Capítulo 12
A cada paso que damos volviendo por donde hemos venido, de nuevo agarrada a la mano de Vesper, oigo la voz de Mouse en el oído exigiéndome que haga justo lo contrario:
«¡Escóndete!».
« No te hagas la heroína, Kestrel. Vas a conseguir que te maten».
«Si rajan a alguien, que al menos no sea a ti».
Tiene razón. Sé que tiene razón …, pero también la tiene Vesper.
No puedo sobrevivir sin aliados . Sin la intervención de la Muerte, la Torre me habría matado anoche.
Y , antes, yo no ha bría conseguido salir de la torre de los Copas de no haber sido por la suerte de Vesper.
Y ni Vesper ni yo habríamos sobrevivi do al paso del Loco por el pasadizo de no haber sido por el ataque de la Torre.
Aunque establecer una alianza no fuese parte del plan original, no está saliendo nada según ese plan, así que tengo que adaptarme y he de hacerlo rápido. Con Cato formaríamos un trío equilibrado, puede que tengamos la oportunidad de ganar.
—Kestrel —susurra Vesper—. Casi hemos llegado a la puerta.
Al hacerlo me coloco la primera.
—Espera un momento. —Desplazo las sombras para que nos cubran y la profunda oscuridad me envuelve como una vieja amiga.
Antes incluso de participar en las Pruebas , unas sombras profundas podrían marcar la diferencia entre un golpe exitoso o tener que correr por mi vida huyendo de un Basto cercano.
¿Cuántas noches he pasado agazapada entre ellas rezando por que la Luna dirigiese su mirada a otra parte?
Salimos por la puerta a la calle, donde la noche parece aún más oscura.
Cato y la pelea deben de estar alejándose de nosotros, porque solo atisbo destellos por el cielo de las brillantes luces que provocan sus ataques .
No sé si lo pretendía, pero es como si hubiese erigido un faro para que lo encontremos.
Ya no hay tiempo para preguntarse si he tomado la decisión correcta. Ha llegado la hora de actuar.
Me dirijo por la calle hacia los sonidos y luces de la batalla.
Voy pegada a los edificios por si hubiera otro campeón escondido esperando aprovechar cualquier distracción por nuestra parte.
Si son listos, se habrán alejado de aquí, pero ya ha quedado claro que algunos de ellos —por ejemplo, el Emperador— no son demasiado sagaces.
Será toda una sorpresa que ese tipo sobreviva a esta noche.
Al sentir una levísima presión en la mano , miro por encima del hombro.
Vesper se está rezagando. No hay nada en su rostro que indique que le cueste andar, pero ya empiezo a entender que, cuando se trata de mostrar algo parecido a la vulnerabilidad, es una tumba .
Y lo comprendo. Al moverse entre depredadores, cualquier indicación de debilidad es equivalente a arrodillarse en mitad de la calle y dejar al descubierto la garganta para que te la rajen.
Aminoro levemente la marcha para permitir que me siga el ritmo. Ahora la cojera parece más pronunciada que al principio de la noche. ¿Cuánto tardará el dolor en impedirle caminar? ¿Y qué hago cuando eso suceda?
«Pues dejarlo atrás. Cortar cualquier atadura».
No hago caso a la voz de Mouse. Le he dado a Vesper mi palabra de que esta noche mantendremos una alianza.
En los Sedimentos, lo único que tiene la gente es su palabra; quien se acostumbra a romperla suele tener una esperanza de vida mucho menor de lo normal.
Aunque haya establecido esta alianza a regañadientes, pienso mantener mi palabra. No voy a abandonar a Vesper.
Siento una leve presión bajo la piel, como si alguien estuviese acariciándome zonas por donde ningún dedo debería pasar .
Me encojo y alzo la mirada, segura de que estamos a punto de sufrir un ataque.
Pero nada. Nadie. Mi mirada aterriza sobre una sombra particularmente oscura, por donde un edificio alto se cierne sobre otro más pequeño a cuya altura casi hemos llegado.
«Sería preferible estar en el tejado».
En el lapso entre dos pasos, la calle se vuelve líquida, extraña.
Vesper emite un gemido ahogado, pero vamos a demasiada velocidad como para detenernos.
Agarro con más fuerza su mano y doy un tirón para que se agache conmigo.
Acabamos agazapándonos justo en el sitio en el que me he fijado hace unos segundos, a muchos metros del lugar donde estábamos.
A Vesper se le desorbitan los ojos .
—¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Yo sigo mirando en derredor , sorprendida. No estoy segura de si he sido yo o si ha sido alguien que quiere atacarnos. Sin embargo, no veo a nadie. No hay ninguna sensación de peligro más allá del frenético galope de mi corazón.
—No lo sé .
Vesper se inclina hacia delante, con el rostro iluminado de emoción.
—Hazlo de nuevo.
—No sé cómo lo he hecho . —Sin embargo, mientras protesto, miro al lado contrario de la calle en busca de otra sombra oscura que me llame .
