Las Pruebas del Tarot Capítulo 15
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Capítulo 15

E n medio de la densa bruma del sueño, me da miedo despertar.

Anoche maltraté demasiado mi cuerpo, lo llevé mucho más allá de sus límites.

Cuando me baje de la cama, me va a doler muchísimo.

Sin embargo, cuando abro los ojos, compruebo que la energía bulle bajo mi piel.

Me estiro con cuidado, a la espera de que me dé alguna punzada en un músculo contraído, de que me molesten las magulladuras, de ese dolor de cabeza que pensaba que me iba a romper el cráneo en dos .

Pero nada. Salgo del dormitorio y voy al baño.

Mientras me lavo todo el cuerpo, no sé qué pensar sobre esta falta de dolor y agotamiento. No me sentía tan bien desde hace años .

La clériga me espera en la estancia principal, con el mismo aspecto sereno de siempre.

Y , lo que es más importante, lleva una bandeja con un desayuno sencillo: queso curado, huevos duros y un surtido de fruta.

Al verlo empiezo a salivar. Es fruta fresca .

De todo lo que abunda en la colina, esto es lo único a lo que creo que jamás me acostumbraré.

Le doy un golpecito a una fresa con el dedo.

—Aquí tenéis muchísimos productos frescos.

—En los Sedimentos hay gente que intenta montar un jardín, ya sea comunitario o no, pero la mayoría de las veces acaba echándose a perder antes de que pase una sola estación.

Y, cuando sobrevive, lo poco que crece y que no necesita más que un rayo ocasional de luz al día…

, bueno, es escaso, por decirlo de alguna manera.

—Sí. —La clériga me acerca un poco más la bandeja—. La Corte Menor adora los elementos, pero el Sol es la fuente de muchas de sus riquezas.

Eso mismo pensaba, pero percibo cierto rencor en su voz, algo nada habitual.

—Me parece que no te gusta mucho la Corte Menor.

Se le demuda el rostro , dejando entrever algo parecido al desdén.

—Ha destruido mucho de un modo muy sutil.

Cuando yo era niña, los templos de los dioses nadaban en la abundancia.

Nací durante el año de la Luna y me puse a su servicio a una edad temprana.

Sin embargo, los demás clérigos y clérigas, a quienes consideraba mi familia, ya no están aquí . Soy la última.

Está claro que es un tema delicado , y no me extraña.

El templo de la Rueda de la Fortuna, del que Mara me habló con tanta condescendencia , no es el único que ha cerrado en los últimos años.

La gente ya no consagra a sus hijos a los dioses antiguos, como antes.

Hay escasez de clérigos. Sin nadie que se ocupe de los templos, estos se ven obligados a cerrar.

Entonces la Corte Menor se hace con ellos y los transforma para honrar a alguno de los elementos primordiales.

En un intento de aligerar el ambiente, digo :

—Supongo que es buena señal que ya no se consagren niños al dios del año en que nacen. De lo contrario, yo serviría al Carro, no a la Luna.

Por otro lado, no sirvo exactamente a la Luna. Tengo mis propios planes, y ella apenas me ha contado cuáles son sus objetivos.

Supongo que podría preguntarle a la clériga por lo que vi mientras estaba inconsciente, pero me resulta demasiado extraño.

Aunque quizá no se tratara de un truco, tampoco es que hubiera literalmente una diosa en mi cabeza.

Quizá fuese un sueño provocado por haber usado demasiada magia hasta desmayarme.

Esa es la explicación que más sentido tiene.

—Nacer en el año del Carro resulta favorable —dice la clériga en tono neutro—. Yo misma he visto lo ambiciosa que eres. Eso te vendrá bien en las Pruebas.

—Ambiciosa, claro que sí. —Me la quedo mirando—. ¿Así que tus padres te consagraron a la Luna?

Ella niega con la cabeza con aire triste.

—Murieron cuando yo era muy joven . No me quedaba más familia, así que me llevaron hasta el templo de la Luna más cercano. Allí me acogieron y empezaron a formarme.

Yo parpadeo. Jamás había oído nada parecido.

—¿Eso es muy común?

—Antes sí. Los templos siempre estaban dispuestos a acoger niños, fuesen huérfanos o no.

A  veces, algunas familias pasaban tantas estrecheces que no podían alimentar a todos sus hijos, así que consagraban a un par de ellos a los dioses de sus templos locales .

Es un sistema del que todo el mundo se beneficiaba.

Los templos tenían personal y los niños de Caelria, alimento y cuidados, al margen de las circunstancias en las que nacieran .

A mí me parece demasiado bueno como para ser verdad .

Por más templos que hubiera en su día en la ciudad, no creo que fueran tantos como para acoger a todos los niños necesitados.

Y, aun así, parece un sistema mejor que el que tenemos ahora, sobre todo porque no hay ninguno.

O sea, los gremios se ocupan de una familia si alguno de sus trabajadores resulta herido o mue re en un accidente de trabajo.

