Las Pruebas del Tarot Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

La Torre vuelve a inclinarse y esta vez se acerca aún más a mí. A pesar de que, conforme avanza la mañana, cada vez hace más calor, desprende un aroma a pino y nieve.

—Si quieres saber qué es lo que piensa la Muerte, tendrás que hablar con él. Somos aliados, no confidentes.

—Puede que lo haga. —Está claro que esta conversación no va a ninguna parte.

La Torre no tiene la información que necesito y se está comportando de forma tan extraña como la Muerte—.

No te cruces en mi camino esta noche, Torre.

—La frase es pura bravuconería , pero ahora mismo es lo único que tengo.

Empiezo a alejarme, decidida a salir del patio antes de verme enzarzada en otra charla confusa.

Sin embargo, su seca voz a mi espalda hace que me detenga:

—Resérvame un baile esta noche.

Contemplo su rostro perfecto, preguntándome si habré oído mal .

Seguro que sí. Acaba de decir que el campeón de la Muerte no está contento conmigo y, cuando eso ocurre, solo hay un resultado posible.

La Torre y yo no somos aliados, lo cual significa que somos rivales.

Solo cinco campeones pueden sobrevivir a las Pruebas, por lo que sería una necedad por mi parte suponer que no me matará en cuanto se le presente la oportunidad de hacerlo.

— ¿Por qué?

—Porque quiero volver a bailar contigo.

Como si fuera así de sencillo. Me dedica otra sonrisa de medio lado y algo parecido al humor ilumina sus ojos oscuros, dándoles un aspecto decididamente humano.

—¿Por qué?

—Descansa un poco.

Da la vuelta y cruza la puerta de su templo mientras me quedo mirando en su dirección.

—Todos los participantes en estas condenadas Pruebas han perdido el juicio.

Me arrastro hasta mi templo. En el interior, las sombras suponen un alivio muy bien recibido tras unos instantes bajo el s ol. Qué extraño que un lugar que me pareció tan ajeno al llegar me resulte ahora familiar y acogedor.

La clériga me espera cerca de la puerta que lleva hasta mi habitación. Le brilla el rostro de orgullo.

—Lo has hecho bien.

—He tenido suerte. —En ciertos momentos, literalmente, gracias a Vesper. Avanzo tambaleante—. Tengo que descansar. —Una vez que lo haya hecho, podré pensar mejor.

—Por supuesto. —Se apresura a acercarse y me agarra del codo con notable fuerza. Luego me lleva por las escaleras hasta mi habitación.

Una vez que estoy a solas, solo me da tiempo a quitarme este estúpido vestido antes de desplomarme en la cama.

Hace mucho que aprendí a dormirme por mera fuerza de voluntad.

Ha habido épocas en mi vida en las que apenas contaba con quince minutos de vez en cuando.

Ser capaz de cerrar los ojos y caer dormida a los pocos segundos es una habilidad que marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Quien me enseñó a hacerlo fue Mouse, al igual que tantas otras lecciones valiosas.

Sin embargo, en este momento de puro agotamiento, he de reconocer lo mal preparada que estoy para las Pruebas y para lo que podría venir después si consigo ganar.

Durante los últimos veintidós años, me he centrado por completo en sobrevivir a las Pruebas y en descubrir qué le sucedió a mi madre.

Aprendí todo lo que Mouse pudo enseñarme sobre los antiguos campeones con el único objetivo de acabar con los nuevos.

Entendía que otros cuatro campeones ganarían las Pruebas por la naturaleza de estas, pero apenas dediqué tiempo a pensar en qué dioses representarían y cómo impactaría eso en los próximos veintidós años de Caelria.

Si Vesper, con esa mente tan aguda y esa disposición a apostar por mí, tiene voto en el Concilium, ¿cuál será su máxima prioridad?

¿Y qué pasa con Cato, siempre tan arrogante y descarado, aunque a veces parece capaz de ver hasta lo más hondo de mi corazón?

Sufrió maltrato por parte del Carro. ¿Perpetuará el maltrato o tomará medidas para asegurarse de que nadie se enfrente al mismo destino?

Luego está la Torre, que es aliado de mi enemigo, pero que disfrutó tanto bailando conmigo que quiere volver a hacerlo.

Ni siquiera sé si proviene de Caelria, mucho menos si debería formar parte de la Cinque.

Me restriego la cara con la mano.

—No, la Torre no. Está aliado con la Muerte .

No se puede olvidar eso. —Las palabras no consiguen detener mi torbellino de pensamientos.

Ya han muerto nueve campeones. Tendrán que caer ocho más para que acaben las Pruebas.

Debería centrarme en mantenerme con vida, en estar lista para darles la espalda a mis aliados en cuanto dejen de servirme .

Solo que no es así como actúo. Técnicamente, solo le di mi palabra a Vesper de que nos aliaríamos una noche.

Sin embargo, formamos buen equipo a la hora de salvar a Cato.

Y, con este último, tenemos muchísimas más posibilidades de llegar hasta el final.

Sería una necedad por mi parte darles la espalda sin una maldita razón de peso.

Ha llegado la hora de reconocer la verdad: no quiero que ninguno de los dos muera. Tampoco quiero que muera la Torre. He ahí algo que jamás podría haber planeado.