Capítulo 16 #4
—Por lo que sea, eso no me supone el menor alivio.
— A mí tu alivio me da igual. —Se gira hacia las montañas de comida que hay en unas bandejas frente a nosotras.
Es demasiada comida, incluso para la cantidad de personas reunidas aquí.
¿Qué harán con los restos? Quiero creer que no los tiran, teniendo en cuenta que hay gente pasando hambre a pocos kilómetros colina abajo.
Pero sé que sí, ¿verdad?
Las luces se atenúan, ayudándome a dejar de salivar por esta comida que tengo delante que no me atrevo a comer, y aparece el Paje de Pentáculos.
Todo resulta muy teatral. Entrecierro los ojos en un intento de averiguar de dónde ha salido, porque no lo he visto atravesar el espacio entre las mesas.
Quizá haya algún astuto mecanismo entre las sombras de ese rincón de la habitación.
—Por favor, disfrutad de la hospitalidad de la Corte de Pentáculos. Hasta el último trozo de comida que hay en las mesas frente a vosotros se ha cultivado gracias al sacrificio de los Pentáculos.
A mi lado, la Estrella resopla.
—Adoran parlotear sobre sus sacrificios , como si no hubieran descubierto ya la manera de mitigarlos.
¿Mitigarlos?
No tengo oportunidad de formular la pregunta porque el paje sigue hablando. Su voz retumba, aunque no es molesta.
—Los arcanos mayores no son nuestros dioses, pero los honramos de todos modos.
—Hace un gran aspaviento y se acerca otra persona.
Es tan menuda que parece frágil, con la espalda encorvada por una edad que no sé calcular.
Debe de ser extremadamente mayor . Su piel canela está llena de arrugas y por la cara le caen unos largos rizos blancos.
Viste una túnica de un intenso color rojo rosado, lo que indica que se trata de un Rubí, aunque yo jamás he visto a ningún Rubí tan mayor.
En realidad, creo que nunca he visto a nadie tan mayor.
Sujeta con ambas manos un bastón de aspecto extraño. Aun que parece que bastaría una brisa más fuerte de la cuenta para que se convirtiese en un puñado de polvo, su voz es vívida y agradable y alcanza cada rincón de la estancia.
—Disfrutad de la siguiente representación en honor a los dioses.
La Estrella rebosa de emoción.
—Qué escándalo, han contratado al Gremio del Rubí. Me lo habría esperado de los Copas, pero no de estos mojigatos de los Pentáculos —murmura—. Imagino que Fox está por aquí cerca. Qué giro tan sorprendente de los acontecimientos.
Yo la miro de reojo.
—¿Conoces a le maestre gremial Fox?
—Querida, hace veintidós años que soy miembro de la Cinque. —La Estrella sonríe con dulzura—. Por supuesto que conozco a los demás miembros del Concilium. ¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso pretendías unirte al Gremio del Rubí antes de haber tomado la mala decisión de presentarte a campeona de la Luna?
Parpadeo. Creo que ha intentado insultarme, otra vez . No sé qué opinión tiene la gente de la colina del Gremio del Rubí, pero sus miembros son muy respetados tanto en los distritos gremiales como en los Sedimentos. Sigo intentando dar alguna réplica cuando la Sacerdotisa murmura:
—Qué pesada eres con tus bromas, Estrella. Aunque los Rubíes hayan caído en desgracia en los últimos años, siguen siendo respetables.
No me extraña que estas dos hayan establecido una alianza.
Está claro que tienen la misma visión de Caelria, una muy estrecha de miras.
La Sacerdotisa lleva ropas que recuerdan al estilo de la Corte de Copas, aunque no con los mismos colores.
No recuerdo si ya vestía así durante la Criba.
Si proviene del Distrito de Copas, tiene sentido que la Estrella se haya aliado con ella, pues comparten intereses .
Mientras le doy vueltas al asunto, media docena de personas aparecen rodeando a la persona mayor, vestidas con telas vaporosas , a cada cual más hermosa.
—Allá vamos. —La Estrella intenta darme un golpecito con el hombro, pero soy lo bastante rápida como para esquivarla. Aunque enarca las cejas, me sonríe como si yo fuese un animal que acaba de hacer un bonito truco.
Me cruzo de brazos y me reclino en el asiento, esforzándo me por ignorar los gruñidos de mi estómago. Resulta extraño que una sensación que siempre me ha acompañado de pronto me parezca insoportable, ahora que puedo disfrutar más fácilmente de la comida.
Espero que los pequeños se encuentren bien.
Estamos en verano, así que no hay que preocuparse de que nadie acabe congelado hasta la muerte.
Sin embargo, Mouse ya es mayor y no es tan rápido como antes.
Y Pika es muy capaz, pero también condenadamente joven , tanto como puede serlo cualquiera que haya crecido en los Sedimentos.
Mara me prometió que les echaría un ojo y, aunque mantendrá su palabra —sé que lo hará—, hay muchos otros aspectos que pueden torcerse: una herida, una enfermedad , los Bastos.
Echo de menos a mi familia. Muchísimo. Solo han pasado un par de días, pero con cada campanada mi vida en los Sedimentos se me antoja más lejana . ¿Llegaré a reconocerlos si vuelvo a verlos? ¿Me reconocerán ellos a mí?