Capítulo 13
M i campeona. Mi representante. Mi hija».
Me duele todo el cuerpo, como si hubiese caído del tejado más alto de los Sedimentos, a docenas de metros del suelo.
Quizá fuera eso lo que sucedió justo después de encontrarme con Mara.
Quizá me cayese, me desplomara en mitad de la no c he hasta el implacable abrazo del suelo.
Puede que ahora mis mo me encuentre en el apartamento, que Mara se esté inclinando preocupada sobre mí y discutiendo con Mouse qué deberían hacer para salvarme. Quizá…
«Despierta, hija».
Abro los ojos poco a poco. Incluso ese minúsculo movimiento me duele tanto que me siento tentada a volver a la inconsciencia.
Una mano fría me acaricia la frente y su tacto sobre la piel me resulta inconfundiblemente in humano.
Me incorporo de golpe y miro frenética en derredor.
Ni rastro del tejado, el cielo nocturno y el invernadero a mi espalda.
Me encuentro en un espacio extraño que parece enorme y finito al mismo tiempo, aunque no entienda cómo es posible.
Aquí dentro la luz se comporta de forma curiosa: es brillante, oscura y mutable.
No estoy sola.
Hay una persona ante mí. Pero eso no es del todo cierto.
Tiene pinta de persona, pero en ella hay algo…
raro. Tiene la piel demasiado suave, las facciones demasiado uniformes y una larga melena oscura que ondea por una brisa que yo no siento.
Y, lo que es más, su piel trigueña parece luminiscente, como si brillase.
Me llevo con cuidado la mano a la frente.
Mi piel parece normal, aunque un tanto caliente.
—Me has tocado.
La figura sonríe.
«Lo estás haciendo muy bien ». A pesar de que esas palabras brotan claramente de la figura, esta no mueve la boca al hablar.
Parpadeo. La voz me resulta familiar; es la misma que oí en el templo.
Hasta ahora estaba segura de que me lo había imaginado; era la única opción lógica…
Sin embargo , no hay nada de lógico en lo que está sucediendo en este momento.
Una de las monedas que me dio Mara se calienta muchísimo en el bolsillo de mi arnés ; no sé si es una advertencia o señal de reconocimiento .
—¿Quién eres?
«Ya sabes la respuesta a esa pregunta».
Vuelvo a estudiar con atención a la figura.
—Estoy soñando.
«Sí y no».
Dioses, Mouse también habla así a veces. Me llevo con cuidado la mano a la sien. Necesito pensar , pero me resulta difícil con los latidos que noto en el cráneo. Quizá esto no sea más que un sueño extraño y esté tumbada inconsciente bajo la vigilancia de Vesper. Pero eso no es…
—Quieres que crea que eres la mismísima Luna.
«Soy la Luna. —La luz que mana del interior del cuerpo de la figura se intensifica de forma sustancial—. Te encuentras en mi reino. Estás a salvo ».
—No, no estoy a salvo.
La Luna esboza una débil sonrisa.
«Quizá no del todo, pero en este momento no sufrirás ningún daño».
Esto bien podría ser mentira. Una mentira que he creado yo misma, o quizá alguno de los demás campeones.
No hay manera de estar segura. Aunque los arcanos mayores sean nuestros dioses, no están presentes .
Incluso durante los fuegos, la única prueba de su existencia son los poderes que les otorgan a sus campeones.
Y ahora este ser afirma que es uno de ellos, que la mismísima Luna está aquí , hablando conmigo…
Debe de haber alguna manera de que me demuestre quién es de verdad.
Las preguntas se amontonan en mi garganta, unas sobre otras, en un intento de salir por mis labios.
Quiero preguntarle por todos los misterios del universo.
Quiero saber por qué nos han dejado solos para defendernos de la Corte Menor.
Quiero que me explique por qué permitió que mi madre muriese .
Sin embargo, formular cualquiera de estas preguntas es darle a la Luna demasiado poder.
Si esto es una trampa que ha ideado otro campeón, he de descubrirlo.
—Dime algo que solo pueda saber la verdadera Luna.
Su expresión refleja lo que parece ser pesar.
«Mi última campeona era orgullosa, fuerte, leal. Y además era tu madre».
Siento calor y , luego, frío por todo el cuerpo.
Muy poca gente conoce mi parentesco con la última Luna, y menos los campeones .
Entra dentro de lo posible que la Muerte se lo haya contado a alguien, aunque no lo creo.
Además, si bien sus poderes son enormes, se limitan al reino físico .
Si fuera capaz de invadir los sueños, mi madre lo habría sabido, siendo su aliada, y se lo habría contado a Mouse. Eso significa…
—Eres la Luna. Realmente eres la Luna.
«Lo soy. —Aparta la mirada, con el cuerpo en tensión—. No tenemos mucho tiempo».
Y yo lo he malgastado intentando descubrir si esto es una trampa. Si solo tengo una oportunidad de obtener respuestas, pienso aprovecharla.
—¿Por qué cometió traición mi madre?
La Luna ladea la cabeza.
« No cometió traición alguna. Representaba una amenaza para la Corte Menor, que decidió eliminarla. Ni siquiera ellos pueden interferir con las Pruebas, pero luego… —Se encoge de hombros—. Yo no pude salvarla. Con todo mi corazón desearía poseer el poder de hacer algo así».
