Capítulo 22 #3
—Vamos, vamos, no estropees la sorpresa.
—Nonnie nos señala con sus dedos hinchados a Cato y a mí, pero parece centrarse por completo en Vesper—.
¿Sabes una cosa? Cuando vi que te presentabas para ser le campeone de la Rueda de la Fortuna, no me lo creía.
No habrías llegado a ser Paje de Espadas si tus padres no fueran el rey y la reina.
Imaginé que tendrías suficiente cerebro como para comprender que no ibas a sobrevivir a las Pruebas.
Cato emite un sonidito que me distrae de mi ira.
Al mirarlo de reojo, lo veo tan atento a Nonnie que se me pone de punta el vello en la nuca.
Imagino que no va a echársele encima. Aunque los campeones estén por encima de la ley durante las Pruebas, hay límites.
Por mucho que se considere a los civiles daños colaterales durante nuestras peleas, la Corte Menor jamás permitirá que un campeón le haga daño a uno de sus miembros.
Si Cato ataca a Nonnie, lo matarán. La idea me deja fría y temblorosa. Tengo que hacer algo, y rápido.
Le pongo una mano en el muslo con cuidado, más que nada porque es la extremidad que tengo más cerca y porque quiero dejarlo tan conmocionado que se le pase la rabia.
Cato da un respingo y me mira. Luego mira mi mano sobre su piel desnuda y, acto seguido, vuelve a mirarme a mí.
Su sorpresa es idéntica a la mía. Apenas puedo creer que lo haya tocado así.
El gesto es de una intimidad que no estoy segura de haber pretendido… , pero tampoco me parece fatal.
Siento calor en la piel, por lo que aparto de golpe la mano. Aun así, he conseguido lo que pretendía . La expresión de Cato ahora es burlona, no asesina.
—¿Y qué nos dices de ti, Caballere de Bastos? ¿Cómo conseguiste tú el puesto que ocupas? Porque, que yo sepa, sois todos unos hijos de puta que operáis de la misma manera. ¿No era el rey tu tía o algo parecido?
Nonnie se crispa y sus ojos destellan, pero mantiene la vista centrada en Vesper.
—Así que ahora te juntas con esta calaña, ¿eh, Vessie? ¿No has conseguido una alianza legítima? —Le da con la pierna en la férula—. ¿Qué tal va tu vieja herida? Me ha parecido que cojeabas…, más de lo normal, quiero decir.
«Valiente hijo de perra ».
Vesper suelta un suspiro de aburrimiento.
—Nonnie, tú como siempre, lo que les falta a tus insultos de creatividad lo compensas con abundancia.
Nonnie parpadea.
—Típico de Espadas, hablar con circunloquios en lugar de abordar sinceramente los temas.
Esto es demasiado. No consigo evitar que se me escape una risa amarga.
—Un Basto hablando de sinceridad…, será una broma.
Tu gente es más corrupta que todas las cortes juntas.
— No sé si me creo esa última parte, pero siento un odio muy profundo hacia los Bastos.
El daño que hacen las demás cortes es más teórico que otra cosa.
Sé que todas ponen su propio beneficio por encima de la seguridad y salud del resto de la ciudad, pero con los Bastos lo he visto de primera mano—.
¿Has atacado a algún niño hoy o estás esperando a dejarnos para alcanzar el cupo?
Nonnie se gira lentamente hacia mí . Me recorre de arriba abajo de un vistazo, calculando mi valor como ser humano, que desprecia de inmediato.
—Yo a ti te conozco —dice al fin—. Eres la campeona de los Sedimentos.
—Jamás nos hemos cruzado tú y yo.
—Lo sé —dice restándole importancia con un ademán—, pero he oído hablar de ti. Este torneo te viene grande, niña. Quédate ahí sentada y calladita. —Señala a Vesper y a sí misme—. Hay adultes hablando.
Me arde la piel; mi rabia crece de un modo que a buen seguro me va a meter en problemas. Abro la boca, pero Cato se me adelanta y habla con esa arrogancia indolente que tanto me cabreó el día que nos conocimos.
—Ya sé de qué vas: ladras mucho y muerdes poco. Te crees superior y lo que haces es abusar de la Rueda de la Fortuna, aquí presente. Qué patético todo.
—Si surge la oportunidad, ya verás si muerdo —dice Nonnie con una mueca de desdén—. Lástima que ninguno de vosotros valgáis el esfuerzo, teniendo en cuenta que todos habréis muerto antes del alba.
—¿Es una amenaza, queride Nonnie? —Vesper tiene una expresión que no le he visto antes.
Es francamente cruel—. Yo en tu lugar me preocuparía más por la posibilidad de que tu hermana te apuñale mientras duermes para ocupar tu puesto.
—Nos lanza a Cato y a mí una mirada de compasión fingida—.
Veréis, los Bastos tienen un nivel de rotación laboral muy alto dentro de la corte.
—Vesper, siempre tan zorre.
—Mira quién fue a hablar —replica Vesper sin perder comba. Echa un vistazo por la ventana—. Anda, ya hemos llegado, por fin puede acabar esta tortura de conversación.
Nonnie prácticamente se baja de un salto del carruaje, con una ira tan patente que juraría que las hojas se pudren a su paso. Carraspeo.
—Qué agradable.
Cato suelta una risa en forma de ladrido.
—Y tanto, tan agradable como cualquier monstruo de las tierras salvajes. Al menos no tiene voto dentro de los Bastos. Una vez que formemos parte de la Cinque, no volveremos a tener que tratar con Nonnie.
—Qué bonito sería si fuera cierto. —Vesper suelta un suspiro y estira la pierna izquierda—. En realidad, Nonnie es preferible a los demás. Por más que su conversación sea una pesadilla, no se le da nada bien mentir. Vamos. — Sale del carruaje con paso firme y la espalda bien erguida.
—Kestrel. —Cato me detiene poniéndome una mano en el brazo—. Gracias.
Maldita sea, me estoy sonrojando de nuevo. Es notable lo fácil que le resulta a Cato ruborizarme, solo necesita unas cuantas palabras.
—Es que no quiero que mueras.
— Ajá. Estoy seguro de que eso es justo lo que estabas pensando al ponerme una mano en el muslo.
Me zafo de él de un tirón sin que proteste.
—Lo que estaba pensando es que, si atacabas a le caballere, te ejecutarían. Necesitamos que sigas con vida para acabar con el Carro, nada más. Me interesa mucho llegar con vida al final de las Pruebas. —Dicho lo cual, huyo del carruaje.
La risa y las palabras de Cato me siguen:
— Como todos, Luna. Como todos.