Las Pruebas del Tarot Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Alargo una mano y agarro la de Cato. Poso la que tengo libre en la de Vesper, aferrada a mi hombro. Esto va a doler.

—En cuanto lleguemos, volveré a desmayarme. Puede que durante mucho rato. No me dejéis morir.

—No te dejaré morir, Kestrel. Te lo prometo.

En un lado del depósito de agua hay una escalera de mano y, en lo alto, una diminuta rejilla metálica que hace las veces de plataforma: ese es nuestro destino.

Las sombras reptan en respuesta a mi llamada: densas, resistentes, pegajosas, pero acuden.

No puedo ni dar un paso, así que me limito a dejarme caer, arrastrando conmigo a Cato y a Vesper por el espacio que nos separa.

Acabamos aterrizando en la rejilla de metal.

Y al instante me desmayo.

Esta vez, la Luna no me espera con palabras sin sentido.

No hay más que oscuridad. No sé cuánto tiempo me paso inconsciente , pero, cuando por fin abro los ojos, nos encontramos dentro del depósito de agua y el cielo empieza a tornarse azul.

Aún no ha llegado el alba, pero está tan cerca que casi se puede tocar.

Al girar la cabeza , la noto como si hubiese triplicado su tama ño y me late con una intensidad que siento en los globos oculares . Estoy tumbada junto a Cato, sobre una estrecha repisa que recorre todo el interior del depósito de agua; debe de ser para tareas de mantenimiento.

—Se han ido. —Vesper habla aún más bajo que antes. Al instante comprendo por qué : el sonido se propaga con demasiada facilidad por este espacio redondo—. Se dirigían a la isla de los campeones.

—Bien . —Con cuidado, apoyo la cabeza en la rejilla—. Muy bien .

Si hubieran descubierto dónde estamos, habríamos sido presas fáciles.

—No volveremos a abusar así de tus poderes. —Vesper me acaricia los nudillos con el pulgar. No me había dado cuenta de que nuestros dedos seguían entrelazados. Esboza una sonrisa tensa —. Sea como sea, hemos sobrevivido a esta noche.

—Sí, hemos sobrevivido. —Hemos escapado de la torre de los Copas, hemos evitado que el Loco nos asesinase, les hemos arrebatado una víctima a la Torre y la Muerte y nos hemos escondido durante horas. ¿Qué campeones no lo habrán logrado?

Cato suelta un leve gemido y, al darse cuenta de que está pegado a mí, se queda petrificado.

—Luna.

—Kestrel — lo corrige Vesper—. Si vamos a establecer una alianza, será mejor usar su nombre real.

Cato consigue incorporarse sin caer redondo, todo un logro que ahora mismo se encuentra fuera de mi alcance.

Me mira y comprendo que se está pensando si debería asesinarnos.

Lo único que tiene que hacer es arrojarnos al agua que se oye ahí abajo.

Puede que tardemos algo de tiempo en cansarnos lo bastante como para ahogarnos, pero un par de rayos solares acelerarán el proceso.

Así, tendrá dos campeones menos de los que ocuparse mañana por la noche.

Él aparta la mirada.

—Creí que estaba acabado.

—Eso es porque estabas acabado. —Vesper sigue acariciándome los nudillos con movimientos tranquilizadores.

—Aguanté más que ningún otro campeón al que se hayan enfrentado.

Me cago en la puta, estos pavoneos son insoportables. Le lanzo una mirada a Vesper, que prefiere ignorarme. ¿Seguro que esta es la respuesta a nuestros problemas?

—Si has cambiado de idea sobre establecer una alianza, eres libre para marcharte —digo entre dientes—.

Puede que el Carro siga dispuesto a aceptarte…

. —No soporto ser la única que está tumbada, así que me esfuerzo por incorporarme como puedo.

Siento los huesos frágiles. Espero que solo sea una sensación, porque, si mi magia drena de verdad mis fuerzas…

, bueno, lo cierto es que tampoco era tan fuerte.

Apenas me queda energía—. O quizá no —concluyo.

— Lo que quiere decir Kestrel —interviene Vesper— es que nos interesa aceptar tu propuesta de alianza. Formaríamos un buen equipo.

Cato sigue sin mirarnos.

—Como ya he dicho, prefiero morir antes que unirme al Carro. —Tiene los hombros tensos, aunque ha de estar tan agotado como yo. En cualquier caso, lo entiendo: no hay que mostrar debilidad.

—Te creemos. —Vesper habla en tono cuidadosamente tranquilizador—. Por eso hemos ido a por ti.

Cato se apoya en la pared a mi lado. Nuestros pies cuelgan del borde.

—Necesitamos un plan.

—El tiempo de hacer planes ha pasado —espeto—. Casi ha llegado el alba.

Una vez más, Vesper es la voz de la razón, firme y serena.

—Cato tiene razón. Es necesario trazar un plan de aquí al siguiente ocaso.

Entiendo que incluir a Cato en esta alianza es parte del plan, pero no me gusta que quiera ponerse al frente de inmediato. Por más que equilibre nuestras habilidades, sigo sin confiar en él. Teniendo en cuenta lo rápido que ha propuesto trazar un plan, está claro que ya tiene algo pensado.

— Está bien, ¿qué propones?

—Ir a por el Carro.

Busco la mirada de Vesper para transmitirle «eso no es un puto plan», pero está observando a Cato con el ceño fruncido. Yo pongo los ojos en blanco.

—Si lo que intentas es convencernos de que no nos estás tendiendo una trampa, te está saliendo como la mierda.

—Que no intento tenderos ninguna puta trampa, joder —gruñe él—. Hay que matar al Carro.