Capítulo 19
V esper nos lleva por una ruta serpenteante a través del Distrito de Pentáculos.
Está claro que lo conoce tan bien como el Distrito de Copas.
Yo esperaba oír sonidos de lucha, pero, sean cuales sean las batallas que se han dado después del oca so, han acabado hace mucho.
Los campeones que quedan están o bien cazando… , o bien escondidos .
—¿Cómo vamos a dar con el Loco? —pregunto en voz baja mientras rodeamos un edificio y nos internamos por un callejón estrecho.
Nuestro plan original, por así decirlo, consistía en seguir al Loco hasta que estuviese solo y atacar. Sin embargo, resulta difícil atacar a nadie cuando no sabes dónde está.
—No tenemos que encontrarlo. Será él quien nos encuentre a nosotros .
—Vesper habla con voz neutra, sin dar la menor señal de que le duele al caminar—.
Lo has insultado en dos ocasiones durante los últimos dos días y has matado a la campeona del Ermitaño antes que él . Vendrá a por ti a sangre y fuego.
No tengo la menor gana de pensar en que el Loco vaya a intentar cazarnos transformado en esa horrible mezcla de humano y criatura.
—Permitidme que insista, pero eso no es un plan.
—Es lo mejor que tenemos —espeta Cato. Ahora mismo rezuma una energía muy agresiva.
Se desplaza adelante y atrás en círculos, como si se muriese de ganas de luchar .
Yo no le digo que se quede cerca; está claro que no piensa hacerme caso—.
Si es capaz de percibir aromas, tal y como has dicho, dará con el precioso rastro que hemos dejado, aunque yo haya cargado un rato contigo.
Tenemos que encontrar un lugar en el que escondernos para tenderle una emboscada.
Aún siento la huella de los dedos de Cato en mi barbilla.
Sería muy sencillo odiarlo por sus duras palabras, pero era justo lo que yo necesitaba oír en ese momento.
Vesper piensa de manera más práctica, aunque es mucho más sutil que Cato a la hora de consolar a nadie; si es que lo sucedido después de matar a la campeona del Ermitaño puede llamarse «consolar» a alguien.
En los Sedimentos hay bastante ternura, solo hay que saber dónde buscarla, aunque jamás me he acostumbrado a que nadie sea tierno conmigo.
Mouse hace lo que puede, pero es un viejo gruñón.
Me habría dicho que levantase el culo y me pusiera en marcha y me habría regañado por olvidar lo que hay que hacer durante las Pruebas.
Mis manos no iban a acabar libres de sangre.
Mara lo comprendería. Hablé con ella bastante sobre los motivos por los que me oponía a ese tipo de entrenamiento en particular en el que tanto insistía Mouse.
Antes de ese momento, Mara apoyaba a medias mi plan para entrar en las Pruebas del Tarot.
Después…, empezó a intentar convencerme con todas sus fuerzas para que buscase otro modo .
Jamás quiso algo así para mí. Me miro las manos : tengo la sangre de la campeona del Ermitaño bajo las uñas.
No quiero saber qué pensaría de mí Mara ahora.
—Hay un buen sitio en la siguiente manzana.
—Vesper interrumpe mis lúgubres pensamientos—.
El arco que da a la calle es lo bastante ancho como para que nos tumbemos encima.
El Loco no tendrá motivo alguno para alzar la vista.
Kestrel, en cuanto gire el recodo, puedes transportar a Cato justo detrás de él.
Y tú, Cato, lo eliminas. Y luego ya pensaremos en los siguientes pasos.
Cato se gira y retrocede un paso uniendo las manos detrás de la cabeza.
—¿Ves, Kestrel? Nos estamos adaptando. Por eso los planes trazados hasta el mínimo detalle no suelen salir bien en el mundo real.
Yo me sonrojo y, luego, me maldigo por reaccionar así.
—Valiente cabrón estás hecho.
—La verdad no me va a hacer daño. —Se encoge de hombros, aunque con demasiada tensión como para transmitir indife rencia—. Alegra esa cara. Estamos a punto de asesinar al único campeón que tiene un interés personal en matarte violentamente. Todo va viento en popa.
—Esa arrogancia es un modo seguro de acabar muerto —murmuro. El Loco no es el único campeón que está interesado en mí, pero al menos sus motivos son claros. Quiere matarme. Yo aún no entiendo a qué está jugando la Muerte.
Estoy tan centrada en mis pensamientos que casi se me escapa la inquietud que se propaga por mi mente. Aminoro la marcha.
—Algo va mal. —¿ Qué está pasando? Siento casi lo mismo que cuando el alba y el ocaso son inminentes, aunque más apagado, como una sombra en lugar de una cuenta atrás.
Cato abre la boca como si estuviese a punto de decir alguna impertinencia, pero acaba por negar con la cabeza.
—Mira, Kestrel, has sufrido una conmoción tras matar a la campeona del Ermitaño, pero de verdad que necesito que te tranquilices. Lo tenemos todo bajo control.
