Capítulo 11 #4
Contemplo toda Caelria desde las alturas.
No nos encontramos en la cima de la colina —ese privilegio solo lo tiene la Corte Menor, cuyos miembros están escondidos tras sus preciosas paredes—, pero sí que estamos lo bastante altos como para ver varias luces sobre la muralla que rodea la ciudad .
No estoy segura de si son fogatas destinadas a que los Bastos de guardia mantengan el calor o simplemente luces .
En los Sedimentos, la altura de la muralla empequeñece todo lo que esta rodea con su larga y oscura sombra .
Aquí arriba podría convencerme de que las estrellas están demasiado cerca del suelo.
El peligro de la muralla, el recordatorio de la muerte segura que espera al otro lado, no me parece tan real como siempre.
Siento una extraña punzada de añoranza en el pecho.
Me he pasado toda la vida planeando entrar en las Pruebas y ganar, cambiarlo todo —no solo para mí, sino para toda mi familia—, y sin embargo ahora daría lo que fuera por estar de nuevo en ese apartamento desastrado, enfrascada en una partida de dados con Pika, Quoll y los pequeños.
Por ver a Mouse sentado en su silla de siempre, con sus viejas agujas de punto, contándonos histor ias de las últimas Pruebas.
Visto desde su perspectiva, todo parecía muy manejable .
En sus historias , mi madre jamás sentía confusión ni miedo, jamás sentía la duda metida en sus mismísimos huesos.
—No sé qué es lo que estoy haciendo. —No pretendía decirlo. No pretendía reconocer semejante debilidad. Es que estos últimos dos días han sido demasiado—. Nada es como esperaba que fuera, ni las Pruebas ni la Muerte.
—Suele pasar con los planes mejor trazados: el control que se siente al idear el plan nunca sobrevive al primer encontronazo con la realidad.
—Vesper me aprieta la mano—. Cato me propuso una alianza, igual que te la propuso a ti.
Es arrogante, ambicioso y vulgar , pero puede vencer al Loco, sobre todo si nos coordinamos . Fíjate en cómo pelea él solo.
Sigo la mirada de Vesper. Hay unos intensos fogonazos de luz en mitad de la noche, una y otra vez. La batalla está más lejos que antes, por lo que el estruendo apenas se oye.
—Sigue con vida. —Esa certeza no debería provocarme tanto alivio. Cato me considera una buena candidata para establecer una alianza, nada más. Yo, por mi parte, creo que es todo un gilipollas.
Pero… sé cómo se llama.
Solo cinco de nosotros van a sobrevivir. Lo más seguro es que Cato esté luchando ahora mismo contra una de las alianzas. Por más poderoso que parezca ser…
—Sería peligroso intentar salvarlo. Lo más seguro es que otros campeones nos ataquen.
Vesper se me queda mirando largo rato y niega con la cabeza.
—No te tenía por una cobarde.
—Es que no soy ninguna cobarde. Huir es parte importante de mantenerse con vida, lo sabes tan bien como cualquiera. No le plantaste cara anoche a la Torre cuando estaba a punto de cortarme la cabeza. —Vale, técnicamente le dije a Vesper que huyese, pero ahora no me interesa ser tan precisa.
— Ya lo sé. —Vesper asiente despacio—. Y también sé que fue una lucha en la que no ganaste. Lo cual nos vuelve a llevar a lo de la magia ofensiva.
Yo ya estoy negando con la cabeza. No quiero hacer esto. Siento un nudo en la garganta de puro miedo. No puedo dejar de pensar en cómo salivaba literalmente el Loco mientras me olfateaba.
—Es demasiado arriesgado.
—Pues voy sin ti. —Vesper empieza a apartar la mano de la mía, pero aprieto los dedos por instinto para que no me suelte. Baja la mirada y esboza una sonrisa—. Decídete ya: o vienes conmigo o me dejas marchar.
Lo más inteligente es dejar que se vaya. Aunque no sea capaz de cumplir mi fantasía de ver cómo la vida abandona los fríos ojos de la Muerte, al menos tendré la oportunidad de sobrevivir. Ahora mismo es lo mejor que tengo. Lo que me pide Vesper casi roza el suicidio.
—Vesper, por favor.
—No te preocupes —dice en tono tierno. En los dos días que hace desde que nos conocemos, jamás he tenido un aspecto tan amable como ahora.
Me da unos golpecitos en la mano—. Escóndete, Kestrel.
Si todo va bien, te veré por la mañana. Si no, puedes venir a mi tumba a decirme «te lo dije».
— Me suelta la mano y regresa cojeando a la trampilla.
No puedo acompañar a Vesper. No puedo , joder. Lo que me pide es imposible. Es justo lo opuesto a todo lo que me acon sejó Mouse que hiciese a la hora de participar en las Pruebas. ¿Qué iba a aportar yo contra una alianza si ni siquiera puedo enfrentarme a un único campeón? Si regresamos…
Siento cómo crece la presión en mi interior, cada vez más fuerte, hasta que apenas puedo respirar.
Regresar es un suici dio, pero ver a Vesper desaparecer por la trampilla me sienta aún peor.
Casi oigo a Mouse chillándome que me esconda, que cuide de mí misma , que no confíe en nadie. Y tiene razón. Es lo mejor.
Sin embargo, me alejo de un paso del borde del tejado y me acerco a la trampilla. Luego doy otro paso, y otro, y otro, hasta que de pronto estoy corriendo tras Vesper.
—Espera. Voy contigo. —Desciendo por la escalera de mano a trompicones y casi me llevo por delante a Vesper, que espera justo abajo.
—Pues vamos a buscarnos un aliado. —Sonríe.