Las Pruebas del Tarot Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

—No quiero inspirarte compasión . —Hablo de manera demasiado brusca, pero no soporto el modo condescendiente con el que me mira ahora mismo—. Cato tiene razón: deberíamos ponernos en marcha.

Doy un paso al frente , vacilante. Siento los músculos de las piernas raros, demasiado sueltos . Ahora que estoy caminando, el impacto de cada pisada en el suelo me provoca un agudo dolor en el hombro . Es soportable, pero también presente e inevitable.

Vesper avanza cojeando , apoyándose pesadamente en el bastón. No hay duda de que intenta soportar el menor peso posible con el lado derecho del cuerpo.

—Por supuesto.

No sé si será de mala educación mencionar su discapacidad, pero tengo que saber lo cerca que está de su límite. Además, la primera noche se mostró bastante sincero con respecto al baile.

—¿Cuánto tiempo crees que aguantarás hasta que ya no puedas caminar en absoluto ?

Vesper suspira.

—Tienes que aprender a ser menos directa. Es un rasgo que cansa enseguida, y no te va a servir de nada en el Concilium.

—O quizá tú tengas que aprender a dejar de lado los circunloquios. —Doy otro paso temblorosamente, esforzándome por mantenerle el ritmo, y eso que va muy despacio—. ¿Intentabas ir al mismo ritmo que Cato anoche ?

—Sí y no. —Da unos cuantos pasos más—. Era él quien iba a mi ritmo cuando era posible.

—Sorprendente —murmuro . Aunque en realidad no, ¿verdad? Por más arrogante, creído e impúdico que sea Cato, se ha mostrado considerado, tanto conmigo como con Vesper.

—Como ya he dicho, a veces eres muy gilipollas.

—Sin embargo, su voz no suena enfadada, sino más bien cansada—.

Supongo que tu pregunta tiene sentido, teniendo en cuenta que somos parte de una alianza.

Estas últimas tres noches me he esforzado al máximo.

Había planeado esconderme durante una parte de las Pruebas, pero mi plan no ha funcionado.

—Sí, yo también. —Solo hemos recorrido media manzana y ya me cuesta respirar.

No sé por qué me supone tanto esfuerzo caminar.

Es como si me hubiese pasado toda la noche corriendo junto con Cato y Vesper en lugar de ir sana y salva en brazos…

No, prefiero no pensar en eso ahora. O, francamente, nunca.

—Por decírtelo a las claras: no lo sé. No es la primera vez que sobrepaso mis límites, así que sé que no corro peligro de desplomarme, pero estoy tan cerca que va a ser un problema.

Yo también me siento bastante al límite. Me concentro en poner un pie delante del otro hasta que llegamos al recodo y aparece ante nuestra vista el puente que da a la isla de los campeones .

—Aunque Cato acabe de curarse al final del día, creo que yo no lo he conseguido. Y tú no cuentas con ninguna habilidad de sanación acelerada.

—Lo sé —dice entre dientes.

—Va a querer atacar al Carro esta noche, pero hemos sobrevivido por los pelos al Loco, y eso estando en plena forma. Además, Cato tiene, o tenía, mucha menos experiencia con sus poderes que el Carro. Necesitamos tiempo para recuperarnos y para idear un plan adecuado.

—Hay bastantes posibilidades de que no nos quede más alternativa que luchar.

Si bien este ritmo no está específicamente diseñado para agotarnos, ha conseguido a las mil maravillas que nadie pueda descansar lo suficiente como para recuperarse de sus heridas y del agotamiento.

Aunque la Luna me haya ayudado a curarme, ni mi hombro ni mi mandíbula están en condiciones .

No es la primera vez que me rompo un hueso y, aunque la última vez tardé tanto tiempo en reponerme que me subía por las paredes, a pesar de las protestas de Mouse, una vez curada me sentía bien.

Ahora mismo no me siento bien. Me noto tan frágil que me preocupa que mi cuerpo se rinda cuando más lo necesito, o que mis huesos se hagan pedazos tras un golpe que , en otras circunstancias, solo me dejaría un moretón.

Tengo miedo de que la próxima vez no me cure.

Sin embargo , Vesper está en lo cierto. Por más que nos esforcemos en trazar un plan, hay bastantes probabilidades de que dé igual.

— Sí, tienes razón.

Vesper se tambalea, así que alargo al instante la mano para agarrarle el codo, pero me suelta un gruñido .

—No me toques.

Aparto de golpe la mano.

— Lo siento.

Por primera vez desde que nos conocimos, veo perfectamente sus pensamientos plasmados en su rostro: vergüenza, rabia, un dolor profundo que debe de ser físico, al menos en parte. Inspira hondo, y luego otra vez.

—No necesito tu ayuda.

—Vale. —Como no sigue caminando ni pronuncia palabra alguna, no puedo evitar llenar el vacío—: Es lo que decía sobre llegar andando hasta el patio, ¿no? Tienes que hacerlo con tus propias fuerzas.

—Sí. —La palabra no es más que un jadeo—. Sí, exacto.

Avanzamos a trompicones unos cuantos pasos más en medio de un silencio incómodo.

De nuevo pienso en todo lo que no sé de Vesper, lo diferente que ha sido su vida de la mía…

, y lo parecida que ha sido en aspectos inesperados.

Siento el aliento como fuego en los pulmones, los músculos temblorosos y los huesos frágiles; aunque todo eso es nuevo para mí, al menos en parte.

Sí, siempre he pasado hambre, pero, al margen de las heridas que he sufrido a lo largo de los años, he sido capaz en todo momento de huir del peligro, trepar, luchar y jugar.

Jamás he tenido que preocuparme por los límites de mi cuerpo, como Vesper.

—Puedes seguir sin mí —dice—. Llegaré antes de la sexta campanada.

Tenemos tiempo de sobra y solo hemos de cruzar el puente. Podría hacer lo que Cato y dejar a Vesper atrás, aunque yendo más despacio. Pero ya estoy negando con la cabeza.

—Iremos juntos.

Me esfuerzo por no pensar en lo lento que caminamos, en lo que significa eso de cara a la próxima jornada, tanto el evento como la siguiente matanza.

¿Cuántos campeones quedan? Hemos acabado con la campeona del Ermitaño y el Loco.

Y el grito que hemos oído antes parece indicar que alguien más ha muerto. ¿Quién habrá sido?

La respuesta nos sale al paso cuando por fin cruzamos el puente y llegamos al círculo que forman los templos. Paseo la vista sobre los antiguos estandartes y me fijo en los nuevos.

El Carro ha matado a la Templanza, de quien no recuerdo ni un solo detalle, maldición.

La Torre ha añadido otra víctima a su cuenta: esta vez ha sido la Justicia.

Creo recordar a un tipo alto de piel canela con túnica y hombreras metálicas al estilo de los Espadas.

Miro de reojo a Vesper, pero no veo ninguna emoción en su semblante; supongo que será por el agotamiento o porque no conocía a la Justicia, y en realidad da igual.

Evito mirar hacia el templo del Ermitaño, pero, en cuanto me doy cuenta de ello, alzo la cabeza y estudio el estandarte de la Luna, mi estandarte.

Es igual de hermoso que los demás, con la elegante imagen de una luna creciente en un cielo nocturno de un intenso color azul oscuro .

El reflejo de la luna brilla en un río en la parte inferior.

Quizá deba sentirme victoriosa, pero por dentro estoy más vacía que en las épocas en las que he pasado verdadera soledad. No me queda espacio para nada , ni remordimiento ni alegría ni alivio. He hecho lo que ha sido necesario y seguiré haciéndolo hasta que acaben las Pruebas… y después.