—No, no se trata de eso. —Giro la cabeza, intentando entender de dónde viene esta sensación—. Se trata de algo distinto.
«Ahí». Es una voz diminuta , habla tan bajo que resulta casi imperceptible.
La sigo y alzo la cabeza hacia el tejado que está a nuestra derecha.
En él hay un invernadero, como en los tejados adyacentes, pero hay algo…
, una sombra más intensa que las demás. Entrecierro los ojos, intentando ver qué oculta esa extraña oscuridad, y de pronto dos ojos se abren.
Unos ojos brillantes, amarillos, letales. El Loco .
—¡Cuidado! —Al igual que antes , no hay tiempo para pensar, solo para actuar.
Doy un salto al frente y me muevo por las sombras que nos rodean para derribar a Cato.
Los dos caemos al suelo y nos hundimos en él.
Volvemos a salir al otro lado de la calle en el mismo momento en que el Loco aterriza en el sitio donde estaba Cato .
Esta noche, el Loco es más criatura que humano.
Tiene el cuerpo encorvado, con una forma que claramente no está hecha para caminar erguida, y las garras más grandes, que arañan los adoquines mientras él se afianza en el suelo .
Pero su voz es la misma: emerge de esa horrible mezcla de humano y bestia, de hocico largo y dientes demasiado grandes como para cerrar del todo la boca.
—Me has robado a mi víctima. Tenía muchos planes para esa mujer. —Araña el suelo con las garras. Los tres nos encogemos ante el sonido, cosa que parece encantarle—. Es la última vez que me humillas, Luna.
Yo me pongo en pie y Cato me imita un segundo después.
—¡Que te follen! —La campeona del Ermitaño era eso, una campeona en las Pruebas, pero también una persona.
No sé cómo conjugar mis sentimientos encontrados respecto a lo sucedido.
Aunque la haya salvado del Loco, no la he salvado de mí misma .
Sin embargo, preocuparse por una muerta es un modo seguro de acabar muerta yo también.
Tengo que centrarme en el aquí y el ahora.
Alargo la mano hacia atrás. No hay motivo alguno para sentirme tan sintonizada con Cato ahora mismo, sobre todo porque he pasado la mayor parte del tiempo que hemos estado juntos con ganas de darle una patada en la boca.
Y, sin embargo, sé que él también alarga la mano hacia mí en este mismo instante .
Su mano se cierra sobre la mía: es cálida, reconfortante y cargada de intención.
—Estoy listo —dice con suavidad.
El Loco se gira hacia Vesper.
—Empezaré contigo. —Se agacha con el claro propósito de impulsarse para saltar sobre Vesper. Le bastará con un ataque, pues Vesper no lleva armadura alguna , como la Torre, por lo que las garras del Loco le desgarrarán la piel y su sangre pintará la calle .
—¡No! —La palabra me araña la garganta—. A quien quieres es a mí.
El Loco se echa a reír, aunque parece un gruñido.
—No hace falta adelantarse, Luna. Os voy a matar a todos.
El lenguaje corporal de Vesper no transmite pánico. Se mantiene inmóvil, con el ceño fruncido por la concentración.
—Casi lo tengo…
Hay un destello púrpura en las alturas y uno de los estandartes verdes que atraviesa la calle de lado a lado se suelta. Una repentina ráfaga de viento salida de ninguna parte lo envía directamente sobre la cabeza del Loco, entorpeciendo su vista.
Cato me acerca de un tirón hacia su pecho.
—¡Ahora, Kestrel!
Si sobrevivimos a esto, pienso arrancarle la cabeza por tratarme como si fuera una maldita marioneta.
Me falta el equilibrio, por lo que me resulta difícil atraer a las sombras que nos rodean, pero lo consigo de todos modos.
Aunque la luna creciente brilla e n el cielo, las calles de esta parte del Distrito de Pentáculos están a oscuras .
Tiro de Cato y, juntos, cruzamos la larga distancia que nos separa del Loco en un suspiro.
Cato me arroja al suelo sin miramientos y salta por encima de mi cuerpo.
Tengo la sangre fría de ponerme en pie de un salto .
Aunque Cato sea nuestro poder ofensivo, si tengo la oportunidad de ayudarlo en esta lucha, pienso aprovecharla.
Miro de reojo a Vesper, que nos observa con atención.
No hay forma de saber si podrá volver a valerse de su suerte , y menos en mitad de la contienda.
—No te acerques .
El Loco destroza el estandarte y se agacha en plena calle, jadeando.
—Buen truco. —Esquiva las dagas de Cato y le arrea un puñetazo en la cara. Se abalanza sobre él al tiempo que este retrocede y chasquea los dientes a pocos centímetros del lugar donde estaba su garganta.
—¡Cuidado , maldita sea! —Yo voy de un lado a otro buscando una abertura mientras ellos giran en círculo.
Todo va mal . Nuestro plan se basaba esencialmente en tenderle una emboscada al Loco.
Se suponía que sería una muerte sencilla.
Una risa histérica amenaza con brotar de mi garganta.
No hemos llegado hasta aquí para morir a manos de este monstruo.