Capítulo 19 #3
—Ha gritado y acabo de iluminar todo el cielo nocturno.
—H inca una rodilla con un cuidado exagerado—.
Cualquier campeón que haya estado lo bastante cerca como para ver u oír la pelea estará ya viniendo hacia nosotros.
—Alza la mirada y entrecierra el ojo bueno—.
Si la Luna funciona igual que el Sol , dejar sus heridas bajo su luz la ayudará a curarse .
Menos mal que no hay luna nueva. Tenemos que mantenerla con vida hasta el alba, el templo se encargará del resto.
—Eso no es…
—O podemos dejarla aquí y escapar nosotros. Esas son las dos opciones que tenemos, Vesper. Tú eliges.
Vesper suelta una maldición tan creativa que me impresionaría si fuese capaz de pensar en algo aparte del dolor que me recorre el hombro y la mandíbula. Quiero decirles que me abandonen, pero no quiero morir. Así, no. Joder , me duele todo.
—Está bien. Carga tú con ella. Pero primero voy a vendarle el hombro lo mejor que pueda .
—Date prisa.
Vesper me arranca un trozo de tela del mono y se encoge.
—Esto te va a doler. Lo siento. —La envuelve alrededor de mi hombro y la ata con fuerza. La presión explota tras mis ojos. Me tenso y clavo los talones en los adoquines. Vuelvo a gritar . Me duele. Me duele tanto que lo único que quiero es desmayarme. Joder, quizá la muerte sea preferible a esto .
Cato vuelve a alzarme en brazos, esta vez con bastante menos delicadeza. Creo. Resulta difícil estar segura, porque cada movimiento me desplaza el hombro y no puedo ni apretar los dientes para contener un grito por culpa de mi puta mandíbula .
—Chis —espeta—. Lo hago lo mejor que puedo, pero , si atraes a los demás campeones, te dejo aquí tirada .
La dureza de sus palabras me centra con más eficacia que cualquier otra cosa.
Pego la cara a su hombro para amortiguar otro grito, pues su roce solo consigue que el dolor aumente aún más.
Cato despide un olor cálido y fresco, un aroma que resulta realmente difícil de definir , a pesar de la sangre que nos cubre a ambos .
Casi me distrae de lo terriblemente mal que ha ido esta noche.
Dos golpes. Es todo lo que ha necesitado el Loco para tumbarme, para dejarme indefensa y completamente dependiente de que mis aliados no me traicionen o abandonen.
No sé qué haría yo en su lugar. Yo volví a por Vesper, pero había un camino directo… y no quedaba tiempo para pensar en una alternativa.
Noto los movimientos de Cato al ponerse en marcha y oigo los inconfundibles pasos de Vesper justo tras él, que va orientando su rumbo con palabras suaves.
Lo guía hasta otra puerta algo más lejos.
Las sombras de los edificios a cada lado del camino se me antojaron muy familiares al principio de la noche, pero ahora encuentro poco consuelo en ellas. Solo consiguen que sienta frío.
—Debería haber una escalera… por aquí. —Se oye un chasquido en la puerta, que antes estaba claramente cerrada con llave—. Vamos.
—¿Cómo sabes todo esto? —Cato entra de lado para que mis pies no choquen contra la pared—. Eres Espada. Aunque no estemos en la corte propiamente dicha, no es que los Pentáculos distribuyan mapas y planos de todas sus tiendas entre los Espadas.
—El conocimiento es el arma más poderosa que se puede tener. —A juzgar por el modo en que Vesper lo ha dicho, está repitiendo algo que ha oído tantas veces que se le ha quedado grabado.
—Ajá. —Cato no suena impresionado—. Aguántame la puerta.
Siento el momento en que salimos al tejado. El frío me envuelve, contrarrestando el calor del cuerpo de Cato . Debería estremecerme, sentirme helada, pero la sensación se parece más a lo que imaginaba que sería hundirse en un estanque de agua limpia. Es… encantador.
«Hija». La voz flota en lo más profundo de mi mente, así que, en un primer momento, me parece que me la he imaginado. Es la misma voz que me advirtió del ataque del Loco. La misma que oí en aquel sueño que no era del todo un sueño. La Luna.
—Déjala aquí. Voy a buscar algo con lo que atrancar la puerta.
Cato suelta un suspiro.
—Esto te va a doler. Lo siento. — Me deposita en el suelo. Aunque parece hacer todo lo que puede por no moverme mucho, no hay forma de evitarlo. Al menos esta vez consigo no gritar. Por poco.
Cato me toca el hombro.
—Creo que por fin ha dejado de sangrar. —Suelta todo el aliento—. Espero que esto funcione, joder. —Habla en voz tan baja que está claro que no se dirige a mí y que no quiere que nadie más lo oiga. Pero yo sí que lo oigo.
«Yo también espero que funcione».
Este reconfortante frescor me recorre con más rapidez ahora que no tiene que competir con el calor del sol. Va aliviando poco a poco el dolor, disipando la sensación que irradia de mi cuerpo hasta que por fin consigo abrir los ojos por primera vez desde que el Loco me ha golpeado en la cara.
Aún siento la mandíbula demasiado dolorida como para ha blar, así que me centro en permanecer tan quieta como sea po sible y en percibir los cambios que va sufriendo mi cuerpo.
El leve chasquido de algo recolocándose en su sitio debería provocarme una auténtica agonía, pero ahora mismo no me siento conectada con mi cuerpo. Una vez más, es toda una bendición.
Vesper aparece, jadeando y con la piel cubierta de sudor. Se deja caer a mi lado y suelta lentamente el aire.
—Está funcionando. Gracias a los dioses .
«Gracias a la Luna, más bien».
Una vez más , esa suave voz me responde, una caricia en un lugar que no soy capaz de definir.
«De nada».