Las Pruebas del Tarot Capítulo 16
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Capítulo 16

E sta vez no vamos a pie. Los Pentáculos nos llevan hasta una hilera de carruajes idénticos a los que nos trajeron hasta el patio de los campeones, aunque estos lucen los colores de su corte, por supuesto.

Yo me subo a uno de ellos junto con Cato y Vesper, al igual que el primer día, aunque el ambiente es diferente.

Vesper mira por la ventana con expresión contemplativa.

Cato, que parece enfadado, alterna entre contemplar el paisaje y clavarme la vista.

Bueno, pues que se enfade. Yo también estoy bastante enfadada, joder.

No había previsto que ninguno de mis aliados pensara que tener a la Muerte dentro de la Cinque sería beneficioso.

¿Quién iba a pensar algo así? Se suponía que yo no tendría ningún aliado, y además se trata de la Muerte .

De momento, la conversación está en pausa, pero mañana deberemos discutirlo de nuevo, suponiendo que sobrevivamos a esta noche.

Para distraerme, me giro hacia la ventana.

Resulta asombroso lo mucho que se parecen los distritos de la Corte Menor, salvo por algunas diferencias insignificantes.

El territorio de los Pentáculos tiene unos estandartes de color verde brillante sobre cada puerta en lugar de ser de tonos turquesa, azul marino y cobre.

Aparte de eso, las calles podrían ser las mismas que ya hemos cruzado en el Distrito de Copas.

Veo los mismos depósitos de agua e invernaderos en los tejados, las mismas calles bien cuidadas, la misma falta absoluta de basura, despojos y mendigos.

Hay gente agolpada cuya emoción se deja ver en la felicidad de su rostro y en su lenguaje corporal relajado.

Está claro que han salido a recibirnos; lo evidencia ese maldito empeño en llevar bandas con los colores de su campeón favorito por encima de la ropa típica de los Pentáculos.

Esta no es más que la tercera noche, aunque me siento como si llevara enzarzada en las Pruebas semanas o meses.

Me parece increíble ser capaz de contar los días que han pasado con la mano y que me sobren dedos.

Y también ver a varias personas entre el reducido público con bandas plateadas y una luna creciente pintada en cada pómulo.

Esa gente no me conoce. Está claro que no adoran a la Luna, porque son Pentáculos.

Lo único que quieren es participar de nuestra matanza y convertirla en moda .

Me estremezco.

—¿Cómo saben que tienen que vestirse así para mostrarme su apoyo? En la calle no hay nadie cuando cae la noche. No es que estén disfrutando del espectáculo .

—Lo están disfrutando ahora —murmura Vesper.

Cato se echa a reír.

— No quieren ponerse en peligro para ver la parte más sangrienta de la competición. Cada mañana, los Rubíes hacen una representación de lo sucedido la noche anterior. Las noticias vuelan y nuestra fama crece con cada espectáculo.

—¿Y cómo saben lo que pasa durante la noche?

Vesper cambia de postura.

— Cada uno de los distritos tiene gente que vigila todo lo que sucede.

—Yo no he visto a nadie.

—Se supone que no has de ver a nadie. —Se encoge de hombros—.

Antes se limitaban a entrevistar cada mañana a los campeones que sobrevivían, pero sus relatos tendían a ser exagerados y contradictorios.

Hace tres o cuatro Pruebas, la Corte Menor se reunió y decidió que cada distrito establecería centinelas que vigilarían durante toda la noche.

Esos centinelas entregan informes a un grupo designado de Rubíes cada mañana, que son quienes se encargan de representar lo sucedido la noche anterior por toda la ciudad.

—¿Pero por qué ? —¿Por qué le interesa a la gente saber los detalles de lo sucedido en las Pruebas?

Cato se inclina hacia delante y me da un leve golpecito con un dedo justo entre los ojos.

— Piensa , Kestrel. Las historias tienen poder y, aunque no somos más que un entretenimiento para la Corte Menor, le beneficia que el resto de la ciudad disfrute del espectáculo , aunque no lo vea en persona.

—Se reclina en el asiento—. Justo por eso digo que deberíamos fingir que el Sol y la Luna son pareja. Saldríamos ganando a largo plazo.

No entiendo a qué se refiere, pero son mis primeras Pruebas, al menos con edad suficiente para recordarlas. Aunque Cato y Vesper tengan un par de años más que yo, tampoco son lo bastante mayores como para recordar las Pruebas en las que participó mi madre.

—¿En qué nos iba a beneficiar inventarnos que somos pareja? ¿Y qué pasa con Vesper?

Cato señala a Vesper con el mentón.

—Explícaselo tú.

—Tiene razón. —Vesper sonríe y hace un gesto hacia la ventana—.

Cuanta más gente esté de tu parte, más beneficios tendrás una vez que acaben las Pruebas.

Los miembros de la Cinque tienden a estar más protegidos que otros miembros del Concilium debido a que son célebres entre el pueblo llano de Caelria, pero eso no implica que estén libres de peligro.

Es más que evidente en el caso de tu predecesora.

