Capítulo 14
D espués de todo lo que ha sucedido, bajar del tejado supone un desafío casi insalvable.
Aunque estamos agotados, conseguimos descender por la escalerilla del depósito de agua, pero la puerta que da al edificio de abajo está cerrada con llave.
Los tres la contemplamos aturdidos. Vesper forcejea con el pomo una vez más, como si este nuevo intento fuese a dar resultado, y luego mira en derredor, aunque no hay ningún destello púrpura ni aparecen mágicamente unas llaves.
Cato suelta una maldición.
—Voy a fundirlo con un rayo.
La palma de su mano se ilumina, aunque el resplandor no es ni de lejos tan intenso como el de anoche. En lugar de derretirse, el pomo se limita a… doblarse un poco.
Vesper emite un sonido que no llega a ser una risita, pero yo estoy demasiado agotada como para reírme de que Cato se haya quedado sin poderes. Además, ahora mismo yo también estoy bastante desvalida. Al menos los goznes están en este lado de la puerta.
—Dame una de tus dagas.
—Una mierda te voy a dar.
Me lo quedo mirando.
—Ahora mismo no me interesa ver quién la tiene más larga. Quiero dormir y tenemos que regresar a la isla de los campeones antes de la sexta campanada. De lo contrario, nos arriesgamos a que nos descalifiquen. No queda tiempo. Dame una puta daga.
Cato pone mala cara, pero al cabo me la da. Es distinta de las que usó durante la Criba. Tiene sentido. Yo tampoco cargaba con dos hoces antes de convertirme en la campeona de la Luna.
La Luna.
Me obligo a no pensar en ella hasta más tarde y me acerco a los goznes. El cuchillo está afilado y parece recio, por lo que apenas tardo en desatornillar los goznes. Luego nos resulta sencillo descolgar la puerta. Le devuelvo la daga a Cato.
—Gracias.
Él entrecierra sus bonitos ojos oscuros. No es la misma mirada que me dedicó frente a la torre de los Copas, aunque casi.
—No hay problema. —Está claro que vuelve a sopesar mis habilidades, otra vez.
Bueno, que sopese lo que le dé la gana. Lo que yo quiero es dormir.
Lo aparto con el hombro y bajo por las estrechas escaleras.
Están limpias y desprenden un leve aroma a pino.
Porque, claro, sería absolutamente imperdonable que un Copa permi tiese que unas escaleras que apenas se usan acumularan polvo . ¿Qué pensaría la gente?
Se me atora una risotada en el pecho. Me restriego los nudillos contra el esternón, pero la sensación no hace sino empeorar.
Me encuentro más allá del agotamiento, siento como si hubiese bebido demasiados vasos de ese licor claro que preparamos en los Sedimentos.
Es mejor no preguntar con qué se hace, y el resultado jamás es el mismo, así que nunca se sabe qué va a pasar al beberlo.
Excepto la resaca. La resaca está garantizada.
—Dejadme ir delante —murmura Vesper cuando llegamos al final de las escaleras. Nos encontramos en un diminuto rellano frente a una puerta que da a la planta principal del edificio—. Manteneos detrás de mí y no digáis nada que resulte maleducado. —No sé si eso último lo dice por mí o por Cato.
Él resopla, aunque no parece habérselo tomado mal.
—Tú limítate a sacarnos de aquí.
Yo me encojo de hombros.
—Estoy demasiado cansada como para decir nada maleducado. —Jamás voy a ser la parte de esta alianza que se encarga de hablar. Vesper, Paje de Espadas, es parte del grupo. ¿Por qué iba yo a molestarme en decir nada?
Vesper abre la puerta y salimos a una estancia de gran tamaño con mesas de vidrio. Percibo un destello por el rabillo del ojo que me hace frenar en seco. ¿Estamos en una joyería ? ¿Y la única medida de seguridad es una mierda de cristal ? Al menos no hay nadie a la vista.
Todos dejamos escapar un leve suspiro de alivio y cruzamos una mirada de desconcierto. Compartimos un instante de perfecto entendimiento: ninguno de nosotros quería afrontar la conversación por aparecer inesperadamente en una tienda cerrada mucho antes de la hora de apertura.
—Al menos va a ser fácil salir de aquí. —Vesper se acerca a la puerta, que también es de vidrio. Es como si esta gente suplicase que roben en la tienda. Quita el pestillo—. Vamos.
Yo apoyo la mano en la vitrina más cercana.
Lo único que tengo que hacer es romper el cristal.
Podría llevarme todos esos collares y pendientes con joyas incrustadas en apenas unos segun dos.
Podría encontrar la manera de enviárselos a Mouse.
O quizá a Mara, que conseguiría por ellos un precio mejor que Mouse y prometió cuidar de la familia.
El dinero que supondría este botín bastaría para asegurarse de que todos estén bien cuidados, aunque yo muera durante las Pruebas.
Percibo cierto calor a mi lado y, por el rabillo del ojo, veo que Cato se ha detenido a mi lado. Contempla las joyas con ojo crítico, sin duda pensando lo mismo que yo. Sin embargo, en lugar de actuar, lo que hace es decir:
— No vale la pena. Quizá tú te libres de la justicia de los Bastos, si es que quieres llamarla así , pero no sucederá lo mismo con quienquiera que reciba el dinero.
