Capítulo 17 #2
Cato, la Torre, Vesper, todos me atraen de maneras ligeramente diferentes.
Es el tipo de complicación que no esperaba que surgiese durante las Pruebas.
Resulta esperable querer asesinar a los demás campeones, pero querer pasar más tiempo con ellos , querer desentrañar el misterio que representan, prestarse a flirteos inofensivos con ellos… , esos son impulsos peligrosos.
—Kestrel —murmura Vesper—, odias más a la Muerte que a ninguno de los otros miembros de la Cinque, incluso más que a la Estrella , que ha intentado matarte. Parece algo personal.
Lo parece porque lo es . Me apresuro a dar un sorbo de agua mientras sopeso mis siguientes palabras.
He omitido cosas, pero Vesper es Espada, así que no puedo mentirle directamente.
En lo que dura mi vacilación, me pienso si debería contarle la verdad.
Ya me ha salvado la vida en varias ocasiones , así que quizá se merezca mi confianza…
Me zarandeo mentalmente . Ahora no.
—¿Y no piensas que admitir a la Muerte dentro de la Cinque por segundo periodo consecutivo enviaría un mensaje equivocado? Si de verdad queremos una Caelria mejor, la Cinque debería reflejar nuestros deseos.
Vesper no parpadea.
—Es una idea bonita, pero acabas de esquivar mi pregunta.
—Alza una mano antes de que yo pueda protestar—.
No estás lista para contármelo, lo respeto.
Hace muy poco tiempo que nos conocemos. —Su mirada se vuelve más afilada—.
Pero la discusión que hemos tenido antes se repetirá mañana.
Hay que matar al Carro, Kestrel. No sé qué tienes con la Muerte , y no pienso presionarte para que me lo cuentes, pero estoy de acuerdo con Cato: el Carro no puede sobrevivir a las Pruebas.
Siento un nudo en la garganta que amenaza con cerrármela por completo.
—Lo comprendo. —Ni siquiera estoy segura de estar en desacuerdo con ellos.
El Carro es un monstruo similar al Juicio.
Si consigue hacerse con un puesto en la Cinque, seguirá haciendo daño.
Sin embargo , la mera idea de tener que trabajar con la Muerte , aunque solo sea para votar, durante las próximas dos décadas me da ganas de gritar.
A mi madre la mataron antes de que yo pudiera siquiera formarme recuerdos de ella , y sin embargo él puede llegar a viejo. Resulta imperdonable .
Me giro en la silla y paso la vista por la estancia.
El baile ha empezado, pero es distinto del de anoche.
Los Copas prácticamente nos obligaron a entrar en la pista y luego se retiraron al borde a contemplarnos , como si fuéramos animales en una jaula.
Aquí, los Pentáculos y Rubíes están entre la multitud y sus inconfundibles colores se mezclan con nuestra ropa, que es más teatral.
La Estrella gira en brazos de un Rubí. La Sacerdotisa baila con el Paje de Pentáculos.
Cato charla con le maestre gremial Fox, que sí que está aquí.
Y la Torre … Paseo la vista lentamente por la estancia y freno en seco al verlo, apoyado en la pared al otro lado de la habitación… , mirándome.
Aparto los ojos de golpe, reparando en el Loco y la campeona del Ermitaño.
Apenas he visto a la campeona del Ermitaño desde la Criba.
Es joven, probablemente la que más de los presentes.
Si ha llegado a la mayoría de edad —un requisito para ser campeón—, debe de ser por poco.
Su piel es de una palidez casi enfermiza y tiene el cabello lacio sobre los hombros, a pesar del peinado de quienquiera que sea su clérigo o clériga.
No es que se parezca a Mara, en realidad no, salvo por el tono de piel , aunque de espaldas podrían ser hermanas.
Resulta ridículo compararlas a las dos, porque a esas alturas Mara ya se habría largado corriendo, y nadie consigue atraparla cuando decide huir.
Sin embargo, no puedo evitarlo. No puedo proteger a Mara, jamás he podido, pero no pienso permitir que el Loco se yerga imponente sobre la campeona del Ermitaño, que la aísle con esos hombros tan anchos del resto de la estancia .
Antes de pensar siquiera en moverme, ya me he puesto de pie. Vesper intenta agarrarme de la mano, pero logro esquivarlo.
—Puedo encargarme de esto.
—Kestrel, esa chica va a morir. —Vesper habla en voz baja con urgencia—. Puede que sea esta noche, puede que sea mañana. Es un milagro que haya llegado tan lejos, incluso con su alianza.
Odio todo eso que ha dicho. Y odio sobre todo que tenga razón. Sin embargo, me fijo en lo hundidos que tiene los hombros la campeona del Ermitaño mientras el Loco se alza imponente frente a ella.
—Me da igual. El Sol aún no se ha puesto. No pienso quedarme sentada viendo cómo le hacen daño a alguien.
—Todos los días le hacen daño a alguien. No puedes salvar a todo el mundo. Nadie puede.
