Las Pruebas del Tarot Capítulo 18
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Capítulo 18

I ntento escapar de la pista de baile, pero el Paje de Pentáculos me agarra la mano y me atrae con facilidad hacia sus brazos.

Yo contemplo su hermosa cara, irritada más allá de toda medida por no haber podido marcharme tranquilamente.

Podría apartarlo de un empujón, pero eso sería una necedad.

Todo el mundo está pensando en lo que pasará después de las Pruebas, y yo he de hacer lo mismo.

—Hola de nuevo, campeona de la Luna. —El Paje de Pentáculos me sonríe. En sus ojos ambarinos hay una amabilidad que despierta mi desconfianza—. Ya te he dicho antes que era toda una sorpresa. Y  sigue siéndolo. ¿La campeona del Ermitaño es tu aliada?

—No.

— Y, sin embargo, has ido a rescatarla sin vacilación.

Al menos no he atacado al Loco en otra fiesta. Me gustaría decir que estoy aprendiendo, pero lo que ha sucedido es que la Torre lo ha espantado antes de que la situación se saliese de madre.

—Sois los anfitriones de esta fiesta. Deberíais haberme apoyado.

—Supongo que tienes razón. —Se echa a reír—. Sin embargo, el Loco no ha roto ninguna regla y no es aconsejable interferir en los asuntos de los campeones.

Por mucho que Vesper haya hablado con relativo cariño de este paje, eso no cambia que sea un niñato privilegiado y protegido, al igual que los demás ciudadanos de la Corte Menor. Más incluso, en realidad, porque forma parte de la Corte de Pentáculos.

—Si vosotros no podéis interferir, ¿quién puede?

—Buena pregunta, ¿quién puede? —No le cuesta nada hacerme girar.

Cada uno de sus movimientos es perfecto—.

Al parecer, quien puede eres tú . Ya me he enterado de la escena que montaste ayer con el Loco en la fiesta de los Copas.

Te aconsejaría que no hicieras lo mismo aquí.

No podemos permitir que haya violencia antes del ocaso.

—A menos que bailar te parezca un acto violento, no tienes nada de lo que preocuparte.

— Otro giro, con suficiente cuidado como para no marearme.

Su sonrisa se desvanece, dando paso a una expresión que parece sincera—.

Si llegas a ser miembro de la Cinque, ¿qué podríamos ofrecerte los Pentáculos para que tus intereses se alineen con los nuestros?

Otra parte de las Pruebas para la que no me he preparado.

Ayer, el Granate no hizo más que ignorarme y el Copa solo intervino para evitar que la situación se descontrolara.

Este es el primer miembro de la Corte Menor o los gremios que muestra un interés patente en mis planes a largo plazo.

No soy tan ingenua como para decirle que la Torre y yo hemos hablado durante nuestro último baile sobre darles voz a aquellos que no la tienen.

—Soy de los Sedimentos. ¿Qué podéis ofrecerle a mi hogar?

—Ah, los Sedimentos. —El paje estudia mi expresión—. Les hemos fallado como ciudad.

De todo lo que esperaba que dijese…

—¿Qué?

—Vamos, Luna. —Suelta una risita que se vuelve tensa—.

Tendré privilegios, pero también tengo ojos.

Estoy seguro de que te ha costado asimilar la abundancia que has presenciado en los distritos de la Corte Menor.

Disculparse por tener privilegios no vale ni el aire que hace falta para pronunciar la disculpa, pero aun así… lo siento .

Me muerdo la lengua para no ponerlo en su sitio.

Un paje no cuenta con voto en el Concilium, pero este tipo forma parte de la Corte de Pentáculos.

Dado que se trata de un posible aliado, sería una necia si le dijera que se meta la disculpa por el culo, por más ganas que tenga.

Reprimo la rabia e intento mostrar la misma frialdad que Vesper.

—Tu disculpa es un buen comienzo, aunque todavía queda mucho por hacer. Si llego a formar parte de la Cinque, no puedo garantizarte estar siempre de acuerdo con los intereses de los Pentáculos, pero, si tenéis en cuenta a los Sedimentos, habrá muchas más posibilidades de que colaboremos sin roces.

—Eso me gustaría. —Sus ojos ambarinos se iluminan—.

Lo cierto es que tengo varias ideas para distribuir alimentos, si te interesa que te las cuente.

Sé que en los Sedimentos no hay suficiente luz solar como para cultivar plantas, pero mi primo está desarrollando una variedad de verduras que necesitan pasar menos tiempo al sol de lo normal.

Si mejorásemos las infraestructuras en los Sedimentos, podríamos construir invernaderos allí, al igual que en el resto de la ciudad.

Lo que propone cambiaría a mejor la vida de muchos.

Ahora mismo puede que los invernaderos no durasen mucho en los Sedimentos, porque serían una novedad y la gente está desesperada, pero, si de verdad se redistribuyesen los recursos de la Corte Menor en la parte baja de la colina, la gente no tendría que enfrentarse por migajas.

Olvidar esa desesperación costará tiempo y esfuerzo, pero ahora mismo se despierta en mi interior algo parecido a la verdadera esperanza.