Tiene razón. Sé que tiene razón. Y sin embargo …
—Si voy con cuidado, nadie lo sabrá.
—Sí que lo sabrán. —Señala un colgante con un enorme zafiro—.
Cuando el Gremio del Granate talla una gema como esta, graban el símbolo del gremio en su interior.
Y, como la venden los Copas, la pieza debe tener también su símbolo.
Ningún comerciante ni dueño de tiendas de empeños querrá tener una joya tan fácil de identificar.
Lo más probable es que entregue al ladrón a las autoridades a cambio de una recompensa y mejore su imagen tanto frente a los Granates como a los Copas.
No sabía que los gremios grabasen su símbolo en sus artículos. ¿Cómo iba a saberlo? Jamás he estado cerca de este tipo de joyas tan elegantes . Trago saliva.
—Está bien, tienes razón.
Cato asiente. Por una vez no se muestra ni arrogante ni condescendiente. Su hermoso rostro refleja algo parecido a la empatía.
—Céntrate en ganar . Si lo consigues, tendrás acceso a recursos que dejarán en pañales a todas estas fruslerías. Los Bastos no podrán tocarte, ni a ti ni a ninguno de tus seres queridos.
Aunque los Bastos normales y corrientes no puedan tocarme , la Corte Menor tiene más poder que la Cinque.
De lo contrario, no habría podido ordenar que ejecutasen a mi madre.
Aun así, no tiene sentido señalarlo, pues Cato se ha portado bien conmigo al advertirme, y además no pienso contarles ni a él ni a Vesper mi relación con la antigua Luna.
—Razón de más para ganar.
—Pues sí .
Vesper carraspea.
—¿Por qué tardáis tanto?
—Ya vamos. —Cuando salimos a la calle, comprobamos que el Sol ya asoma por encima de la muralla en la lejanía.
Avanzamos lentamente. Vesper se apoya en su bastón, ignorando el brazo que le tiendo en silencio.
Por un momento creo que Cato va a dejarnos atrás.
Mientras que mis fuerzas disminuyen con cada manzana que recorremos, a él parece estar sucediéndole justo lo contrario.
Endereza la columna, alza la cabeza y su piel pierde ese aspecto cerúleo que ha adquirido cuando se ha desmayado.
Incluso sonríe un poco, como si estuviese disfrutando.
Y , de pronto, lo comprendo.
—El Sol te cura.
—Soy su hijo favorito. —Esboza una breve sonrisa afilada—. Apostaría a que a ti te sucede lo mismo con la Luna.
—La verdad es que no me ayudó mucho cuando me desmay é anoche.
—Sueno un poco como una niña enfurruñada, pero no deja de ser insultante ver que otros campeones han obteni do beneficios mucho mayores que los míos.
Mouse no mencionó que la Luna pudiese curar a mi madre, pero ella no sufrió ninguna herida seria durante las Pruebas, así que quizá nunca saliera en la conversación.
O quizá este tipo de sanación no entre dentro de los poderes de la Luna.
Si la charla que tuve con la diosa no fue una alucinación, si me dijo la verdad, sus poderes tienen límites.
A esas alturas hay las mismas posibilidades de que todo fuera cierto que de que fuese un sueño.
Vesper parece adivinar mis pensamientos.
—Me pregunto si el alcance de su sanación, o la falta de esta, tendrá que ver con el punto en el que se encuentre de su ciclo. La Luna llena es más poderosa que la nueva, ya sabes. Ahora está empezando a crecer, así que apostaría a que tus capacidades curativas aumentarán cada noche que pase.
Yo ya he aprendido por las malas a no dar nada por sentado.
Sin embargo…, puede que Vesper tenga razón.
No sé en qué punto del ciclo se encontraba la Luna durante las últimas Pruebas.
Si me otorga poderes curativos mientras está en cuarto creciente, quizá la Luna llena me dé rayos, como los de Cato. ¿Quién sabe? El tiempo lo dirá.
—No pienso permitir que nuestros planes dependan de una suposición.
—Pues haces bien. —Vesper se tambalea.
Sin pensar, alargo la mano y le agarro del codo. Ahora que me fijo bien, tiene un aspecto horrible. Lleva el semblante contraído por el dolor y su cojera es más pronunciada. Aunque el Sol cure a Cato y la Luna me cure a mí, parece que la Rueda de la Fortuna no cuenta con este tipo de magia.
Vesper aparta de un tirón el codo.
—Deja de mirarme como si estuviese a punto de desplomarme sin previo aviso. No es el caso.
—Puedo…
—No, Kestrel. —Inspira hondo y suelta el aire mucho más lentamente de lo que yo esperaba—. Llevo toda la vida con estas limitaciones. Si necesitase ayuda cada vez que me esfuerzo demasiado, no sería Paje de Espadas , y desde luego jamás me habría atrevido a ser la Rueda de la Fortuna. Estoy bien .