Tras otro parpadeo y un corto paso al frente, nos encontramos allí.
Experimento una extraña sensación en la cabeza que me recuerda a la fiebre de invierno que asoló los Sedimentos.
Los primeros en pillarla fueron los pequeños; luego, dejó tan demacrado a Mouse que pensé que se iba a morir, y por último fui yo la que cayó.
Pero no podía permitirme descansar. Ninguno de ellos podía permitirse que yo descansara.
Fui la única que aguantó porque, si hubiese sucumbido, todos nos habríamos muerto de hambre.
Mientras me desplazaba por los tejados intentando birlar los bolsos que se ponían a mi alcance en los mercados del Peridoto…
, sentí algo muy parecido a lo de ahora.
Me llevo los dedos a la sien, segura de que noto justo ahí mis latidos.
—No sé cuántas veces más voy a poder hacer esto.
—Imagino que es parecido al funcionamiento de los músculos . Necesitas resistencia y fuerza —musita Vesper—. Probablemente no ayude tener que cargar conmigo.
Se oye un grito penetrante y agónico en la lejanía…, que se interrumpe de golpe. Cruzamos la mirada . Antes de que me dé tiempo a proponer que abandonemos el plan, una llamarada brillante nos indica que quienquiera que acaba de ser herido o asesinado… no es Cato.
—Sigamos . —Se nos acaba el tiempo. A mí dos saltos entre las sombras me han dejado mareada; mientras que Cato lleva usando su magia mucho tiempo. Si queremos tener la oportunidad de salvarlo, hemos de apresurarnos.
Vesper me lleva por los tejados en dirección a la luz.
Hay muchísimos invernaderos ocupando hasta el último rincón disponible.
Arrojan suficientes sombras para aprovechar , pero empiezo a preguntarme si no habré juzgado mal a la Corte Menor, al menos en parte.
No malgastan ni un resquicio de la preciada luz solar.
Aunque se niegan a compartir su riqueza, son conscientes de lo valiosa que es como recurso; eso suponiendo que todos estos invernaderos estén llenos de frutas y verduras.
Por otro lado, en vista del jardín que atravesé durante la primera noche, es muy posible que algunos solo contengan flores.
Me veo obligada a dar otros dos saltos entre sombras.
Me provocan mareos, pero así conseguimos llegar hasta una escalera que conduce al tejado de un edificio particularmente alto.
Desde esa posición elevada, por fin conseguimos ver la pelea.
Pinta… mal. La Muerte y la Torre tienen la espada desenvainada y han rodeado a Cato.
Los escaparates a su alrededor están destruidos, el suelo está cubierto de esquirlas de cristal y quedan ascuas de varios incendios pequeños.
Al igual que la mayoría de los edificios de Caelria, estos están hechos de piedra; es el único motivo por el que no se ha extendido el fuego.
Cato tiene un aspecto horrible . El sudor cubre su piel morena, tiene los hombros hundidos de agotamiento y enarbola las dagas temblorosamente.
Aun así, no se ha rendido. Cada vez que los otros dos atacan, él los esquiva y lanza un brillante rayo de luz que los obliga a retroceder.
Hasta ahora se las ha apañado, pero está claro que no aguantará mucho más.
¿Qué íbamos a hacer desde aquí? No, maldita sea, no sirve de nada pensar así.
Ni a Vesper ni a mí nos faltan herramientas, aunque no tengamos intención de unirnos a la batalla de un modo tradicional.
Lo único que necesitamos es una oportunidad de salvar a Cato.
Vesper empieza a hablar , pero alzo una mano.
—Dame un segundo para pensar.
Mientras los observo, advierto un patrón claro: van intercambiado posiciones.
La Muerte ataca y se retira, dando paso a la Torre , que hace lo mismo.
Si los dos atacasen a la vez , sin duda podrían vencerlo, o al menos acercarse lo suficiente como para que la Muerte le inflija alguna herida .
Sin embargo, con el poder de Cato, uno de los dos acabaría herido…
, si no muerto. Así pues, está claro que su plan es agotarlo para atacar cuando esté demasiado débil como para suponer una verdadera amenaza.
No falta mucho para que llegue ese momento. Se nos acaba el tiempo .
—Sombras y suerte —susurro. Aparto la mirada de la contienda y oteo en derredor.
Se encuentran en el cruce de cinco calles, lo cual les proporciona espacio suficiente para luchar .
Tengo que aprovecharme de ello. Nos encontramos en el edificio más alto de las inmediaciones, pero lo bastante lejos como para que, si conseguimos subir a Cato aquí, haya pocas probabilidades de que la Torre y la Muerte nos encuentren .
Técnicamente, la Torre podría arrasar toda la manzana con su magia, pero han tenido mucho cuidado de no ocasionar daños indebidos para no despertar la ira de la Corte Menor .
No va a destruir ningún edificio a menos que tenga claro que nos encontramos dentro.
—Sombras y suerte. —Vesper asiente —. Tenemos que agarrarlo y echar a correr… o escondernos.