La Corte Menor tiene suficien tes recursos como para asegurarse de que a nadie le falte nada.

Sin embargo, en los Sedimentos estamos solos. Nadie se ocupa de nosotros.

—¿Y cuándo cambió la situación?

—A lo largo de muchos años se fueron dando pequeños cambios.

Durante la última generación el culto a los dioses antiguos ha descendido.

—Aparta la mirada—. Además, hubo un escándalo en uno de los templos del Diablo hace muchos años.

Un asunto horrible en el que sufrieron muchos niños, aunque fue una monstruosidad aislada.

No obstante, el resto de la ciudad no lo vio del mismo modo, las familias dejaron de mandar a sus hijos a formarse en los templos y el Concilium aprobó una ley que prohibía que los templos hiciesen las veces de orfanatos.

Sin un flujo constante de clérigos en formación, los templos quedaron vacíos cuando los de mayor edad murieron.

La Corte Menor se ha aprovechado de este cambio.

Y, sin embargo, no ha hecho nada en absoluto para ayudar a los niños de Caelria.

Los templos de los elementos primordiales no aceptan ni a huérfanos ni a niños necesitados.

Solo los habitan clérigos de sus respectivas cortes : Bastos en el fuego, Pentáculos en la tierra, Copas en el agua y Espadas en el aire.

—Me parece un error evitar que la gente acceda a semejante recurso —digo al fin—, aunque hubiera quien se aprovechase de ello.

—El error fue aprobar esa ley. El número de templos de Caelria se ha reducido a la mitad en los últimos diez años.

Dejar de rendirles culto a los dioses antiguos es una necedad, pues se corre el riesgo de despertar su ira.

Aunque el tiempo pase distinto para ellos, llegará el día en que haya que pagar las cuentas por el daño ocasionado.

—Antes de que pueda responder a eso , la clériga me acerca de nuevo la bandeja—. Come , Luna. Necesitas coger fuerzas.

El caso es que ya me siento con fuerzas.

—Debería estar agotada después de usar tanto mis poderes anoche. —Al menos sobre esto sí que puedo obtener alguna respuesta.

—Al contrario, ganarás más fuerza con cada noche que pase. A medida que la Luna se vaya llenando, aumentarán tu resistencia, tu capacidad de curación y tu fuerza.

Tal y como pensé anoche mismo. Me como una fresa y la miro.

—¿Pero cómo funciona? La Luna no ha salido mientras yo dormía.

Ella se encoge de hombros .

—El Sol no deja de existir aunque no lo veamos en el cielo. Con la Luna pasa lo mismo. —Se levanta—. Voy a por tu ropa, vuelvo enseguida.

—Si se me permite decidir, prefiero unos pantalones normales.

En lugar de responder, la clériga sale por la puerta, dejándome sola para que me acabe el desayuno.

Esta conversación ha sido interesante, pero mientras como tengo que esforzarme por reprimir la curiosidad que me inspiran la clériga y el modo en que funcionaban antes las cosas.

La historia de Caelria seguirá a mi disposición una vez que hayan concluido las Pruebas, si es que me interesa indagar más.

La prioridad ha de ser sobrevivir a la matanza de cada noche y, para conseguirlo, no puedo permitirme más distracciones.

La clériga regresa poco después con mi ropa. Está claro que nuestra conversación la ha inquietado, porque en lugar de con su acostumbrada elegancia se mueve rápida y torpemente. Cuando se acerca a por la bandeja y veo que tiene las manos temblorosas, le toco el hombro sin pensármelo siquiera.

—No voy a contarle a nadie lo que hemos hablado.

Ella me mira y me resulta extraño el agotamiento que reflejan sus ojos pálidos.

—Aunque lo hagas dará igual. Mi tiempo en este mundo está a punto de concluir y no hay nadie que vaya a ocupar mi lugar. Todos mis seres queridos se han ido.

En Caelria no hay clérigos jubilados, al menos que yo haya visto.

Jamás me había planteado por qué, del mismo modo que tampoco me había percatado de que los templos se iban descuidando hasta acabar convertidos en lugares de culto de los elementos primordiales.

Para mí, todo eran gilipolleces religiosas; estaba más ocupada en alimentar a Mouse y los pequeños.

Quizá d ebiera haber prestado más atención.

—Lo siento.

Ella asiente con aire rígido.

—Gracias. Si pudieses peinarte tú sola hoy…

—Sí, por supuesto. —No voy a poder componerme un peinado tan elegante como el que me hizo ella, pero la verdad es que me da igual—.

Gracias por la charla. —Espero a que se haya mar chado de la habitación y me giro para contemplar la nueva monstruosidad que he de ponerme.

Por poco práctico que pareciera el vestido de anoche, lo cierto es que me permitió moverme libremente sin tener que preocuparme ni una sola vez.

Esta prenda parece ir en la misma línea.