Capítulo 17 #3
—Baila conmigo —dice la Torre. No me da mucha alternativa.
Aprovecha que me tiene agarrada de las muñecas para llevarme a la pista de baile.
Empezamos a movernos de forma impecable, lo cual solo sirve para irritarme aún más.
Me siento atrapada por la mano que tiene en mi cintura y por la que sujeta mi propia mano; su agarre es lo bastante firme como para que no pueda escapar, pero no resulta doloroso .
—No te entiendo —gruño.
—¿Te hace falta entenderme? —Suena genuinamente curioso, como si fuese así de sencillo.
Contemplo su cara perfecta. Ahora no sonríe, el único motivo por el que permito que siga guiándome por la pista de baile mientras esquivamos sin problema a las demás parejas.
—¿Te intereso porque la Muerte te ha dicho que me tengas vigilada?
—Son palos de ciego. Si no puedo arrinconar a la Muerte para sonsacarle más información, quizá la Torre sepa algo que me resulte útil.
Como, por ejemplo, por qué la Muerte no pare ce tener interés alguno en acabar conmigo, que era lo que me es peraba.
La Torre ignora mi pregunta, con expresión contemplativa.
—Unirte a la Rueda de la Fortuna ha sido una buena decisión. No se le da bien luchar , pero conoce en profundidad cómo funciona la Corte Menor. Te será muy útil cuando entréis en la Cinque.
Parpadeo.
—¿De qué hablas?
—¿Acaso no es eso lo que estamos haciendo aquí? —Su sonrisa torcida hace una breve aparición—. Ninguno de nosotros quiere morir.
—Pues… no. —Dicho así, resulta bastante obvio .
Para tener algo que hacer en lugar de quedarme mirando pasmada sus ojos castaños, me pongo a estudiar su ropa .
Cuero, cuero y más cuero, todo teñido de un gris tan intenso que casi parece negro.
El único adorno es una hombrera metálica negra de aspecto siniestro—.
Jamás he visto una armadura como la tuya.
—¿Por qué ibas a haber visto una armadura así?
—Me hace girar y me atrae de nuevo con demasiada fuerza, por lo que me tropiezo y acabo pegada a su pecho.
Huele a … frío. No sé cómo explicarlo de otra manera.
Ese frío que se cuela por las grietas de las ventanas y las puertas, que te arrebata el aliento de los pulmones —.
¿Qué tal si me haces la pregunta que realmente quieres hacer?
Se me olvida cómo moverme. Se me olvida cómo hacer cualquier cosa. Lo único que puedo hacer es mirarlo .
—¿De dónde eres? No eres de Caelria; apostaría el poco dinero que tengo.
Baja la mirada hasta mi boca durante un brevísimo instante y regresa a mis ojos. Poco después estamos bailando de nuevo, siguiendo sin problema el ritmo de las demás parejas a nuestro alrededor.
—Soy de un asentamiento fluvial al norte. —Una sombra sobrevuela su rostro—. O lo era. Ese asentamiento ya no existe.
Fuera lo que fuera lo que sucedió en ese asentamiento, la Torre carga una gran culpa por ello. Es lo poco que el Juicio pudo usar contra él durante la batalla de la primera noche, aunque no sirviera para evitar que lo matara.
—¿Y por qué has venido hasta aquí a arriesgar así tu vida?
—Yo podría hacerte la misma pregunta. Tú no eres como los demás participantes.
—Giramos y volvemos a girar. Está bailando incluso mejor que anoche y domina los pasos y el ritmo mucho más rápido que yo.
Cuando vuelve a agarrarme, centro mi atención en las cicatrices plateadas que marcan sus pálidos nudillos. Ese tipo es un luchador nato.
—Porque soy una rata de los Sedimentos. —No puedo disimular la amargura en mi tono—. Tengo tanto derecho como cualquiera a formar parte de la Cinque. El Concilium aprueba leyes y políticas que afectan a toda Caelria, incluidos los Sedimentos . Nos merecemos tener voz.
—No se trata solo de Caelria . —Otro giro mientras mantiene la mano firmemente plantada en mi espalda para estabilizarme—.
