Capítulo 22 #2
—Nonnie, Caballero de Bastos. Beatriz, Paje de Bastos.
Miro de reojo a Vesper.
—No nos dijiste el nombre del Paje de Pentáculos cuando nos llevó a la fiesta ayer. ¿Estos dos son amigos tuyos?
—Por supuesto que no. —Arruga la nariz—. Por más aburrida que sea la Corte de Pentáculos, la prefiero sin dudarlo a la de Bastos.
—Pero eso es solo porque a los Bastos y a los Espadas les gusta ver quién la tiene más larga en cuanto a jurisdicción —dice Cato, y le pasa un brazo por los hombros a Vesper con aire despreocupado—. Habéis tenido más roces con ellos que con los otros.
—Muy osado por tu parte suponer que los Espadas no hayamos tenido roces con todo el mundo.
—Vesper pone los ojos en blanco, aunque parece haberse relajado—.
Aun así, no te equivocas. Los Bastos son unos dictadores codiciosos que piensan que, dado que algún idiota les concedió el cargo de policías entre la población cuando se fundó Caelria, así como cierta afinidad con el fuego primordial, tienen la última palabra sobre cualquier asunto sin supervisión alguna.
—Resopla por la nariz—. Son tan torpes como peligrosos .
Ahora me toca a mí soltar un resoplido.
—Ya, claro , porque los Espadas jamás han metido la pata en ningún juicio. Que sepáis si os miente alguien no os vuelve infalibles. Ni siquiera os molestáis en celebrar juicios en buena parte de la ciudad.
—Disculpa, Vesper, pero aquí estoy de parte de Kestrel. —C ato le da un apretón a Vesper y baja el brazo—. Los Espadas y los Bastos son dos caras de la misma moneda. Lo que pasa es que tu gente no tiene las manos tan manchadas como ellos.
Vesper abre la boca, pero parece pensarse mejor lo que estaba a punto de decir y acaba encogiéndose de hombros.
—El sistema no es en absoluto perfecto, con independencia de lo que crean los demás miembros de la Corte Menor.
Es la primera vez que oigo a alguien de la Corte Menor reconocer algo así, pero no es que antes de las Pruebas pasara mucho tiempo con ninguno de sus integrantes, ni tampoco de los gremios. En parte, suponía que estaban contentos con la situación actual, porque les beneficia .
—Los Pentáculos enviaron a su paje al evento. Los Bastos envían a su paje y a su caballero. ¿Cómo es que los Copas no enviaron a un miembro de la corte?
—Porque cuentan con el favor de la Estrella.
La tienen en el bolsillo, es como si fuera su mascota en la Cinque.
—Vesper advierte mi expresión conmocionada y niega con la cabeza—.
Debes de haberte dado cuenta de que , al igual que mi atuendo refleja mis lealtades, el de la Estrella también.
No es porque pertenezca a la Corte de Copas, sino porque ha sido su aliada desde las últimas Pruebas.
—A mí me sigue pareciendo una necedad. ¿No están demasiado seguros de que sobrevivirá?
—Puede. Y puede que no. La Estrella sabe jugar muy bien, tanto en las Pruebas como en la política. No hay motivo para pensar que no llegará a formar parte de la Cinque por segunda vez.
Siguiendo esta lógica, tanto la Muerte como el Carro deberían llegar también a la Cinque.
Y lo mismo se puede decir del Juicio, aunque él murió la primera noche.
Y al Carro pretendemos matarlo hoy mismo.
Me gustaría tener la seguridad que tienen Cato y Vesper de que lo conseguiremos sin perder la vida en el intento, pero es difícil.
Yo solo veo todas las posibilidades de que el plan se tuerza, del mismo modo que se ha torcido todo lo anterior.
Es casi un alivio que el Caballero de Bastos alce las manos y nos haga un gesto para que nos acerquemos. Lleva anillos resplandecientes en ambos pulgares: le Caballere de Bastos, pues.
—Parece que es hora de irse —murmuro.
—Por fin. —Cato nos indica con un ademán que nos adelantemos—. Acabemos con esto.
—Campeones… —Le Caballere de Bastos es de alta estatura, con la piel trigueña , el cabello liso negro y una complexión engañosamente menuda.
Sonríe , pero hay algo en las profundidades de sus ojos castaños que me hace pensar que estaría muy feliz en medio de una reyerta.
Es tan encantadore como parecen serlo todos los representantes de las cortes, aunque no consigue disimular lo poco que nos respeta—.
La Corte de Bastos os felicita por haber llegado tan lejos en las Pruebas del Tarot .
Por favor, permitid que os mostremos nuestra hospitalidad esta tarde .
Aunque me digo que he de andarme con ojo con los Bastos, también paseo la mirada entre los campeones que quedan.
La Estrella y la Sacerdotisa, juntas y vestidas como para ir a un baile en lugar de a una noche de violencia.
El Carro, grande y robusto, tan a gusto y con su piel rubicunda aún más colorada bajo el calor del sol.
El Mago, con aspecto preocupado, los hombros hundidos y la cabeza gacha.
La Muerte, tan imperturbable como siempre, con lo que parece ser el mismo uniforme con el que lo he visto en cada ocasión: negro , negro y más negro, sin el más mínimo adorno.
