Las Pruebas del Tarot Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

Por puro instinto, atraigo las sombras hacia aquí para ahogar los sonidos.

Cierro la trampilla por la que hemos salido y miro en derredor.

El tejado en el que nos encontramos es plano y contiene una docena de casetas bajas que reconozco al instan te como invernaderos.

Sin poder reprimirme, me acerco a uno de ellos, llevando a Vesper prácticamente a rastras, y pego la mano al cristal, que sigue caliente gracias al sol del ocaso, o quizá cuenten con una tecnología que les permita regular la temperatura.

En esta época del año no es necesario, pero los inviernos en Caelria pueden ser duros.

Imagino que no basta con el vidrio para mantener las plantas seguras y florecientes.

—Tenéis muchísimo. —No pretendía decirlo así. Estos días se me escapan muchas cosas que no pretendo decir—. Tenéis todo lo que nos falta a los que vivimos colina abajo.

—Lo sé. Lo siento. —Vesper me aprieta la mano—. Podemos hablarlo luego, pero ahora no puedes permitirte ninguna distracción.

Quizá debiese haber venido antes a los distritos de la corte. Debería haberme acostumbrado a su opulencia antes de participar en las Pruebas. Suelto un resoplido. Ya, claro, me habrían echado a patadas de la colina en cuanto una patrulla de Bastos hubiese reparado en mí.

Suena un estruendo en la lejanía y se ve una llamarada tan intensa que tengo que protegerme los ojos con la mano.

—El Sol está luchando. — No quiero reconocer que siento una suerte de alivio al comprender que ha salido con vida de la torre de los Copas.

—Se llama Cato —dice Vesper en tono neutral—. Podría ser un aliado valioso.

Yo le lanzo una mirada hostil.

—Estoy bastante segura de que se ha prestado a participar en las Pruebas para apoyar al Carro. Si es el quinto de su alianza, el Carro lo está usando para atraer a otros campeones y eliminarlos. No podemos confiar en él.

Vesper niega con la cabeza.

—Semejante maniobra no es propia del Carro. Él prefiere atacar de frente a cualquier problema, sin importar los obstáculos que haya en el camino.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Ya lo mencioné el primer día en el carruaje: me he pasado muchos años entre reuniones del Concilium.

Conozco bastante bien a la Cinque. La Estrella siempre intenta que alguna otra persona le haga el trabajo sucio…

y que piense que ha sido idea suya. Al Juicio le gustaba la crueldad porque sí.

La Muerte va a su aire y siempre hace jugadas estratégicas para cumplir sus planes a largo plazo, sean los que sean. Y también sé cómo actúa el Carro.

No le falta razón, tanto en esta discusión como en el hecho de seguir demostrando su valía durante las Pruebas y después de ellas. Aun así, no estoy dispuesta a creerme que sea pura coincidencia que Cato haya entrado en las Pruebas después de trabajar como esbirro del Carro.

—Eso solo significa que Cato también piensa en el largo plazo . —Me niego a ser tan necia como para pensar que no nos la jugará para ganarse el favor del Carro a la primera oportunidad que se le presente—. Ya lo verás. Al final quedarán el Carro y él.

—Kestrel. —Vesper espera hasta que me giro en su dirección.

Si no hubiese esperanza e ingenuidad en sus ojos oscuros, podría desechar la argumentación que claramente está fraguando en silencio.

Sin embargo, cuando habla , lo hace con sensatez—: Nuestra alianza cuenta con sigilo, suerte y un buen conocimiento de la zona.

Lo que nos falta es magia ofensiva. De entre quienes quedan, Cato es el mejor candidato a aliado.

Tiene ambición, pero no es tan intrépido como para que los demás campeones quieran unirse a él…

Y el Carro lo vigila como si fuese un perro rabioso al que hay que matar, no como un aliado.

Hay un motivo por el que te buscó en la fiesta: no le quedan opciones.

No me gusta lo que dice, sobre todo porque no me gusta Cato .

—Si morimos intentando llegar hasta él ahora mismo, dará igual que esté abierto a alianzas.

—Ya has oído al Loco antes. Si sobrevive hasta mañana, lo cual me parece bastante probable, porque no vi rastro ningu no de su cuerpo destrozado en la calle ahí abajo, va a ir a por ti.

Lo insultaste y humillaste delante de los demás campeones .

No piensa dejarlo pasar. —Se encoge de hombros, como si todo esto le diese igual.

Lo único que evidencia que se trata de una fachada es la tensión que noto en su mano unida a la mía—.

Viste sus garras , sus colmillos. Sin magia ofensiva, nuestras probabilidades de sobrevivir a una lucha contra él se reducen drásticamente.

Abro la boca para decir que eso no es cierto, pero me detengo .

Vesper es Espada, no puede mentir sin sufrir un gran dolor.

Eso no implica que no esté mintiendo ahora, aunque no haya nada que lo indique.

Sin embargo, no tiene motivo alguno para hacerlo.

Tanto Vesper como yo hemos visto lo peligroso que es el Loco.

A mí me parece que tengo pocas probabilidades de ganar si me enfrento a él, y encima viene a por mí .

Lo único que tiene que hacer Vesper es darme de lado para aumentar sus posibilidades de ganar.

Y, sin embargo, aquí está, intentando convencerme de que reforcemos nuestra alianza.

—Si tuviese rayos de Luna, quizá estuviera más dispuesta a intervenir en esa lucha para salvar al Sol…

Vesper esboza una leve sonrisa.

—Eso es mentira , Kestrel.

Suelto una maldición.

—Está bien. La verdad es que me siento desesperadamente indefensa ante los pocos campeones que he visto luchar.

Incluso aquellos que no lo hacen, como la Estrella, me han superado sin dificultad.

Si bajamos ahí, a la calle, tenemos las mismas posibilidades de morir entre espantosos sufrimientos que de ayudar al Sol.

—Se llama Cato —repite Vesper en tono amable.

—Ya lo sé. —Aprieto los dientes y me asomo al borde del tejado.

Las calles están desiertas. No es muy tarde, pero nadie quiere verse en medio del fuego cruzado de dos campeones.

Según Mouse, toda la ciudad solía salir a ver cómo se pintaban de sangre los adoquines.

Algunos morían; muchos en realidad. Cuando los campeones se enfrentan entre sí, provocan una destrucción similar a cuando son los dioses quienes lo hacen.

Así pues, hoy en día, durante las Pruebas, la población se refugia en casa tras el ocaso y atranca puertas y ventanas.

Eso no basta para salvar a todo el mundo, pero las bajas son significativamente menores.

—Tenemos la oportunidad de ganar, Kestrel . De ganar de verdad.

—Deja de intentar manipularme. La Rueda de la Fortuna no ganó en las últimas Pruebas.

—Fue el Juicio quien ejecutó a la última Rueda.

Intentó decapitarla tres veces y lo consiguió antes del alba.

A la Rueda se le acabó la suerte—. Por mucho que sepas y muchos poderes que tengas, la suerte no te hace inmortal, y desde luego no va a garantizar que yo gane, joder.

—Eso es verdad. Hace sesenta y seis años que no hay ninguna Rueda de la Fortuna entre la Cinque.

—Se encoge de hombros—. La suerte es poderosa, pero hay límites en su poder.

Hay que usarla de manera sagaz, emplearla en beneficio propio en lugar de limitarse a asumir que se encargará de todo sin esfuerzo.

Además , quienes se presentaron a la Rueda en el pasado se equivocaron a la hora de escoger aliados.

Yo no pretendo cometer el mismo error, por eso quiero aliarme con Cato .