Al oír eso, giro en redondo y miro a Vesper, aunque solo un instante, dejando el brazo fuera de su alcance.
—¿Eso es lo que os contáis en la colina, con vuestra ropa elegante, comiendo hasta reventar mientras mi gente se muere de hambre?
—No me refería a eso, y lo sabes bien. —Vesper vuelve a in tentar agarrarme, aunque no lo consigue—.
Ayer casi haces que te eliminen al atacarlo.
Los Pentáculos no van a ser tan permisivos como los Copas.
—Lo intenta de nuevo y fracasa otra ve z—.
Tenemos que pensar en nuestro plan. Es de vital importancia que el Loco no se espere un ataque.
—A mí todo eso me da igual. —Me pongo en marcha siguiendo el camino más directo hasta ellos: a través de la pista de baile. Estoy a punto de chocar contra le maestre gremial Fox y la Estrella, que me lanza una mirada de desdén.
—Apártate, Luna.
—Tu aliada está en peligro —espeto.
Ella sigue mi mirada y se encoge de hombros.
—Si no es capaz de sobrevivir a una conversación difícil, no me sirve. —Le sonríe a Fox —. En cuanto a ese acuerdo comercial…
Suelto una maldición y los rodeo. Quizá sea tan ingenua como Vesper piensa, porque no se me había ocurrido que ninguno de los campeones sufriría una muerte turbia.
Todos sabíamos lo que supondría presentarnos voluntarios al subir a ese escenario.
Desde la puesta de sol hasta el alba, hemos de luchar por nuestra vida .
Se supone que no tenemos que matarnos durante el día , pero ayer mismo quedó demostrado que cierto nivel de daño resulta aceptable.
Aunque imagino que no permitirán ese tipo de violencia…
Maldita sea, sí que soy una ingenua.
En pocos segundos he atravesado la pista de baile y me detengo justo detrás del Loco.
Está tan centrado en la campeona del Ermitaño que no advierte mi presencia.
Entre la música y mis pasos, que ahora son silenciosos por naturaleza, tampoco me oye.
Resultaría facilísimo hundirle un cuchillo entre las costillas .
Eso si tuviera cuchillo y no sintiese la presencia del Sol en el cielo y los últimos resquicios de su luz.
Sin embargo, Vesper tiene razón. No puedo permitirme otro desliz.
—Apártate de ella.
El Loco se queda rígido y se vuelve lentamente.
En cuanto está frente a mí, la campeona del Ermitaño aprovecha para escabullirse, sin siquiera volver la vista atrás para asegurarse de que pueda cuidar de mí misma.
Se me contrae el estómago de pura desazón, pero me da igual que Vesper también tuviese razón en esto .
No estaba bien ver al Loco amenazar a una mujer menuda y no hacer nada al respecto.
Debe de ser tan alto como la Muerte, tan alto como la Torre , pero es más ancho que los dos juntos.
Los enormes músculos de sus brazos y su pecho abultan bajo la túnica blanca de aparien cia sencilla que lleva puesta.
Lo peor de todo es el vacío absoluto de sus ojos.
Anoche también estaban así, cuando tenía la cara de un monstruo .
—Ocúpate de tus asuntos, Luna. No tengo el menor interés en tener líos contigo hasta después del ocaso. —Me recorre con la mirada, provocándome una sensación parecida a la que deja el fango. Me esfuerzo por no estremecerme—. A menos que te interese un poco de entretenimiento privado.
—No, no le interesa.
Doy un respingo al oír la voz de la Torre a mi espalda. Estaba tan centrada en el Loco que no lo he oído aproximarse. Tampoco he sentido su presencia, como sí la siento ahora, a pocos centímetros de mí.
El Loco no se amilana de inmediato . Ladea la cabeza y nos estudia. Al final, suelta una risita.
—Diviértete con ella mientras aún conserva el calor corporal , porque pienso rajarle la garganta con los dientes en cuanto se me presente la oportunidad.
Lo observo marcharse. El miedo se apodera de mí.
Tengo mucho muchísimo miedo, joder. Quiero creer que nuestro plan va a funcionar, pero ¿cómo vamos a hacer nada si el Loco me está persiguiendo?
Nuestra victoria depende del sigilo y él es el único campeón que puede detectarme a través de mis sombras.
Anoche nos olió a Vesper y a mí, estoy segura de ello .
Frustrada hasta lo indecible, me giro y aparto a la Torre de un empujón. O lo intento. En realidad, la Torre me agarra de las muñecas y lleva mis manos a su pecho. Su clarísima fuerza no hace sino amplificar esta maraña de emociones que siento.
— No necesitaba tu ayuda .
—Lo sé. Te he ayudado porque he querido.
—A diferencia de toda la gente a la que he conocido desde que he llegado a la colina, la Torre habla con franqueza.
Sé que no puedo confiar en sus palabras, pero en parte me resulta familiar.
Me recuerda a Mara, un poco. Es directo hasta un extremo que a muchos les parecería insultante.
Dioses, hoy todo me recuerda a Mara. Cu ánto la echo de menos, joder.