—Me encantaría oír todas tus ideas… después de las Pruebas.

—Vale, sí. Sería una tontería acapararte durante la fiesta.

—M ostrarse así de azorado le da un aspecto más humano ante mis ojos.

Empiezo a verlo menos como un enemigo por poseer de todo mientras los míos no tienen nada.

Más bien, se me antoja un hombre con privilegios que al menos es consciente del desequilibrio entre nuestros respectivos hogares.

El paje me lleva hasta el borde de la pista de baile y toma mi mano entre las suyas.

—Si sirve de algo, espero que llegues a formar parte de la Cinque.

Estaría bien contar con miembros del Concilium que se preocupen por las partes de la ciudad con menos representación, en lugar de centrarse en sí mismos.

Siento si todo eso que te he dicho antes sobre apostar te ha parecido de mal gusto. A veces no sé cuándo cerrar el pico.

—No pasa nada. —Aceptar esa disculpa en concreto me resulta sencillo. Me da igual lo que piense de mí o de las circunstancias que me han llevado a ser la campeona de la Luna—. Las apuestas son prácticamente el único pasatiempo que tenemos en los Sedimentos.

—Eso he oído. Me llamo Elisio. Ha sido un verdadero placer conocerte. —Me da unos golpecitos en la mano, pero no me suelta—. Ah, una cosa más, Luna.

—¿Sí?

—Buena suerte. —Por fin me suelta y da media vuelta, perdiéndose entre la multitud que se agolpa en la pista de baile.

Me giro para buscar a Vesper, pero una figura alta con una túnica de color rojo rosado capta mi atención: le maestre gremial Fox.

No está bailando con nadie y, por más que preferiría alejarme de esta maldita pista de baile, la curiosidad que me inspira me impulsa a salvar la distancia que nos separa.

—¿Me haces el honor de concederme un baile?

Elle … Ah, no, hoy solo lleva un anillo en el pulgar izquierdo. Él sonríe.

—El honor es todo mío. —Me agarra de la cadera y de la mano, y me guía sin el menor esfuerzo entre los Pentáculos que bailan, que cada vez son más.

Es mucho más alto que yo, y encima lleva tacones de aguja, aunque no le restan ni un ápice de elegancia al bailar—.

No es común que alguien de los Sedimentos participe en las Pruebas.

—Quizá fuera así el pasado, pero en nuestra época hubo dos participantes de los Sedimentos en las últimas Pruebas.

— Cierto, me había olvidado. —Sonríe cordialmente.

Pensaba que estar más cerca de él disminuiría en cierta medida esa apariencia de perfección, pero en realidad solo ha servido para aumentarla.

Tiene una piel canela tan tersa que parece cristal y lleva su cabello castaño rojizo recogido en unas intrincadas trenzas que desafían la gravedad.

Por no hablar de su ropa. No me hace falta que Vesper me explique lo cuidadosa que ha sido su elección de atuendo hoy: una túnica de mangas largas holgadas que imita levemente el estilo de los Pentáculos al tiempo que mantiene la imagen propia de los Rubíes, con un pronunciado escote que deja ver su banda compresora de pecho.

Toda la prenda está bordada siguiendo un diseño que contiene todos los metales que usan las cortes como sus colores.

No me creo ni por un segundo que se haya olvidado, pero me esfuerzo de todos modos en esbozar una sonrisa. La política de las Pruebas resulta más agotadora que los combates.

—En la parte de los Sedimentos de la que provengo, eres una especie de leyenda…

, bueno, seguro que en todos los Sedimen tos.

Es prácticamente un milagro haber llegado a ocupar el puesto de maestro gremial en tan poco tiempo, y encima entre los Rubíes.

—Carraspeo, en un arrebato de genuina sinceridad—.

El Gremio del Rubí no siempre ha estado pendiente de los Sedimentos.

Comenzaron a prestarnos más atención bajo tu mando. Te lo agradezco mucho.

El maestro gremial Fox me observa durante varias vueltas.

—No todo el mundo aprecia lo que los Rubíes aportamos a la ciudad.

—Estoy segura de ello. —Suelto un resoplido. Una vez más, he sido demasiado sincera, maldita sea—. Y, sin embargo, tu gremio es el único que cuenta con miembros de todos los rincones de Caelria. Sería una hipocresía demonizar unos servicios que todo el mundo utiliza.

—Pues sí. —Sonríe. No estoy segura de en qué difiere esa sonrisa de la anterior, pero ahora me parece más real—. Buena suerte, campeona de la Luna. Tengo curiosidad por saber qué harás si se te concede la oportunidad de llegar a la Cinque .

Cuando me dispongo a responder, vuelvo a experimentar esa sensación en lo más profundo de mi mente. No he podido olvidarla del todo y la noto acentuarse a medida que la Luna va ascendiendo en el cielo. El Sol casi se ha puesto.

—Espero que volvamos a hablar pronto. —Y lo digo de verdad. Esta conversación ha resultado bastante seca , pero el maestro gremial me fascina. Me encantaría conocer su historia. Me gustaría saber qué otras políticas ha intentado implantar desde que ocupó el puesto de líder del Gremio del Rubí.