Y la Torre.
Él tampoco mira a los Bastos, sino a mí , con una intensidad en sus ojos ónice con la que no sé lidiar.
Hemos tenido unas cuantas conversaciones y, aunque me siento atraída por él y comparto sus planes a largo plazo, eso no cambia que estemos en bandos enfrentados.
Quiere que la Muerte llegue a ser parte de la Cinque, y yo, no.
Aunque sobrevivamos a las Pruebas, nos adentraremos en unas aguas políticas profundas y peligrosas, por lo que no hay tiempo para romances.
Apenas hay tiempo para la lujuria, que de todos modos requiere un nivel de confianza que no tengo con ninguno de los campeones, ni siquiera con mis aliados.
Cato suelta un silbidito.
— Maldita sea, Luna. No sé si quiere follarte o arrancarte el corazón del pecho con esa enorme espada suya.
—Quizá ambas —murmura Vesper.
No consigo apartar la mirada de la Torre…, de Nero .
—Ninguno de los dos me estáis siendo de ayuda.
—Tampoco lo pretendíamos. —Cato suena a que se lo está pasando de miedo, aunque parece ser siempre así excepto cuando se muestra irritado con Vesper o conmigo por llevarle la contraria—.
Quizá debas follártelo. Si conseguimos romper su alianza con la Muerte, a lo mejor logras matarlo.
Con la Torre en nuestro bando, tendríamos la victoria garantizada.
Me centro en él.
—Será una broma.
—Por supuesto que no . —Se encoge de hombros, en absoluto arrepentido—.
Todos usamos las herramientas que tenemos a nuestra disposición.
El sexo no es menos virtuoso que la violencia o la manipulación.
Cualquier cosa que nos sirva para ganar es válida.
Si ayuda a que sobrevivamos, no pienso ponerte ni una pega al respecto.
Si las circunstancias fueran diferentes, apreciaría bastante esa manera tan práctica de pensar.
—No digo que el sexo no sea una herramienta válida, pero no irás a pensar que la Torre va a traicionar a la Muerte por acostarse conmigo . Mató a tres campeones durante la primera noche para asegurar esa alianza, dudo que vaya a romperla así como así.
—Te subestimas. Estoy seguro de que eres lo bastante buena en la cama como para hacerlo cambiar de opinión.
—Tampoco es eso lo que estoy diciendo —balbuceo—. Deja de retorcer mis palabras.
—Es que eres muy mona cuando te ruborizas.
—Estuvo a punto de matarla la primera noche —tercia Ves per—.
Pero salió el Sol y la Muerte impidió que eliminaran a la Torre por haberse saltado las reglas.
La segunda noche tengo muy claro que nos salvó del Loco antes de ir a por ti.
Por no mencionar el modo en que la mira cuando bailan. —Vesper se abanica.
— No me estáis siendo de ayuda —insisto.
—Por supuesto que sí. Soy de gran ayuda.
Le Caballere de Bastos sigue hablando. Jamás me he sentido tan agradecida al ver que un miembro de la corte es incapaz de cerrar el pico. Señala el puente que hay al sur.
—Os hemos preparado el transporte. Dirigíos a los carruajes, por favor.
—Lo más seguro es que los Bastos nos lleven hasta el estadio. Les encantan las demostraciones exageradas de violencia y no van a dejar pasar la oportunidad de presumir. —Vesper suspira—. Vamos a tener que caminar mucho para estar de regreso en la isla antes del alba.
—Me parece que está muy pensado —dice Cato—. En todos los sentidos.
—Como siempre. —Vesper echa a andar siguiendo a los demás campeones, que ya están saliendo del patio para cruzar el puente hacia el sur , donde aguardan varios carruajes.
A diferencia de los que nos trajeron desde el estadio el primer día, estos no están en buenas condiciones ni van tirados por hileras de caballos a juego.
Están polvorientos y deteriorados…, jamás he visto nada parecido.
Freno en seco. Veinticinco años de vida en los Sedimentos me insisten en que ponga tanta distancia con esos carruajes como sea posible.
—No pienso subir ahí. Son los que usan para llevarse a los prisioneros.
—Están siendo muy mezquinos. Quieren enviar un mensaje. —Cato me pone una mano en la espalda y me hace seguir adelante a pesar de mis intentos de detenerme—. Que no se den cuenta de que te molesta. Vamos.
No me queda alternativa. Eso está claro.
Resulta curioso lo poco que me molestó que me pastoreasen los Pentáculos y los Copas, pero, claro, mi pasado con los Bastos ha sido muy conflictivo.
Quizá no con estos Bastos en concreto, pero da igual.
Prefiero morirme antes que entrar en esos carruajes, por mucho que Vesper y Cato vayan a mi lado.
Aun así, lo hago . La sensación de estar atrapada aumenta cuando le Caballere de Bastos sube tras nosotros y cierra la puerta. Se sienta junto a Vesper, con una arrogancia tan natural que me pone de los nervios. Muestra demasiada confianza; está clarísimo que disfruta ocupando tanto espacio.
—Qué alegría verte aquí, Vesper.
— Nonnie —dice Vesper con sequedad—. Es asombroso que no te hayas matado en uno de estos eventos que organizas.