Toda Zaersia se doblega a la voluntad de Caelria.
Esta ciudad es la única que tiene acceso al comercio, con Xiv, entre Grexium y Perfodia y por los asentamientos fluviales.
Aunque las demás ciudades tengan cierto poder de negociación porque producen recursos de los que carece Caelria , nosotros no lo tenemos, por mucho que les vendamos su preciada madera.
Jamás lo había visto así. Sinceramente, los asentamientos fluviales me resultan tan desconocidos que bien podrían estar en Xiv.
Vivir en un lugar sin muralla sabiendo que tus seres queridos podrían ser víctimas de un monstruo que saliese de las tierras salvajes en cualquier momento dado suena como una pesadilla.
La vida en los Sedimentos no es perfecta , pero al menos nues tros depredadores son humanos.
A veces es más difícil distinguirlos, aunque resulta más sencillo luchar contra ellos .
Mi maldita curiosidad vuelve a dominarme. Otra vez.
—Como miembro de la Cinque, ¿harías presión para que se les concediese a los asentamientos fluviales refugio tras las murallas?
—No. —Resopla —. Si quisieran vivir en la ciudad, lo harían. Es sencillo venir río abajo para vender madera. Aun así, se merecen tener voz en el Concilium, al igual que quienes viven en los Sedimentos. Se merecen acuerdos comerciales justos.
Eso no se lo puedo discutir. Aunque, técnicamente, Caelria exista como ciudad-e stado independiente, la Torre tiene razón: sus políticas afectan a todo el continente y al comercio por el mar Cojumbroso .
Yo misma me he maravillado ante los paneles de madera de este edificio.
Pues estos provienen de un asentamiento fluvial , al igual que la Torre.
—No te comprendo —susurro—. ¿Por qué me cuentas todo esto?
—Creo que me entiendes mejor de lo que te gustaría —susurra él a su vez . De pronto, esa conversación es demasiado íntima—. Somos dos forasteros . Los juegos que se trae entre manos la Corte Menor dan igual, no les hace gracia la idea de que lleguemos a formar parte de la Cinque.
Quizá tenga razón . La Corte Menor jamás ha tenido ninguna consideración para con los Sedimentos.
Seguro que se oponen a cualquier medida de presión que intente dirigir la más mínima cantidad de recursos a quienes viven a la sombra de la muralla.
¿Y hasta qué punto se resistirían a ver disminuidos sus márgenes de beneficios estableciendo precios más justos en el comercio con los asentamientos fluviales?
—La Muerte es parte del Concilium desde hace veintidós años. No ha hecho nada para ayudar a tu comunidad en todo este tiempo. ¿Por qué te alías con él?
—Porque va a ganar. —Se encoge de hombros —. Conozco bien mis fuerzas, pero con él de aliado queda prácticamente garantizado que llegaremos al final.
Me estremezco. Es un razonamiento parecido al que yo misma he hecho, pero…
— No puedo permitirlo.
La Torre me hace girar, esta vez con más cuidado.
—No es tan malo. De los campeones que quedan, es una de las mejores opciones.
—Eso dice todo el mundo —espeto. Estoy muy cansada de que me digan que he de aceptar que la Muerte volverá a formar parte de la Cinque.
Cato, Vesper y ahora la Torre. Hacen que suene inevitable , joder—.
Mató a una persona muy querida para mí. Si tengo la oportunidad de acabar con él, la aprovecharé.
—N o pretendía decirlo. No a él. Ni a nadie.
No es exactamente confesar quién era mi madre, pero es más de lo que les he contado a mis propios aliados.
La sorpresa sobrevuela el hermoso rostro de la Torre.
—¿Eso lo sabe la Muerte?
Por supuesto que lo sabe. Es el único campeón que sabe la maldita verdad, y no se lo ha contado a su aliado.
Yo sé por qué man tengo en secreto el vínculo que me une con la antigua Luna.
La Muerte, en cambio, no tiene ningún motivo.
En cualquier caso, contar la verdad solo serviría para aislarme del todo.
Cato y Vesper podrían decidir que es demasiado arriesgado aliarse conmigo. Sería más sencillo eliminarme.