosa que sea mi magia de sigilo, no soy infalible .

—Mi madre es intocable, teniendo en cuenta que no pertenece a la Corte Menor ni a un gremio. —Cato me transmite este dato con vacilación, sacándome de mis pensamientos.

—¿Qué? —A pesar del sudor que me corre por la columna, consigo sonar casi normal.

—Los Bastos no pueden tocarla. El Carro está tan paranoico que ha llegado al extremo de encerrar a todas sus concubinas mientras duren las Pruebas. Nadie puede verlas siquiera hasta que todo esto acabe. Mi madre está a salvo, tiene que estarlo.