Siento que se me encogen los pulmones dentro del pecho, pero intento disimularlo con una risa amarga.
—Por supuesto que no tenías el poder de salvarla. Qué có modo resulta para todo el mundo, joder. Mi madre lo sacrifi có todo por ti: su futuro, su vida y a mí . Y tú te quedaste plantada mientras la decapitaban y declaraban que era una traidora.
El destino que corrió mi madre, todo lo que perdí cuando la perdí a ella me provoca una rabia que abarca el mundo entero. La Luna no es ninguna excepción.
«Era la campeona perfecta ».
Llevo toda la vida oyendo lo perfecta que era. Y, sin embargo, esa perfección no bastó para salvarla.
—Tan perfecta que ahora está muerta.
«Sí».
—Te lo ofrecí todo y me has dado muy poco a cambio. —Inspiro hondo. Quiero saber por qué no me ha otorgado los mismos poderes que le otorgó a mi madre, pero hay una cuestión más acuciante en la que no había reparado hasta ahora—: ¿Qué es lo que me has arrebatado?
«Todas tus preguntas tendrán respuesta a su debido tiempo. —La Luna aparta la mirada. Esos extraños ojos siguen algo que no puedo ver—. Es hora de que te vayas, hija. Volveremos a hablar pronto».
—Pero…
Unas manos me zarandean por los hombros con brusquedad y regreso a mi cuerpo. Ya me dolía en el reino de la Luna, pero ahora me duele de verdad . Vesper me habla al oído:
—Kestrel, tienes que despertarte.
—Ya estoy despierta.
Siento la cabeza como si me hubieran arreado un hachazo, pero al menos las estrellas del cielo no se mueven. Me incorporo con cautela. Aún está oscuro, faltan horas para el alba. Debo de haber estado inconsciente pocos instantes, aunque me ha parecido mucho más .
—Bien. —Vesper está más alterado que nunca. Le tiemblan las manos, que siguen posadas en mis hombros—. Me equivoqué cuando te dije que podríamos ocultarnos aquí indefinidamente. Nos están acechando , cada vez están más cerca.
Los latidos que siento en la cabeza no me permiten oír nada, pero no dudo de que Vesper dice la verdad.
Le lanzo una mirada de reojo a Cato, que sigue inconsciente.
Mierda, esto va ser un problema. Ahora mismo no estoy segura de poder caminar yo sola y el cansancio de Vesper no le va a permitir cargar con ninguno de nosotros, mucho menos con los dos.
—Tenemos que escondernos.
—Lo sé, pero para conseguirlo tienes que levantarte.
Paseo la vista en derredor, pero este tejado está vacío excepto por el invernadero en el que estamos apoyados. Si alguien cruza la puerta detrás de nosotros o sube por la escalera, nos descubrirá. Y podemos darnos por muertos .
Vesper me aprieta el hombro.
—Hay un depósito de agua en un tejado a media manzana al norte de aquí. Es lo bastante alto como para que nadie nos vea si nos metemos dentro. Podemos esperar al alba allí.
Ni que decir tiene que soy yo quien ha de hacer que lleguemos hasta allí con magia.
Ni en un millón de años lo conseguiría mos si no, joder , y menos si Cato está inconsciente.
Al enderezarme, los latidos de mi cabeza se vuelven aún más violentos.
Siento una fuerte arcada, pero reprimo la sensación lo mejor que puedo .
Lo último que quiero es empeorar este dolor de cabeza vomitando. Inspiro hondo con mucho cuidado.
—Dime dónde.
Vesper me gira hacia la derecha y señala con un dedo temblorosamente . Lo veo al instante. Es un gran círculo gris, ancho , alto y bastante feo. Aun así, los depósitos de agua contienen justo eso: agua. Un recurso vital que mantiene viva a toda la comunidad.
—Vale.
Intento mantenerme en pie, pero siento las rodillas como si estuvieran hechas de grava. Aunque vuelvo a inspirar hondo, no consigo estabilizarme. Estoy muy cansada , joder. No me quedan ni ganas de vivir. Si pudiese tumbarme un rato…, o para siempre.
Vesper me coloca una mano en el centro de la espalda para mantenerme recta .
—La Muerte y la Torre están peinando las calles ahí abajo —dice en un tono tan suave que sus palabras apenas me llegan—. Es cuestión de tiempo que acabe por mirar hacia arriba. Tenemos que ponernos en marcha, Kestrel. De lo contrario, moriremos.
Muerte, muerte, muerte por todas partes.
Parece que todos mis caminos acaban como el de mi madre , abrupta y violentamente.
De tal palo, tal astilla. Me llevo una mano a la boca para reprimir una risotada.
Me encuentro peor de lo que pensaba, estoy como borracha .
Este aire es diferente del de los Sedimentos, más limpio, y tampoco puedo saborearlo, no noto lo denso y mugriento que es. Me alegro por los Copas.
—Puedo hacerlo. Lo tengo todo bajo control.
La preocupación de Vesper queda patente en la fuerza con la que me agarra, en la arruga que se forma entre sus cejas perfectas. Donde no se percibe, sin embargo, es en su voz, que solo transmite confianza cuando dice:
—Lo sé.