Por eso es tan importante sociali zar en estas fiestas, y por eso son tan importantes las representaciones de los Rubíes.

Me predecesora. Mi madre. Sin embargo, ninguno de ellos está al tanto de nuestro parentesco, y la discusión que hemos tenido antes no me anima a confesarles la verdad.

—Pero al pueblo no les importan una mierda los miembros de la Cinque actuales.

En cuanto ganaron, emplearon todas sus energías y poder en convertirse en tiranos, cada uno en su te rritorio.

—Incluida a la Muerte, por más que Vesper y Cato piensen que no es tan malo .

No ha hecho ni una puñetera cosa para ayudar a la población.

De haberlo hecho, tal y como yo pre tendo , quizá su reputación fuese mejor.

—Tienes razón solo en parte . —Vesper sigue sonriendo y hace un ademán—.

Es cierto que los últimos miembros de la Cinque han decidido no implicarse tanto en política como podrían haber hecho.

La Estrella, por supuesto, es la excepción.

Tiene bastantes seguidores, incluso entre las facciones de Caelria que no se cuentan entre sus aliados .

Habla bien y viste aún mejor. Que se digne aparecer en una fiesta es un enorme gesto hacia quien la celebra.

—Me lanza una mirada cargada de intención—.

Ha decidido centrar sus esfuerzos en la Corte Menor y en unos cuantos gremios selectos, no tanto en la ciudad al completo .

Si un miembro de la Cinque intentase poner en marcha un gran cambio en la ciudad, necesitaría el apoyo del pueblo para no fracasar.

La reputación importa, Kestrel. Es un elemento central en el poder, quizá el que más.

No le he contado mis ambiciones a Vesper, pero está claro que las ha entendido de todos modos.

—Pero no veo la diferencia que supone contar con el apoyo del pueblo . —Lo que sé a ciencia cierta es que a nadie de la colina le importa lo que piensan los habitantes de los Sedimentos.

—Una ciudad feliz es una ciudad próspera .

No hay disturbios, no hay tensiones a causa de sus regulaciones, no persigue a sus líderes exigiéndoles cambios sin cesar.

Caelria ha sido una ciudad feliz en pocas ocasiones a lo largo de nuestra larga historia.

—Sigue clavándome la mirada—. La última vez fue hace ciento cincuenta años.

Los Bastos intentaron dar un golpe de Es tado contra los Espadas y asesinaron al Rey de Espadas, que era adorado prácticamente en toda la ciudad.

Caelria entera se sublevó e hicieron falta varias medidas contundentes para aplacar al pueblo, y aun así las consecuencias de los disturbios duraron toda una generación.

¿Hubo disturbios en Caelria por un Espada ? Cuesta creerlo, aunque yo no tengo mucha idea de la historia de la ciudad, pero Vesper carece de motivos para mentirme.

—Empiezo a entender a qué te refieres.

—En parte, por eso son tan importantes las Pruebas, más allá del motivo evidente de determinar quiénes serán los próximos miembros de la Cinque. —Asiente lentamente—. Incluso antes de que se decida quiénes formarán parte de ella, un entretenimiento a esta escala beneficia a la ciudad entera.

Eso al menos lo entiendo.

—Lo que quieres decir es que los ciudadanos quedan satisfechos.

Vesper se encoge de hombros.

—Varias cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Tal y como ha dicho Cato, la gente disfruta del espectáculo, y en las manos adecuadas es un arma muy útil. La Corte Menor y los gremios han tenido mucho tiempo para aprender a usarla.

Tengo más preguntas, pero al mirar por la ventana me distraigo ante la enorme cantidad de vegetación de ahí fuera.

En cada alféizar hay un gran surtido de flores coloridas.

Flores, me cago en la puta. Son hermosas, inútiles, todo un símbolo de lo que es la Corte Menor.

Entiendo que los edificios junto a los que estamos pasando no forman parte de la Corte de Pentáculos en sí, pero, teniendo en cuenta lo lejos que me siento de los Sedimentos, bien podría ser así.

—Menudo derroche. —Aunque nadie aquí lo ve del mismo modo que yo. Aquí todo el mundo está bien alimentado el año entero.

—Son Pentáculos. —Vesper suelta un resoplido—. Les basta una sola gota de sangre para mantener una planta con vida durante…, bueno, al menos durante una estación. No todos tienen esa afinidad en concreto, pero los que s í, se ganan un buen dinero manteniendo la fachada.

Ya había oído hablar de esta faceta de la magia de los Pentáculos, aunque no la había presenciado. Solo de imaginar que llevasen algo de esta magia al resto de la ciudad… Pero, claro, nosotros no podemos pagar, así que ¿para qué iban a molestarse?

Al girar un recodo, comprobamos que nuestro destino está en mitad de esta manzana.

Es un edificio abovedado el doble de grande que las tiendas que tiene a ambos lados.

Debe de estar hecho de la misma piedra que todo lo demás, pero tiene las paredes cubiertas de enredaderas que lo vuelven verde. Casi parece que el edificio está vivo.