Capítulo 15 #3
¿Cómo voy a convencerlos sin contarles lo que me arrebató la Muerte?
Me muerdo el labio inferior. Aunque confíe lo bastante en los dos como para formar una alianza, eso no significa que confíe plenamente en ellos.
Toda la ciudad cree que mi madre se volvió loca y cometió traición.
La clériga parece pensar distinto, pero no es imparcial.
Yo quiero creerla, porque prefiero pensar que mi madre no se convirtió en un monstruo por culpa de la misma diosa a la que yo represento.
—No se puede confiar en la Muerte.
— Ah, ¿no? No me jodas. No digo que tengamos que confiar en él. Lo que digo es que hay opciones peores.
Sospecho que ahora mismo no estoy siendo razonable, pero me importa una mierda.
—Con él no —repito.
—¿Y entonces con quién? —replica Vesper. No alza la voz ni permite que su tono se vuelva brusco. Se limita a contemplarme con resolución—. ¿Quién preferirías que formase parte de la Cinque con nosotros?
—La Sacerdotisa —digo al azar. Solo la he visto de pasada desde que empezaron las Pruebas. Tan mala no puede ser.
Cato niega con la cabeza.
—Está aliada con la Estrella, y las dos son bastante ladinas. Son tan malas como la Corte Menor. Sin ánimo de ofender, Vesper.
—No me has ofendido. La Estrella ha sido una sólida aliada de la Corte de Copas casi todo el tiempo que lleva en la Cinque.
A mí también me gustaría eliminarla. —Vesper aún no ha apar tado la mirada de mí—.
Pero estoy de acuerdo con Cato: la Sacer dotisa nos va a suponer un problema cada vez que se le presente la oportunidad durante los próximos veintidós años. Mucho más que la Muerte.
Aprieto los puños, reprimiendo un grito.
—Si estamos pensando en incluir a la Muerte, ¿por qué no al Carro? Es un monstruo, pero no engaña a nadie .
—Y una puta mierda —espeta Cato—. Ya os he dicho que hay que matarlo.
—Y yo os he dicho que hay que matar a la Muerte.
—Y no te has dignado dar ni un puñetero motivo que justifique el riesgo de intentarlo. Te limitas a decir que con él no y a mirarnos desafiante. —Deja caer los brazos—. Vesper está de acuerdo conmigo.
Me temo que tiene razón, pero me niego a dar el brazo a torcer.
—Bueno, tú tampoco nos has dado ningún buen motivo para matar al Carro .
—Es un monstruo.
—Y la Muerte también.
—Basta ya —interrumpe Vesper en tono suave—.
El plan de esta noche es ir a por el Loco.
Ahora mismo es irrelevante decidir quién más entrará a formar parte de la Cinque.
Hemos de sobrevivir a la siguiente batalla, y a lo que queda de las Pruebas.
Por mucho que tengáis vuestras preferencias , a menos que quera mos incorporar a otros dos campeones a esta alianza, la decisión escapa a nuestro control.
Y, aunque quisiéramos incluir a más gente, no hemos demostrado nuestra valía lo suficiente como para atraer a nadie.
Discutir sobre aquello que no está en nuestras manos es malgastar tiempo y energía.
—Hace una pausa—. ¿Estáis de acuerdo conmigo?
—Está bien —espeta Cato.
Está claro que no tenemos alternativa.
—Sí — murmuro. —Esa es otra parte de una alianza que no había previsto: no estamos de acuerdo en la estrategia para ganar.
Aunque sí que concuerdo con Cato en una cosa : hay que ma tar al Carro.
Sin embargo, no sé cómo convencerlo a él y a Vesper de que también hay que matar a la Muerte, al menos no sin confesarles quién era la última Luna.
La frustración ruge y se agita en mi interior.
—Esta noche acabaremos con el Loco —digo.
—Lo intentaremos —murmura Cato en tono lúgubre, y suspira —. Ah, mirad, han llegado los Pentáculos.
Pues sí, dos Pentáculos cruzan ahora mismo el puente de pie dra del este con una gran sonrisa.
Van casi tan tapados como los Copas , pero su ropa es más gruesa.
Visten una túnica de tonos verdes, dorados y marrones con pliegues en la cintura y también alrededor del cuello, formando una especie de capucha . Deben de estar asándose con este calor.
Hasta que entr é en las Pruebas, toda mi ropa era de distintos tonos de gris, pues su color original se había desvaído hacía mucho.
No soy ajena a la moda, sobre todo porque a Pika le encanta hablar de ropa.
Sus hermosos ojos castaños relucen cuando explica con todo lujo de detalles las tendencias que llegan de la Corte Menor.
Pero reconocer las tendencias de moda no implica comprenderlas del todo.
La ropa sirve un propósito: proteger nuestro vulnerable cuerpo de la amplia variedad de peligros que hay: el frío, el sol , el mal estado de un camino o incluso un roce accidental contra algo afilado.
Lo que se lleva en la Corte Menor va mucho más allá; solo hay que fijarse en el atuendo que han elegido para mí.
La tela es tan fina que no estoy segura de que vaya a protegerme ni de un viento fuerte.
Aunque entiendo su gusto por la moda, me parece muy extraño que los miembros de las Cortes Menores vistan solo con los colores de su respectiva corte. Hasta Vesper, cuyo atuendo está diseñado en honor de la Rueda de la Fortuna, ha encontra do el modo de llevar solo los colores de los Espadas .
Todo esto me parece del todo innecesario, pero qué sabré yo, que provengo de los Sedimentos. Hago rodar los hombros , pongo cara de indiferencia y sigo a Cato y a Vesper para enterarme de qué esperpento nos han preparado los Pentáculos esta tarde.